Ballagas en los pechos de la muerte

Ballagas en los pechos de la muerte

  • El gran poeta cubano Emilio Ballagas Cubeñas. Foto tomada del portal Cubarte
    El gran poeta cubano Emilio Ballagas Cubeñas. Foto tomada del portal Cubarte

“Los pechos de la muerte me alimentan”, escribió el gran poeta cubano Emilio Ballagas Cubeñas al finalizar su famosa Elegía sin nombre. Y la muerte le abrazó el 11 de septiembre de 1954, a los 45 años. Días antes fue visitado por su hermana Alicia, su esposo Eugenio y su sobrina Alicia.

La última vez que Alicia Ballagas Codina vio a su tío Emilio fue en La Habana en los primeros días de septiembre de 1954, cuando viajó con sus padres hasta la capital, pero al llegar a la casa, ubicada en la calle Buenaventura, ubicada en la barriada de La Víbora, él estaba ingresado y fueron a verlo. Cuando se despedían, ya en la puerta de la habitación la llamó y le dijo:

“Quiero que me prometas que vas a rezar por mí. Yo sé que eres la única de la familia que no me va a olvidar”.

Sesenta años después, en Buenaventura, poblado campestre ubicado entre las ciudades de Las Tunas y Holguín, ella confirma la devoción de su tío por la poesía, vocación que también recordó Ana Pozo Cabrera, amiga de la familia Codina-Ballagas, que gustaba de invitar a almorzar al escritor. Emilio le decía que la poesía era su gran novia, su confidente y la estrella real de su existencia.

Ballagas gustaba de elogiar las deliciosas y siempre humeantes harinas de maíz tierno, que le cocinaba Magdalena Louis, la cocinera de la casa de su hermana, que era muy joven y él quería que ella estudiara. Magdalena era hija de carboneros emigrados de las islas de las Antillas menores. Así la ternura de un hombre que buscó y encontró en los humildes el sitio justo de la pureza.

Al recordar este 11 de septiembre el fallecimiento de Emilio Ballagas su sobrina evoca su presencia al escribir versos que guarda en una gaveta, porque en su tío era que palpitaba ese fuego azul y radiante que es la poesía, fuego que canta en sus elegías, donde los pechos de la muerte le alimentan la vida.