Alexander Sokurov. El arte en los vaivenes de las tormentas sociales (II)

Alexander Sokurov. El arte en los vaivenes de las tormentas sociales (II)

  • Sokurov se ha centrado en Francofonía (2015), su filme más reciente, en otro gran museo de arte. Foto tomada de Internet
    Sokurov se ha centrado en Francofonía (2015), su filme más reciente, en otro gran museo de arte. Foto tomada de Internet

Francofonía se concentra luego de ese periplo por la historia de Francia de los últimos siglos en un periodo muy corto, entre los años de cierre de la década del treinta y el primer lustro de la década del cuarenta del siglo XX, cuando este museo se vio envuelto entre los escenarios directos de las intrigas y tensiones de esa despiadada época europea, por los refinamientos practicados en el ejercicio de poder por la táctica política alemana respecto a Francia, empeñada en “salvaguardar” los tesoros artísticos del museo del Louvre. No tanto por lo que representaran culturalmente sino en el sentido de ser una parte sustancial de sus posibles y sustanciosos trofeos de guerra después de la victoria. Muestra del glorificador poder de los países en su acción de vencedores dirigido a la sustracción de los legados culturales de las naciones vencidas, en el fondo un acto de rapiña.

El modo particular en el que dos personajes claves en este filme, uno francés, Jacques Jaujard, Director del Louvre; y el otro alemán, el Conde Wolff-Metternich, encargado por el gobierno nazi en el territorio ocupado francés de ocuparse del control de las colecciones del museo del Louvre. Los dos establecieron una relación muy particular entre 1942 y 1944, donde sorprendente y para mejor fortuna coincidieron en hacer todo el empeño por proteger esas colecciones sin ceder a las demandas de la alta jefatura nazi de apoderarse definitivamente de los tesoros del museo.

En sus relaciones personales y oficiales, ambos personajes tuvieron que sortear situaciones muy delicadas para llevar a cabo esa tarea común de salvaguardar el patrimonio cultural de Francia de los intentos depredadores del Alto Mando alemán en su alevoso deseo de  arrebatar del suelo francés esas colecciones valiosísimas del Louvre y trasladarlas a Alemania, el país conquistador.

El oficial nazi, Franz von Wolff-Metternich, hombre culto y refinado, procedente la alta cultura y aristocracia alemana, actuaba bajo las órdenes superiores a fin de mantener el estricto control sin dejar margen a extravíos en la preservación física integra de los bienes de ese museo, trasladadas por el personal del museo meses antes de producirse la ocupación alemana al territorio francés, vaciando al Louvre de todas sus colecciones de pintura, llevadas a lugares muy seguros, almacenadas en sótanos y recintos de castillos franceses. Acción de salvaguarda ante el peligro de bombardeo alemán llevado a cabo por el Director de ese museo y su personal, figura clave en el desmontaje, traslado de las colecciones del museo y del control de las mismas durante la ocupación nazi.

Estos dos personajes reales se esforzaron por construir una plataforma común de acuerdos prácticos, manteniendo la dispersión realizada de las colecciones más sensibles, las de pintura, llevada a cabo en previsión antes de la invasión nazi. Pese a la distancia de los orígenes nacionales y circunstancias, los acercaba un interés y horizonte común: salvar el arte. Aunque con matices diferentes en los propósitos de las dos partes.

Unificando ambos sus esfuerzos en esa tarea, se enfrentaron no pocas veces a las tentativas de las presiones a ser llevadas esas colecciones a suelo alemán. Esa actitud hasta cierto punto soberana en la responsabilidad individual de ambos, no deja de marcar una esperanza en la capacidad general interna del hombre de lograr un entendimiento entre las partes en litigio en el propósito común de servir a la protección inteligente de la cultura. Idea que subyace y sustenta en parte las intenciones del filme.

Una máxima filosófica parece sustentar dos de sus grandes filmes, el Arca rusa y Francofonía: Si la cultura es salvada, la nación amenazada se salva, aun en medio de los destrozos generales sufridos. La cultura es la gran esperanza en la supervivencia y memoria de un pueblo. La cultura es su cuerpo físico y espiritual a ser preservado por encima de todo. Ese contenido intelectual formulado reiteradamente en sus intenciones fílmicas por este cineasta, entra dentro de las aspiraciones mundiales formuladas desde hace décadas por la UNESCO acerca del valor y salvaguarda del patrimonio cultural mundial.

Sokurov problematiza cómo se da esta posibilidad en la realidad de las naciones, sin hacer mención a triunfalismos falsificadores contra los que es adverso. Es mucho y significativo lo que se pierde en cualquier circunstancia.  El cuerpo de la cultura debe lograr superar esos embates como lo pudiera hacer el barco a punto de zozobrar en los climas más adversos, en el panorama metaforizado en el cual este signo es usado en este filme. No hay simplismo en sus juicios. Ve los lados buenos y oscuros en ese decursar.

Estima inherentes esos procesos en el devenir temporal de siglos en la realidad concreta de las naciones. Ese juicio histórico eleva al Arca rusa y a Francofonía al nivel de dos ensayos filosóficos fílmicos acerca del arte, de su preservación y las terribles consecuencias de sus pérdidas. También de cierta capacidad de la cultura de sobreponerse a esos embates del destino, cuantas veces se ensañe la barbarie y las convulsiones sociales.

Para Sokurov la preservación de los tesoros culturales, debe ser una tarea de primer orden. Representa la gran memoria de la capacidad creativa humana. La expresión de las profundas huellas dejadas en la contradictoria complejidad de los derroteros de una nación y su pueblo a lo largo de la historia. La cultura tiene la capacidad de recuperarse y sobrevivir a pesar de los periódicos conflictos sociales que han conmovido a la humanidad desde hace milenios. No obstante, es demasiado lo que se pierde, reconocible al hacer balance de lo dejado en consecuencia  por las convulsiones sociales aun al abrirse a la reorganización del estado de cosas en un nuevo renacer. Temporalmente en otra etapa afirmadora y expansiva de su identidad.

Los museos y archivos cumplen para él y realmente lo hacen la función de servir de Memoria del Mundo. Son instituciones-símbolo de un valor incalculable. Reúnen la imagen cambiante de las naciones. Rostro identificable de estas, sea Rusia, Francia, o cualquier otra. Incorpora los testimonios materiales de los cambios sufridos respecto a momentos epocales anteriores. La cultura cumple esa gran tarea de conservación de lo identitario y específico de cada pueblo.

Gran parte del terreno de su libertaria independencia está en la cultura atesorada durante siglos y milenios. Por eso debe ser preservada y exaltada, no ocultando nunca, según la postura intelectual de Sokurov, a las huellas más oscuras que atraviesan el cuerpo social de las naciones, de las contradictorias y conflictivas consecuencias profundas de ese largo devenir. Eso lo ha hecho un autor incómodo y problemático internacionalmente, porque despoja la idea de la preservación cultural y de sus instituciones museales de mostrar solo un lado, el “edificante afirmativo” de la realidad del patrimonio cultural, ocultando interesadamente hechos nefastos que han dejado sus huellas sangrantes en la piel y sique de las naciones.

 ¿Qué nación durante su acumulado de siglos y siglos no ha sido el resultado de la represión abierta o solapada de mayorías y minorías sociales, invisibilizadas las fuerzas emergentes y en lucha por largos periodos, incluido el silenciamiento y aplastamiento de las fuerzas sociales emergentes? De ahí que se encargue de tratar fílmicamente situaciones y personajes históricos en su filmografía que ponen el dedo en las llagas sangrantes difícilmente apagadas de sus efectos en el recuerdo de las vidas de tantas personas. 

Francofonía, al hundir enfáticamente sus lanzas en escrutar el destino de ambos personajes reales referidos  —el Director del museo del Louvre y el Conde oficial nazi encargado de supervisar esas colecciones—  se relata cercano al final cuál será la vida ulterior al cese de la guerra, mostrándolos sentados uno junto al otro en esos años de lucha conjunta. Situación que conduce a dejar una nota crítica a la sociedad de sus países, al aflorar el sentido existencial de una no retribución espiritual, consecuente a los esfuerzos y peligros atravesados en la vida por ambos personajes.

Después de haber expuesto el relato de los esfuerzos angustiosos y tensos de estas dos figuras ya desaparecidas, Sokurov pone en evidencia cómo al final la historia se encarga de darles un zarpazo a los propósitos de estas dos vidas de esfuerzo y entrega a un propósito edificador, poniendo al descubierto cuan diferente es la resultante de lo alcanzado, frecuentemente por debajo de la retribución merecida a sus esfuerzos.

En lo técnico debemos resaltar el empleo por momentos del formato antiguo de la pantalla cuadrada, unido a mostrar a su lado el registro gráfico de la banda sonora. Es un modo de auto-introspección y desnudamiento de las técnicas cinematográficas al uso, revelando los sistemas ocultos de los soportes de la imagen cinematográfica. De este modo, su cine siempre desean revelar lo oculto, coherente con esa postura de poner al descubierto la separación entre la supuesta veracidad objetiva de la imagen y los modos de mostrar los aspectos de la realidad captada. Lo visto en el filme es un constructo. No la realidad misma.

Asimismo, los ocultamientos en los estudios históricos, frecuentemente excluyen aristas de los sucesos, dejándolos encubiertos a su presentación pública. Es el modo en que los hechos ocurridos son normalmente captados, relatados y presentados al público. La historia no es verista, buscando revelarse en exactitud a lo acontecido, sino lo hábilmente manipulado por sus relatores a la hora de ser mostrado. Sokurov muy posiblemente lo haya percibido desde su aprendizaje universitario de la historia de la que es egresado (además de la dirección fílmica), distinguiéndola en los registros documentales de muy diverso tipo desde la mayor antigüedad hasta hoy.

Sokurov enfatiza además la cualidad pictórica en Francofonía, pues las imágenes se tornan de un colorido peculiar, seguramente logrado mediante la combinación de filtros y el proceso de postproducción. Recuerdan el tono adquirido oscurecido adquirido por los lienzos recubiertos de barniz al paso del tiempo. Ese envejecimiento de las imágenes lo lleva a cabo sobre las imágenes reconstruidas ficcionalmente, junto con las fotografías y filmes documentales de archivo, así como las imágenes exteriores del edificio ocupado por el Louvre.

No pretendiendo dar un falseado historicismo en el envejecimiento, sino usando la imagen actual del museo con su enigmática y universalmente conocida pirámide de vidrio y aluminio construida en 1989 que da acceso al edificio, tamizada por esa luz oscurecida  propia de los barnices envejecidos en la pintura que la empareja con el material visual documental utilizado, enrareciendo su aspecto. Vehículo instrumental para dar una separación des-emocionada del observador fílmico. A mi juicio, una versión más a su cine del extrañamiento propugnado por el teatrista y teórico alemán Bertold Brecht, otro artista renovador en lo formal, y rebelde en las ideas sustentadas.

El  acercamiento extremo de la cámara a los cuadros del Louvre hasta casi tocarlos, rompe el modo de la captación frontal al realizar un movimiento ligero y lento, capaz de mostrarlo casi de lado. Con eso reproduce el modo de acercamiento perceptivo de los visitantes en los museos, quienes frecuentemente ladean su observación in situ, comprobando el contraste entre el carácter plano del lienzo de soporte y la intención ilusionista de profundidad en la escena representada. Otro hallazgo formal a tener en cuenta a sus aportes al cine contemporáneo.

Sokurov es un director de sólida postura autoral que no admite ser desmantelado en su discurso conceptual y estético porque es un artista enraizado en las realidades no siempre felices de su época. Es un testigo muy crudo de la suya. Para él los museos sobrevuelan los acontecimientos y los hilvanan en una continuidad, organizada a partir de fragmentos. Los museos constituyen las arcas sagradas, preservadoras de los testimonios materiales y recuerdos intangibles de la historia, que flotan y navegan por el mar de la historia.

Considera a los museos como lo testimonian los dos filmes suyos referidos en las dos partes analizadas, realmente como son, una parte fundamental de la memoria de las naciones. Los contempla como si se tratase de grandes compendios, Summas históricas que flotan por encima de los tiempos, adquiriendo paradójicamente una cualidad transhistórica en  resumen de la historia de las naciones. De ahí su marcado interés en filmar de un modo seriado a los grandes museos del mundo, entre ellos al Hermitage y al Louvre. Obsérvese que su centro de atención lo es la historia recorrida por el arte a través de los siglos. Paralelo a ella le acompañan los acontecimientos sociales de donde han emanado esas obras. Acontecimientos y obras no surgen desligados. Son parte de un tejido cultural común muy intricado. Como historiador analítico Sokurov usa al cine para enjuiciar a la historia, lo tiene siempre muy presente.