Rembert Egües o un músico escapado de sí mismo

Rembert Egües o un músico escapado de sí mismo

  • Rembert Egües (4 de febrero de 1949), prestigioso compositor, director de orquesta, pianista, flautista, vibrafonista y promotor cultural. Foto tomada de Cubarte
    Rembert Egües (4 de febrero de 1949), prestigioso compositor, director de orquesta, pianista, flautista, vibrafonista y promotor cultural. Foto tomada de Cubarte

Es un virtuoso de la música de todo tipo pero, en especial, la cubana. Nació y se formó en un hogar donde las composiciones musicales montadas en un atril o recogidas en un teclado matizaban el ambiente y el disfrute de la vida de la familia Egües. Una familia forjada en el arte y las letras en general, en la que se incluye también la periodista Gladys, Premio Nacional de Periodismo por la Obra de toda la Vida. A ella pertenece Rembert Egües (4 de febrero de 1949), prestigioso compositor, director de orquesta, pianista, flautista, vibrafonista y promotor cultural, y para quien el siguiente pensamiento podría formar parte de su carácter en general: “La música es el hombre escapado de sí mismo: es el ansia de lo ilímite surgido de lo limitado y de lo estrecho: es la armonía necesaria, anuncio de la armonía constante y venidera”. [1]

¿Por qué la música en su vida?

Realmente nací con ella, en especial, por entorno familiar. Mi abuelo músico, mi padre músico...Desde niño empecé a estudiar con mi abuelo, incluso, cuando escuchaba música en la radio comenzaba espontáneamente a dirigirla. Recuerdo que mi abuelo se reía mucho. Durante la época del rock and roll y de su excelente compositor e intérprete Elvis Presley, yo no sabía el idioma inglés, pero me atrevía a escribir las letras de muchas de las canciones de ese popularísimo artista norteamericano.

Lo que sí es cierto es que antes de ser un intérprete-instrumentista preferí ser siempre compositor y director de orquesta, esto último siempre viene conjuntamente a la composición. Y a esto es a lo que me he dedicado desde hace más de cincuenta y cinco años de carrera.

Me inicié con Los chicos del jazz a los once años de edad. Aquel grupo lo conformaban Amadito Valdés, Fabián García y Sergio Vitier, entre otros; luego integré el grupo de Los Pacíficos... Como profesional inicié mi labor a los quince años de edad con aquel genial músico que fue Felipe Dulzaides, en el Salón Internacional del Hotel Riviera. En aquella época no podía afirmar que tenía tan sólo 15 años de edad, sino dieciocho —la mayoría de edad— pues el sindicato no me hubiera permitido trabajar.

Al inolvidable músico Felipe Dulzaides le debo muchísimo en mi carrera; era una persona con tremenda sensibilidad para la música; dominaba un enorme repertorio, en especial de temas musicales de películas norteamericanas. Con él aprendí también armonía, al igual que con Federico Smith durante algunos años. A Felipe le hablé muy sinceramente desde el primer momento que le conocí cuando le confesé que mi intención esencial no era la de ser instrumentista, sino compositor. No obstante, con su grupo aprendí a tocar el vibráfono, un instrumento con un sonido muy peculiar parecido al de la marimba o guitarra eléctrica. En ese entonces tenía tan sólo catorce años de edad, edad que no revelaba pues la requerida era dieciocho años. El sindicato no me hubiera permitido trabajar".

Usted ha hecho grandes aportes a la música cubana. ¿Cree que exista en esta época ese gran ingrediente de espiritualidad musical como existió en otras? ¿Qué han traído estos tiempos actuales?

Ante todo hay que afirmar que la música cumple una función social, y la sociedad cambia al igual que la economía de un país. Por tanto, la música cubana ha cambiado mucho pues estamos viviendo una etapa de transición muy importante a partir de la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días. Específicamente, desde la década de los ochenta nos enfrentamos al desarrollo de la informática o de las nuevas tecnologías en todos los medios, y el artístico no escapa a esto. Y, dentro de todo esto, la música.

Observo que estos tiempos han traído una simplificación en los medios de comunicación que nos afecta, porque vivimos dentro del mundo, pues algo que ocurre en China o en cualquier otro país, en términos de segundos se conoce en Cuba gracias al galopante desarrollo de las nuevas tecnologías y junto a él el desarrollo cultural.

En mi caso, no tengo nada contra el reguetón; su ritmo me gusta, incluso existen algunos cuyos textos son simpáticos —recuerdo ahora uno del grupo Kola Loca con aquello de Padrino quítame la sal de encima—. Con lo que estoy en completo desacuerdo es en relación con la banalización de la música, de la vulgarización de muchísimos textos en relación con la educación de un pueblo. Sinceramente no me gusta involucrarme en temas que desconozco, pero puedo hablar como pueblo al vivir desde hace muchísimos años en un barrio popular, pero sí ha existido cierto estaticismo y alguna que otra censura.

Recordemos que en la época de los boleros, no todos eran aceptables algunos carecían hasta de belleza musical. Además, en este país siempre existieron músicos que vivieron a plenitud, que vivían a partir de su música. Sin embargo existían otros, muy buenos también, que no eran precisamente músicos, sino que vivían de otras profesiones u oficios —médicos, ingenieros, albañiles, panaderos y hasta limpiabotas—, quienes poseían un increíble talento musical. En mi familia no sucedió así y, tomando como ejemplo a mi abuelo, éste tocaba clarinete, violín, guitarra, era director de bandas...Si no conseguía trabajo para manejar un determinado instrumento en determinada banda o lugar, lo podía lograr a través de otro instrumento. En aquella época se debía saber manejar más de un instrumento musical.

Por otra parte, la situación de las evaluaciones en los músicos es algo muy relativo. Siempre he dicho que la evaluación la da la propia vida, el desarrollo de una carrera artística es lo que verdaderamente evalúa a un músico.

Actualmente, existe una gran cantera de músicos jóvenes en nuestro país. Muy bien formados. Rememoro, por ejemplo, que en la época en que estudiaba música en el Conservatorio Amadeo Roldán estaba prohibido tocar música popular o un ritmo como el jazz.

"Como anécdota jamás olvido una situación bastante desagradable que me ocurrió en ese conservatorio. En una ocasión me encontraba tocando en la flauta una pieza de jazz, y muchos de mis compañeros se reunieron muy entusiasmados para escucharla. Al poco rato el director me mandó a llamar y, sumamente disgustado, me dijo: "Usted está pervirtiendo el gusto de nuestro alumnado con sus ideas populoides. Aquí está prohibido tocar ese tipo de música.

¿Qué es lo más representativo para usted de la música cubana actual? ¿Llena sus expectativas?

Personalmente, siempre me he movido entre varias aguas. He sido compositor de canciones y he ganado premios internacionales de cancionística, música sinfónica, de música infantil, coral... Lo mío es componer. No tengo distinción entre una u otra música, y ésta puede ser buena o mala desde la folklórica hasta la más culta o más elaborada. Confieso que me gusta mucho escribir para la imagen, para el cine, al considerarlo un género que me permite navegar entre varias aguas. A través de él puedes hacer partes constituidas por música romántica, contemporánea...siempre acorde al accionar de la película. Recién finalicé la musicalización de dos documentales: uno, Flora, de Marilú García, el que fue presentado recientemente en la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y en la televisión, y que aborda la vida y la obra de la pintora Flora Fong. En éste tuve que incluir hasta música china, algo muy divertido y, seguidamente, concluí la musicalización de otro documental Medicina tradicional.

Lo cubano para Rembert Egües…

Lo Cubano es algo que nunca he buscado. Está en mí, está en todos los nacidos en esta tierra, es nuestra Cultura nacional. Me considero una persona muy abierta en relación con mis concepciones cultuales, además de sentirme siempre muy cubano en cualquier parte del mundo. El cubano se caracteriza por su lenguaje, por los modismos que utiliza al respecto dondequiera que esté.

"Asimismo me considero una persona muy crítica partiendo siempre de que la Revolución es como un niño pequeño, que ha ido creciendo y a la vez madurando con el transcurrir de los años. En cuanto a la música existen cuestiones que debieran ser rectificadas en estos momentos en nuestro país, ni llegar a imponerse por decretos sino a partir de la praxis social. Y acerca de esto quiero profundizar —ya por experiencia propia, colectiva y hasta histórica—, que aquellos que más éxitos tienen y hasta triunfan en la música y en el exterior, son los que actúan casi siempre de forma independiente. Es el caso de algunos grupos de reguetoneros, o del reguetón, música altamente consumida por la juventud del mundo entero. Es música que no se compra. Existen personas que confeccionan sus propios discos y los ubican en internet, hasta llegar hacerse artistas famosos algunas de ellas.

Reitero, me considero una persona bastante crítica. Actualmente, se plantea ir al rescate de la música cubana. Algo erróneo. No olvidemos que en la época en que un ritmo como el charleston invadió el mundo, el son cubano hizo furor en nuestra población; incluso, hablemos de épocas más recientes con sonidos como el rock and roll invadiendo el mundo con afamados intérpretes como fue el caso de Elvis Presley y, sin embargo, la música cubana también trascendió con el cha-cha-cha gracias al talento creativo de Enrique Jorrín. ¿Qué sucedió aquí hace décadas atrás? Tuvimos miedo de perderla producto de toda una serie de acontecimientos; entre ellos la partida hacia otros países de excelentes músicos y compositores de la Isla. Todo esto provocó un tremendo rechazo, hasta que años después nuestra música retorna con la visita a Cuba de Oscar de León. Músico quien en definitiva lo único que hacía era interpretar la música cubana en todos sus conciertos y en todos los países que visitaba. ! Qué duro esto!

Cuba ha sido siempre reconocida en el mundo entero como un país de grandes músicos, intérpretes y arreglistas. A veces sí haría falta orientación al igual que memoria histórica; esta última para recordar y valorar sobre la existencia de artistas que no tienen razón alguna de caer en el olvido, aunque hayan tomado el camino de la emigración por decisión propia. Hay que hablar de la memoria histórica indiscutiblemente. Incluso, en ocasiones me molesta que un graduado de un instrumento como es el contrabajo en el Instituto Superior de Arte (ISA), desconozca quién fue Papito Hernández, al igual que un graduado de flauta desconozca quién fue Ondina...Siempre he sido un crítico al respecto y en todo lo que he podido ayudar he dado un paso al frente pero, en ocasiones, me siento también olvidado".

¿Qué comentarios u observaciones les haría a los jóvenes valores?

Simplemente, que estudien y profundicen cada día más. Hay que tener muy en cuenta que las nuevas tecnologías han facilitado este desarrollo. Por ejemplo cito en relación con orquestación: un equilibrio entre metales y madera provoca una equivalencia técnica entre instrumentos para que todos suenen, más si se posee una computadora y otros elementos necesarios se compone música. Música que se vende pero que en ocasiones cuando se escucha uno mismo plantea: Esto es lo mismo, lo mismo, lo mismo...al no existir creatividad.

Los jóvenes valores nunca deben ni deberán abandonar el aprendizaje. Cada día hay que aprender más y superarse aún más. En mi caso, me considero un experto estudiante. Estudio todo el tiempo pues lo considero la forma más honesta que tiene un artista para crear.

¿Feliz con todo lo logrado hasta la fecha?

Debo confesar que no es así. Me siento muy feliz con la familia que tengo, con lo que la vida me ha dado pero quisiera hacer mucho más, escribir y componer aún más. En cuanto a composiciones, diría que debo empezar a preparar la segunda parte de mi espectáculo musical Soy de Cuba, el que se ha llevado a escena desde el 2011 en varios países pero no así en mi país, desafortunadamente. Tan siquiera la música compuesta se conoce. Sí preparamos una gira con el show anterior para el próximo año que incluye países como Alemania, España (Barcelona). Holanda...Esta gira estará dedicada a la música popular cubana y la sinopsis de esta puesta en escena aborda la historia de una muchacha campesina que aspira a ser bailarina y que finalmente decide venir a la ciudad. Y es entonces que la historia va contando sobre su paso del campo a la ciudad, incluyendo en ella piezas musicales pertenecientes a géneros nacionales como la guajira, la caringa, el bolero, el cha, cha, cha, el mambo, lo afro cubano, la timba...hasta el reguetón. Esta es una producción francesa con artistas cubanos que he propuesto varias veces al tener conmigo licencia para realizarla en la Isla. No obstante, espero que en algún momento puedan disfrutarse ambos espectáculos musicales en Cuba."

Su padre, Richard Egües, en su recuerdo…

Lo recuerdo con mucho cariño y haciendo chistes, pues tenía un gran sentido del humor, además de ayudarme en mi desarrollo musical. Mi familia ha sido siempre muy unida. Recuerdo mucho también a mi abuelo, de quien guardo infinidad de anécdotas. Nunca olvido que, siendo yo estudiante de piano, en ocasiones no dejaba de practicar en ese instrumento hasta bien tarde en la noche. Mi abuelo siempre me llamaba la atención, pues él se iba a trabajar a la una de la tarde, llegaba a la casa casi a las doce de la noche y me hallaba aún practicando en el piano: !Muchacho, te vas a enfermar!, me decía. Tampoco olvidaré que él me enseñó a tocar la difícil pieza La Polonesa, de Federico Chopin.

Si volviese a vivir, ¿sería músico nuevamente?

¿Usted sabe...? Quisiera vivir 200 o 300 años más para poder ver y disfrutar los avances de la ciencia y la técnica, el desarrollo de las nuevas tecnologías. Esto es algo que me gusta muchísimo, incluso, la llamada técnica por la técnica. Me gustaría salir al espacio, visitar el planeta Marte... Debo confesar que volvería a ser músico, pero partiendo de un músico que ama la ciencia.

Nota:

[1] José Martí, Obras Completas. Revista Universal, mayo de 1875. T. 5, p. 294