Roly Ávalos: “Escribir siempre, sobre todas las cosas”

Roly Ávalos: “Escribir siempre, sobre todas las cosas”

  • El joven poeta y repentista. Foto: Pilar R. Aranda
    El joven poeta y repentista. Foto: Pilar R. Aranda

La versatilidad parece ser su mejor arma. Va de la poesía oral a la escrita; de los temas “felices” a los infelices; del verso rimado al libre… Roly Ávalos es un joven poeta que tiene mucho por decir.

Cuenta con un primer poemario titulado Mundo Pañuelo (Editorial Guantanamera de España) y su blog Más poeta eres tú, resulta espacio propicio para esa forma nueva, como los tiempos, de promover su quehacer artístico.

Es un joven sencillo, sensible como solo los poetas pueden ser, y no hace falta conocerlo en persona para llegar a considerarlo un amigo.

¿Cómo fueron tus inicios en la poesía? ¿Viene de familia?

Imprecisos. Mi primera búsqueda consciente de lo que en aquel entonces supuse poesía cristalizó en unas primeras coplas, cuartetas o redondillas. Las escribí a los diez u once años, horas o días después de que mi madre, poniéndome ejemplos y cantando bajo un apagón, me enseñara la estructura de cómo se elaboraban las décimas. Recuerdo que también lo hicimos por escrito. Antes o después habíamos leído, juntos, poemas, también en décimas, de La sexta cara del dado (Colección San Borondón del Museo Canario, Las Palmas de Gran Canaria) libro de mi tío, Alexis Díaz-Pimienta, y el proceso de descifrar la polisemia de sus imágenes y metáforas, que hice con la ayuda de mi madre, fue lo que más me sedujo. Es decir, en el principio fue la rima, la métrica, el esqueleto de una estrofa. Gran parte de ese descubrimiento ocurrió gracias a la obra poética de mi tío, que aún encuentro fascinante, dúctil, honda, viva, universal. La remota e inocente pretensión que me causaran esas (y algunas otras) imágenes líricas influyó en que yo quisiera convertirme en escritor. Gracias a él (y a la práctica) también aprendí a improvisar décimas, a diferenciar la escritura de la oralidad y a interesarme por incursionar en otros géneros, como la narrativa. Con el paso del tiempo hubo talleres, cursos, creación prolífica y otras lecturas.

Poeta y repentista, ¿cómo resulta la combinación de poesía oral y escrita en tu obra? ¿Existe preferencia por alguna?

Esta dualidad, pese a sus diferencias, se complementa en varios sentidos. En ambas se trata de lograr la interacción y la comunicación con el público. En una, desde la intimidad, con el lector; en otra, públicamente, con el espectador, que suele pertenecer a un colectivo más desprejuiciado. En las dos funciona, como vehículo principal, el lenguaje, la expresión, la palabra, aunque, como se sabe, la oralidad nació mucho antes que la escritura. La práctica de la improvisación poética, del repentismo, dota al que escribe de elementos comunicativos, de agilidad mental y verbal. Un repentista en escena es, además, un hombre que se apoya de elementos propios de la música y el teatro. Por otro lado, a la hora de improvisar ayuda y nutre el ejercicio de la literatura por las múltiples referencias del pensamiento, la retórica más propia de los libros, además del vocabulario, por supuesto. O sea, no se contraponen, se ayudan y por eso las prefiero a ambas, cada una en su contexto y con su determinada riqueza.

Hay cierta furia, cierto enojo, cierto desaliento que te emparenta con tu generación de escritores, ¿es intencional esta conexión? ¿a qué crees que se deba? ¿Cómo se inserta tu obra en el contexto cultural cubano?

No siento que sea intencional, pero en muchos casos es natural porque tenemos los pies sobre el mismo momento histórico, tan próximo a las crisis y al final de muchas teorías y esperanzas. Creo que se debe al clima de estos tiempos, donde no siempre las ideas que forman las palabras, aún las publicadas, garantizan alguna respuesta a nivel, digamos, social o político. Por otro lado, son tiempos de mucha incertidumbre, donde no hay un medidor confiable que pueda asegurar qué es el buen gusto y qué no lo es. Entonces cada cual nada en el mar oscuro de su intuición y su talento. Cada creador escribe su propia manera de gritar o de sentirse impotente. Por suerte no todos los autores de una misma generación pensamos de idéntica manera, ni amamos u odiamos del mismo color, lo cual puede verse reflejado, desde la obra, de muchos modos. Yo no soy mi generación, soy un autor más dentro de esta. En mi único libro publicado he intentado radiografiar un periodo de mis inquietudes a nivel social y a nivel íntimo. Y espero que reflejen no solo esas, sino muchas otras emociones fuertes, no siempre curativas.

Hay libros capaces de cambiar la vida de unos pocos individuos, lo raro es que puedan cambiarlas, de manera tangible, en alguna sociedad. Es ingenuo creerlo aquí y ahora, en el sexto mes del año 2017.

Mundo Pañuelo ha sido catalogado como un libro descarnado, escéptico y sarcástico, autorreferencial… ¿Cómo concibes la creación poética? ¿Cuáles resultan tus referencias? ¿Tus fuentes de inspiración?

Cuando escribo intento desapegarme de mi yo más idealista y me convierto en un personaje (en este caso, sujeto lírico) más omnisciente, digamos, más objetivo, más holísticamente calculador. Aunque, a fin de cuentas, igualmente bebo de mí mismo, claro, de mis propias miserias, angustias, nostalgias, blasfemias, recuerdos, amores, amantes. Formalmente me valgo lo mismo de poemas en prosa, en verso libre o blanco, así como poemas con métricas octosílabas o endecasílabas. Ciegamente intento no repetirme. En Mundo pañuelo hay poemas de variadas etapas, y casi todos tienen ese tono suspicaz y desenfadado, y esa también fue mi intención al juntarlos en un mismo proyecto. Mi universo tenía el tamaño de un pañuelo y hasta sus puntos cardinales, sus límites. Dentro cabía de todo: la ciudad, la familia, el sexo, el paso del tiempo, la tristeza, la muerte, el mar, la juventud, el horizonte, el cine, la música, la lluvia, el país, el dolor. Son esas algunas las fuentes que me inspiran y a las que volveré, obsesivamente, espero que desde otros ángulos. Aún me queda mucho por explorar. No sé qué referencias pueden hallarse en mi obra, pero me encantaría que tuviesen el aliento de los grandes autores de siempre. Citar mi listado sería una locura.

Háblame de Más poeta eres tú (www.poetadeleste.blogspot.com), ¿cómo resulta esa manera diferente de promover tu quehacer?

Abrí Más poeta serás tú con varias intenciones, casi todas encaminadas a la promoción (mía y de otros autores cuyo trabajo me interesa), y en un momento en el que todavía era un escritor inédito. Aun así, a veces es un modo (casi el único) de ser leído y poder interactuar con lectores de esta y de otras latitudes. El blog me permite una cobertura más amplia de comunicación. Puedo, en las entradas, además, como algo normal, y porque su esencia exige tal dinamismo, fusionar en cada entrada texto con imagen y sonido. En general, lo considero un mapa de hipervínculos y también un producto digital donde propago textos disímiles: poemas, cuentos, fragmentos de novelas o de diarios; incluso me sirven como cuaderno de apuntes, agenda de viajes y lecturas, anecdotario, periodismo. Su existencia hace menos solitario y oscuro el trabajo de un creador   

¿En qué momento de creación te encuentras en estos momentos? Proyectos actuales, futuros…

En poesía esperan por la buena suerte otros dos poemarios inéditos, a los que retoco, uno en décimas y otro en verso libre. Escribo un tercero. En narrativa me revolotean historias de un libro de relatos que exige su culminación. En el lado de la escena, de un tiempo a esta parte tengo el plan de seguir incursionando en el neorrepentismo, que es otra modalidad aún con pocos exponentes, muy nueva, que no se acompaña de instrumentos musicales tradicionales (incluso puede hacerse hablado), y se contamina de muchos modos de improvisar. Casi siempre en compañía de Alex Díaz Jr., mi primo, me presento en diversos espacios, el más notorio es Resistencia, donde he participado con regularidad. Y escribir siempre, sobre todas las cosas.