Silencios en los trazos de un artista bayamés

Silencios en los trazos de un artista bayamés

  • Las múltiples líneas de sugerencia de las obras me conducen al creador. Foto del autor
    Las múltiples líneas de sugerencia de las obras me conducen al creador. Foto del autor

El primer acercamiento que tuve con la creación visual del artista bayamés Leodanys De La O Reyes fue a través de la serie Silencios estridentes. Las siluetas humanas que protagonizan los discursos de esas piezas las encontraba muy cercanas. Esos seres, aparentemente invisibilizados que no demuestran una orientación precisa, me parecieron formidables desde la primera mirada.

No sabría definir exactamente por qué me son tan familiares. Quizás sienta que forme parte de ellos o si es que a través de esas imágenes se dibujan, o mejor, se desdibujan muchos de los individuos que a diario coincidimos, anónimamente, en las avenidas de una ciudad.

Las múltiples líneas de sugerencia de las obras me conducen al creador. Leodanys, creo que Silencios estridentes (2010) marca un antes y un después en tu universo creativo ¿Coincides con esta apreciación?

Silencios estridentes marcó un antes y un después dentro de mi carrera. Evidentemente figuró un discurso que aún en estos días, continúo citando en mis recientes propuestas. Ello es resultado de la importancia que tuvo en mi proceso creativo y, a su vez, el valor que concedo a mis semejantes. ¿Quiénes somos? y ¿Hacia dónde vamos? son preguntas recurrentes entre nosotros. No obstante, creo que nos debemos a un fin, a una meta trazada en la vida. El argumento de la serie surge a partir de un sueño, en el cual logro divisar personas vivas y palpables; pero, a la vez, transparentes y difusas que resolvían mezclarse entre ellas.

 Al reproducirlas al lienzo no me interesaba lograr un parecido entre ellas, sino buscaba ser objetivo al definirlas a través del contorno, la forma, haciendo énfasis en el aura que nos rodea e identifica. Pretendía recrear la vida que hacemos en las calles, esa interacción que concebimos en el escenario público que es el mundo, y que va definiendo nuestra participación en el medio que nos circunda, a veces, aparentemente extraviados, perdidos, pero realmente con una orientación. Concretamente intentaba que el público se identificara con la obra a través de los grandes formatos, es decir, una vez que el espectador se enfrentara a la pieza, podría integrarse y experimentar una entrada y salida del paisaje.

La serie Salto al vacío (2014) la veo como una continuidad conceptual de Silencios estridentes, pero, a la vez, como una ruptura. Me explico: en ella como que abandonas la visualidad anterior, es decir, te alejas de aquellas siluetas humanas tan citadinas, universales, modernas con las que se establece tanta complicidad, e incursionas en un discurso más abstracto, difuso, enrarecido; aunque sin perder la mirada en el individuo y su entorno. Podría verse como una continuidad fatalista o agónica de Silencios estridentes. Salto al vacío como tránsito a la nada, como paso a un destino sin sentido, a un destino sin futuro. Predomina en estas piezas la penumbra, horizontes sin amaneceres, horizontes que no se vislumbran, horizontes imprecisos, niebla.

Salto al vacío es una etapa de tránsito en mi vida, que —más allá de estas definiciones— es un punto de llegada y, al mismo tiempo, de partida. Esta serie nace a partir de mi acercamiento con la gráfica. En esos días estaba inmerso en la lectura y me encontré con Jorge Luis Borges. Decidí canalizar esa experiencia de lectura y llevarla a mi trabajo. La monotipia es una técnica relativamente fácil, pero quería lograr una visualidad a través de la cual pudiera transmitirle al público la vivencia que —desde el punto de vista personal y profesional— había descubierto mediante Borges. Como resultado de mi búsqueda en la fotografía, apelaba a una gama cromática que no distrajera al destinatario y lo concentrara en un discurso más denso y conceptual dentro de la gráfica.

El punto de contacto de esta serie con Silencios estridentes, es que las personas continúan siendo la temática central; solo que, esta vez, las personas pasan de ser observadas a ser ellas las que observan ese otro paisaje que puede ser caótico o benévolo, de ahí una dicotomía entre el paisaje figurado y el abstracto. Salto al vacío es un estado mental, donde me vuelvo hacia adentro para dialogar conmigo mismo y definir el camino tal como en Silencios estridentes.

Además de la pintura —que es como tu estación central—, transitas por el diseño de revistas culturales, la fotografía, el grabado ¿Qué soporte prefieres?

Realmente no me considero diseñador. He trabajado para revistas y periódicos culturales además de catálogos para exposiciones, pero trato de afianzarme en la experimentación. Todos los soportes brindan diferentes opciones. No me consagro a uno en específico. Cuando concreto la idea de una pieza busco la comodidad que me brinda el soporte más viable para desarrollarla, sin violentar la línea central de mi creación. Siempre me exijo que el trabajo manual esté presente en los géneros que incursiono. 

Piezas tuyas están emplazadas en espacios de la ciudad de Bayamo, es decir, que forman parte de la visualidad urbana ¿Qué significa —desde tu perspectiva de autor— este radio de acción que va logrando tu quehacer?

No es lo mismo una obra pensada para una galería que para un espacio público. Son códigos y maneras de hacer diferentes. Las piezas en los espacios públicos requieren de un concepto viable para todo tipo de espectador. Los murales mantienen el mismo discurso del resto de mis piezas, por supuesto, siempre respetando las exigencias que sugiere cada espacio y, sin perder de vista, la compatibilidad visual de mi trabajo con las características arquitectónicas del sitio donde estará emplazado. Es un enorme placer que las personas interactúen con ellas y logren identificarse, pese a la diversidad de subjetividades que componen la sociedad.

¿Cómo aspiras a que sea tu próxima década de trabajo profesional?

Primero: trabajar con mucho esfuerzo para que mi obra continúe y, sobre todo, tratar de llegar a otros espacios galerísticos dentro y fuera del país. En la etapa de trabajo pasada, tuve resultados de los cuales estoy muy satisfecho, pero eso implica que cada día madure más como artista y que el compromiso, la seriedad y la disciplina ante mi trabajo sea mayor. Segundo: tengo planes de experimentar en otras técnicas y soportes que ya conocía. Esta década que concluye será como un puente para llegar a lugares en la creación que nunca he visitado.