Algunos apuntes sobre el poema “A mis hermanos muertos el 27 de noviembre” de José Martí

Algunos apuntes sobre el poema “A mis hermanos muertos el 27 de noviembre” de José Martí

  • Imagen tomada de Tribuna de La Habana
    Imagen tomada de Tribuna de La Habana

Un texto ampliamente registrado por la bibliografía poética martiana, aunque no estudiado a profundidad, es el poema "A mis hermanos muertos el 27 de noviembre", escrito en 1872,"donde la musa patriótica prevalece [...], imprecación más vibrante que la que en prosa escribió por la misma fecha". La honda indignación ante un crimen sin paralelo en la historia cubana y los avatares de una poesía en pos de nuevos cursos se entremezclan en este poema. El signo intempestivo, desigual; la verdad apagada.

El poema rompe con una visión. Se produce la invocación y comunión con los espíritus de los jóvenes muertos. Esta búsqueda e identificación son inflamadas. La fuerza expresiva del  primer fragmento o estrofa es ostensible: las acciones exigidas por el yo lírico en su invocación van de la cálida remembranza: "Cadáveres amados, los que un día / Ensueños fuisteis... ", a la asunción del modo imperativo unido a la exclamación: " ¡Arrojad... ¡Tocad, ¡Gemid...", rematado por un pleonasmo (“Que  es poco ya para llorar el llanto”) y la referencia a la situación de dominio total en que se hallaba Cuba.

Creemos, como Cintio Vitier, que en este poema las imágenes son visiones, a las que el autor puede acceder más por la condición fructífera de su dolor, que por el trazo derivativo de su idealidad. La verdad de las mismas "reside en esta dialéctica de salida y regreso" —de, y a uno mismo— de "otredad" y "unidad". El carácter desigual del texto —momentos de excesivo patetismo e ínfulas retóricas junto a otros de elegante gesto exclamativo— ha hecho que centre el presente análisis en la especificidad de algunos recursos trascendentes, novedosos o singulares del mismo. La irrupción de la vida en la muerte y viceversa es una característica general en estos poemas escritos en España, y en este texto  ocurre de manera muy particular. En este rejuego asoman sus ideas sobre el destino irreparable de los humanos, para esta época: "hermana del martirio", "Amada misteriosa"; la muerte de los justos como sinónimo de gloria (“ ¡Oh! gloria, infausta suerte : / Si eso inmenso es morir, dadme la muerte ! “). A la muerte " se le implora desde un sufrimiento que no distingue pérdida de entrega, o mejor que obtiene del sacrificio la sensación de gloria que todo anhelo de victoria secretamente anida".

Llaman la atención, ya desde este poema,   lo atinado de las adjetivaciones, a veces en función de reforzar una expresividad ya remarcada, como en el caso de esta singular paradoja: "De pronto vino, pálido el semblante / Con la tremenda” palidez sombría “; o en los singulares reforzamientos de imágenes a lo largo del poema: "Y, mesando su ruda cabellera:/ _¡Oh! -clama- pavorosa sombra oscura"; "Y en respirar la sangre enrojecida  “/Y en mi rostro las lágrimas que lloran". También asombran los símiles de esencia, los que ya hemos definido en el presente trabajo. Encontramos en el texto más de uno. Ejemplifiquemos con uno de los más logrados:

Y así como la tierra estremecida

Se siente en sus entrañas removida,

Y revienta la cumbre calcinada.

Del volcán a la horrenda sacudida,

Así el volcán de mi dolor, rugiendo,

Se abrió a la par en abrasados ríos,

Que en rápido correr se abalanzaron,...

Como es posible ver, hay un reforzamiento en el uso del símil, que no se limita a la comparación entre los dos elementos que la integran —lo comparado y su atributo —, sino que muestra la condición híbrida de la imagen, aspectos coincidentes entre uno y otro, entre las realidades que muestra, coincidencias terminológicas, imágenes enramadas o más precisamente imágenes ramos, donde el símil de esencia es la rama más fuerte, de donde sale el resto. Símiles como desprendimientos de una misma sustancia en ritmo cada vez más encrespado. Llaman nuestra atención, por su reincidencia y eficacia artística, los diversos apóstrofes exclamativos dentro del poema, logrados no tan sólo gracias a los signos de puntuación correspondientes, sino también a la fuerza y arranque del verso, al giro sentencioso de las formas verbales:

Cuando el amor o el entusiasmo llora

Se siente a Dios, y se idolatra, y se ora;

¡Cuando se llora como yo, se jura!

...Cuando se muere

En brazos de la patria agradecida

La muerte acaba, la prisión se rompe;

Empieza, al fin, con el morir la vida.

En este último ejemplo el poderoso gesto exclamativo, atravesado por la paradoja, acoge lo patriótico. En este sentido llama nuestra atención igualmente el parlamento que coloca Martí en boca de la "Virgen sin honor del Occidente":

- ¡Oh, - clama - pavorosa sombra oscura!

Un mármol les negué que los cubriera

 Y un mundo tienen ya por sepultura!

Aquí el desbordamiento emotivo está marcado, entre otros aspectos, por un inesperado cambio en el status comunicativo del poema —rejuego versal entre la primera y la tercera persona del singular—. De dicha imagen emerge un carácter paradójico: dicho personaje poético se opuso a la idea de su gloria, y el hecho injusto de su muerte es lo que le ha dado fama universal. Estos dos últimos versos enlazados por una conjunción, unido a lo rotundo y absoluto de sus significados dan esa idea de verdad eterna e irremediable. El sentido adversativo de esta conjunción "y", substituible perfectamente por "sin embargo" o "pero", y la idea primigenia de identificarla como conjunción copulativa dan sentido al carácter paradójico de la imagen. Ángel Augier señala que este poema, considerado también una elegía al igual que "Zenea", parece inspirarse "en la "Elegía" que escribió Heredia en l827, a la memoria de Juan José Hernández, compañero suyo en la Conspiración de los Soles y Rayos de Bolívar”. Sobre esta base nos propusimos estudiar ambos textos para probar la hipótesis del crítico. Una semejanza estilística indudable ofrecen las respectivas primeras estrofas de cada poema. Amén de ser el mismo el esquema de la rima, ambos parten del suceso de la muerte para recordar una gloria pasada:

"Elegía"                                      "A mis hermanos..."

Pereció! ¡Ya no existe               Cadáveres amados, los que

el que fue un día/ Honor            un día/ Ensueños fuisteis

y lustre de la patria mía.           de la patria mía.

 Otras coincidencias:

"Elegía"

Guardar de la virtud la inmensa historia

Escribe la de Hernández eminente,

Mientras que Cuba en ademán doliente

Perpetúa con su muerte su memoria.

"A mis hermanos..."

...Cuando se muere

 En brazos de la patria agradecida

La muerte acaba, la prisión se rompe;

Empieza, al fin, con el morir la vida!

En Martí el acento es más inflamado, pero la idea es la misma: la muerte de los justos es sinónimo de gloria. La estrofa 9 del poema "A mis hermanos muertos..." también exhibe similitudes con alguna otra de "Elegía". Pero antes de detenernos en el estudio de dicha influencia queremos hacer notar la importancia de la estrofa en cuestión, como elemento transgresor en la poética martiana. Dicho fragmento narra "con bárbara fruición" el azote de las hienas  sobre los cadáveres de los mártires, lo que es referido como una visión de fuerte empatía  con la realidad poemática. Al final ambos mundos son contactados por un símil. Distingue a ambas realidades los tiempos verbales empleados. El amago de visión, siempre en presente, con lo que ganan en intensidad las acciones allí esbozadas; la realidad, en pretérito —el hecho ya había ocurrido al ser escrito el poema, hay referencia a él—. En todo el fragmento es evidente la relevancia de la adjetivación. Si el tiempo presente da intensidad a la visión, la adjetivación refuerza la crudeza.

"Elegía"

Tiranos; no más ¡ Perpetuo encono

Os jura el orbe entero!

El siglo ya llegó de vuestra ruina.

¡ No más cadenas ni opresión! Volando

Hierve de libertad llama divina

Que os ha de destronar, y que abrasando

Os ha de hundir en el profundo averno!

¡ Caeréis" ¡ Caeréis! Y la feroz caída

Hasta en la tumba se ha de oír, y entonces

Al aire vividor vueltos los héroes

Víctimas de la infanda tiranía,

Vuestro seno rasgando,

De sierpes llenarán vuestra alma impía,

Y tú, campeón ilustre y venerado,

El triunfo alcanzarás de tu justicia.

! Tú a quien venal maldad, torpe malicia

Sumergiera temprano entre la tumba

Por medio bien distante

Del digno a tu virtud!...Vil asesino

Que confundido en el debate noble

De este intrépido Bruto,

Favor al despotismo que bebiste

Su funesta desgracia le ofreciste

Cébate con su sangre; ya difunto

Le dejó tu furor, cébate y mira

La vida negra y criminal gozando

Cuando este ilustre ciudadano expira.

"A mis hermanos..."       (estrofa 9)

Sobre un montón de cuerpos desgarrados

Una legión de hienas se desata,

Y rápida y hambrienta,

Y de seres humanos avarienta,

La sangre bebe y a los muertos mata.

Hundiendo en el cadáver 

Sus garras cortadoras;

Sepulta en las entrañas destrozadas

 La asquerosa cabeza; dentro el pecho

Los dientes hinca agudos, y con ciego

Horrible movimiento se menea,

Y despidiendo de los ojos fuego,

Radiante de pavor, levanta luego

La cabeza y el cuello en sangre tintos:

Al uno y otro lado

Sus miradas estúpidas pasea,

Y de placer se encorva, y ruge, y salta,

Y respirando el aire ensangrentado

 Con bárbara delicia se recrea.

Así sobre vosotros,

- cadáveres vivientes,

Esclavos tristes de malvadas gentes -

Las hienas en legión se desataron,

Y en respirar la sangre enrojecida

Con bárbara fruición se recrearon.

Como se puede ver, en Heredia las oposiciones éticas son más simples. En Martí el goce en el horror es ostensible, en el ámbito expresivo. En Heredia la presencia del bien en el mal y viceversa es más equilibrada. En Martí el énfasis es puesto en los detalles de la acción del mal, así, el elemento del bien: los "Cadáveres vivientes, / Esclavos tristes de malvadas gentes”, aparecen una sola vez en el texto, como colofón a un símil de esencia que ya venía tomando curso, y como objeto donde se vienen a consumar todos aquellos lances esperpénticos. Toda la estrofa martiana parece un reforzamiento, un escudriñamiento del verso  de la estrofa de Heredia que aquí se analiza: “Cébate con su sangre, ya difunto”. Por otra parte, puede notarse claramente en el fragmento herediano el uso del encabalgamiento, que tan fuertemente influye a Martí, así como las preferencias por el endecasílabo. Ambos poemas culminan con una invocación al victimario: en un caso "el tirano" —Heredia—, en el otro "el déspota " —Martí—, donde se vuelve a evidenciar la idea de la muerte de los justos como sinónimo de gloria. Al analizar el poema en general, y en particular la estrofa 9 reparamos en que, con los grandes temas la poesía de Martí emana por tan briosos cauces que nos recuerda algunos de los momentos de Versos libres, piénsese en el tono augusto, encrespado, la nota metafísica, la presencia de la angustia —característica que va a marcar a la poesía modernista—, la primacía de la adjetivación, los arranques heredianos con evidentes gradaciones internas y relaciones entre cada uno de ellos, que demuestran el orden o el compás preso aún en la descripción del mal, repárese en la dicotomía sombra-luz.

Esta idea del perdón frente al odio y la gloria eterna de los mártires es el tema principal del poema. Corroboramos esta idea planteada inicialmente por Cintio Vitier, y la similitud entre este texto y la elegía "Zenea", calificada por el propio Martí in situ "poema del perdón profundo". Se ha señalado el ímpetu romántico del poema. "Y es que en él, alta arista une dos lomas de diferente ladera, viene el romanticismo a dar últimos gemidos y apóstrofes postreros, para verterse después en el lujo moldeado y exacto del puro verso con que lo moderno se entra por la lírica de los últimos años del siglo XIX”. En "A mis hermanos muertos..." "las sombras de los estudiantes asesinados claman ‘perdón’” y el poeta retoma la palabra para insistir:

- Perdón - así dijeron

Para los que en la tierra abandonada

Sus restos esparcieron ! -

¡ Llanto para vosotros, los de Iberia

Hijos en la opresión y en la venganza ! -

Perdón¡ Perdón esclavos de miseria! -

Mártires que murieron, bienandanza ! -

La idea es idéntica en ambos poemas. Como si uno resonara en el otro. Los mártires no necesitan ni desean lágrimas, porque están ya en el goce sumo. Dice Zenea asumido por el joven Martí:                        

Secad de vuestras lágrimas la fuente.

Aquel a quien fue estrecha sepultura

La extensión limitada de la tierra,

El infinito espacio, el cielo inmenso

En su gigante corazón encierra! -

Y de sus "hermanos muertos el 27 de noviembre", dice igualmente:

A esta estrecha mansión nos arrebata,

El espíritu crece,

El cielo se abre, el mundo se dilata,

¡Y en medio de los mundos se  amanece! ".

Recorren a ambos textos esta idea de estirpe krausista: el sacrificio del hombre por la colectividad abre las puertas del espíritu.