Ángel Laborde. 75 años de una vida en espiral

Ángel Laborde. 75 años de una vida en espiral

  • El artista Ángel Laborde Wilson celebra este 2018 sus 75 años de vida, sesenta de ellos dedicados a la creación. Foto tomada de La Jiribilla
    El artista Ángel Laborde Wilson celebra este 2018 sus 75 años de vida, sesenta de ellos dedicados a la creación. Foto tomada de La Jiribilla

Existe escasa referencia (…) sobre el desarrollo y evolución de la expresión artística en las localidades (…)(1), el caso de Guantánamo es muy notorio. El autorreconocimiento de las personas, en este caso los artistas plásticos en su contexto más cercano, no figura o no forman parte de la historia de las artes plásticas cubanas; salvo casos específicos que transitaron con la buena suerte de ser incluidos en la 2da Edición del Catálogo: 50 Artistas plásticos cubanos.

Esta ha resultado una de las iniciativas agradecida por todos aquellos interesados de una manera u otra en el conocimiento de las artes plásticas en Cuba, un soporte que vino a promocionar a escala nacional e internacional los más grandes pintores cubanos, sin la exclusión de ninguna provincia. Así como promover “(…) el amplio panorama de figuras y tendencias que hay en el arte contemporáneo cubano (…)” (2) al decir de David Mateo, quien además reconoce “(…) el dinámico proceso de continuidad y ruptura, contraste y semejanza, que experimentó la plástica cubana (…)” (3) a través de sus obras en los 70, 80 y 90.

En el escenario guantanamero se destacaron sobre todo en los años 70 Ángel Laborde Wilson, Oscar Nelson Álvarez, Orlando Piedra Labañino, Germán Simonó y George Pérez de quienes pudiera decirse, no han pasado del escaso reconocimiento o los tan esperados 10 minutos de gloria dentro del panorama artístico nacional y más allá de eso, solo reconocidos en el ámbito artístico cultural de la provincia, olvidados, aunque actualmente se asista a un intento de rescate de su memoria plástica a partir del texto de Migdalia Tamayo Téllez, aquí referenciado.

En los años 80 el territorio alcanza un imponente desarrollo en la cultura artística, se asiste a “(…) la búsqueda de nuevos lenguajes expresivos y una manera individualizada en el hacer plástico donde se destacan las figuras de Ángel Laborde, Oscar Nelson y George Pérez” (4).

Ángel Laborde, un creador que, sin márgenes al error, puede situarse dentro de la renovación que sufrió el arte cubano de los años 80 desde las coordenadas y los aires de la provincia que lo ha visto nacer como artista plástico: Guantánamo. El artista celebra este 2018 sus 75 años de vida, sesenta de ellos dedicados a la creación. Con su obra ocurre un cambio en el rostro de nuestras artes plásticas y aunque no se mencione lo suficiente, queda perenemente en Guantánamo la impronta del impulso creador de este artista con sus espirales y sus caracolas.

Cursó estudios de pintura en la Escuela Nacional de Arte desde 1962 hasta 1967 y en 1974 realiza estudios de Postgrado en cerámica, en la Escuela Superior de Artes Plásticas de Praga, bajo la dirección del artista Otto Eckert, en Checoslovaquia. Al arribar la década del 70 y con los estudios realizados las inquietudes creativas de Laborde se inclinaron hacia los dibujos realistas y sobre todo la representación de moluscos, momento desde el que podemos decir, inicia toda esa búsqueda por las formas caracoladas hasta llegar a la espiral.

En los 80 forma parte del comité gestor que organiza y funda la UNEAC en Guantánamo, siendo Laborde es electo presidente de Artes Plásticas de la Filial de la UNEAC en su provincia natal, para quien diseña el trofeo del Premio Guamo que esta institución otorga al desempeño de personalidades destacadas de la cultura en la provincia durante todo un año, dicho trofeo representa la espiral nacarada de un caracol, característica de su obra toda.

Llegan los 90 y continúa la creación ascendente o en espiral del artista guantanamero, ahora compartiendo su tiempo entre la cerámica, la pintura y la investigación.

Apreciar o analizar las obras de Laborde con una visión crítica o de un crítico, no constituye aquí el objetivo. Sino más bien visualizar o pagar la que creo es una deuda personal con el que considero uno de los exponentes más notables de la plástica guantanamera de todos los tiempos. De ahí la necesidad de hablar de su obra, que es en esencia el resultado de esa vida, de los sueños, de las pesadillas y de los andares de ese hombre como ser social y artista.

Laborde, maneja la obra como texto, dialogar es siempre un reto que nos presenta con cada cuadro, un reto no solo para los exégetas sino además para la obra en cuanto esta por sí misma, sea capaz de iniciar esa conversación íntima, profunda que busca su autor. Son creaciones que constituyen por sí mismas un testimonio de la cultura y particularidades de una provincia como Guantánamo representada con una manera diferente, con un lenguaje otro.

Laborde indaga en el contexto social, cultural y natural de su provincia de origen al encontrar la espiral que caracteriza su obra toda, en las caracolas y las polimitas, en ese mundo natural del que provienen, proporcionando a su vez otras formas como son las figuras femeninas, estas presentadas en constante ondulación, llenas de movimientos y sinuosidades, dependiendo totalmente en algunos casos de los colores para consumar esa expresión sensual que emana de sus creaciones. Posee total dedicación por dominar las diversas zonas de la composición, entre los cuales las líneas y su estructura armónica, así como la agudeza por lograr los volúmenes le dieron el camino para encontrar el movimiento y de este su paso hacia la espiral, el elemento que dio salida a la expresión de todas sus representaciones posteriores.

La espiral por otro lado nos remite al arte como proceso creativo, también a la vida del individuo y al tiempo, ese tiempo que ante todos transcurre infalible. Al presenciar su obra terminamos por descubrir tres claves, Laborde habla de la creación, el ser, el tiempo. (5)

No hay problematización alguna en sus creaciones, solo quietismo, un universo onírico donde la espiral se convierte en el eje central que modula toda la obra y su carácter simbólico dominante se nos revela como presencia del tiempo infinito.

El siglo XXI no ha traído cansancio para este creador que aún hoy se mantiene activo, una época cargada de espiralidad en sus rostros de mujer y sus caracolas.

Estar frente a una espiral, una pintura o escultura con sinuosas formas onduladas de inmediato nos remite a la creación, el ser, el tiempo. Viendo el movimiento no renunciamos a pensar en lo sensual o la sensualidad que transmiten y provocan estas obras, entonces pensamos en las curvas de una caracola e inmediatamente reconocemos en esa obra, los trazos de Laborde.

La cerámica, la escultura, la pintura, la poesía, pero también la caricatura y el diseño, han formado parte indispensable de ese camino trazado por medio de la espiral que representa la obra artística de Laborde; pero no se quedaron allí las palpitaciones de sus ondulaciones, estas han llegado a las revistas donde ha expuesto su pensamiento como investigador del campo artístico. Hasta aquí pudiéramos decir que Laborde a sus 75 años, ha logrado satisfacer todas sus necesidades creativas, ¿serán realmente todas? O ¿quedará algo oculto? De lo que sí estoy segura, es que El maestro, como cariñosamente le llaman en su aldea natal, continúa compartiendo nuestro tiempo tan activo como hace 30 años. Un andar que acompaña con su filarmónica o el guamo y de los que podemos disfrutar una mañana, una tarde o una noche cualquiera de estos calurosos días del 2018 guantanamero.

 

 

Notas

(1) Migdalia Tamayo: El silencio estridente: arte y artistas de la plástica en Guantánamo, Editorial El Mar y la Montaña, Guantánamo, 2012.

(2) David Mateo: Nota introductoria a la 2da Edición del Catálogo: 50 Artistas plásticos cubanos. Ediciones Unión, La Habana, 2002. 

(3) Ibídem.

(4) Migdalia Tamayo Téllez. Ob. Cit. Pág.30

(5) Rolando Leiva y Dayamis Rodríguez: El nivel de las aguas. Pedro Gutiérrez y la memoria histórica. El mar y la montaña., No.3, 2012.