Caracol 2016: identidad en el espejo

Caracol 2016: identidad en el espejo

  • El evento de este año se enfoca en diferentes aristas de la identidad nacional.
    El evento de este año se enfoca en diferentes aristas de la identidad nacional.

Aunque mucho se cuestiona si los llamados medios masivos siguen atrayendo a sus destinatarios ante el empuje de las nuevas tecnologías, las encuestas en Cuba y el rechazo o aplauso cotidiano, hacen pensar que todavía no pocos consumen televisión aunque existan otras alternativas. También hay muestras de un número significativo de oyentes de las múltiples estaciones de radio de todo el país y muchos siguen los estrenos de las películas cubanas en los cines o en la comodidad de la casa, con “aparatos” que lo propician.

Además se realiza un notable esfuerzo para que a los Joven Club de Computación lleguen “materiales” audiovisuales de todo género y con calidad estética y conceptual, sean de carácter artístico, entretenimiento, informativos o documentales sobre temas de interés para las primeras edades de la vida.

Por otra parte se está produciendo una polémica sobre los símbolos que ha ocasionado análisis diversos de notables pensadores “nativos” ante las nuevas circunstancias que suponen las relaciones diplomáticas con EE.UU., tradicional enemigo que se muestra muy interesado en “abrir” todo lo relativo a las comunicaciones, las nuevas tecnologías, pero no en suprimir el bloqueo que limita las posibilidades de desarrollo comercial y financiero de la economía cubana.

Esos factores hacen propicio que el evento teórico del Concurso Caracol 2016, auspiciado por la Asociación de Cine, Radio y Televisión de la UNEAC, se enfoque en diferentes aristas de la identidad nacional y su reflejo en las producciones cinematográficas, radiales y televisivas.

Se trata de un tema complejo y por tanto no sujeto a simplificación y esquematismos, de gran importancia para la cultura nacida y crecida en la resistencia a los poderes hegemónicos desde que los nacidos en esta ínsula comenzaron a diferenciarse de los venidos de la península española; cultura que ha sido iluminada por principios como patria es humanidad, injértese el mundo en nuestras repúblicas pero el tronco ha de ser de nuestras repúblicas, pensamiento indispensable de José Martí que descarta el desprecio a lo foráneo y condiciona una mirada universal desde lo particular o local en la comprensión de que también se forma parte de la cultura de la humanidad.

Los elementos identitarios de una nación se conforman tanto de aspectos de la cultura material como de la espiritualidad, no reducida como hacen algunos al aspecto religioso, por eso es muy valiosa la definición del sabio Fernando Ortiz: “La cubanidad para el individuo no está en la sangre, ni en el papel, ni la habitación. La cubanidad es la peculiar calidad de una cultura, la de Cuba. La cubanidad es condición del alma, es complejo de sentimientos, ideas y actitudes”.

Sin embargo no todos los aspectos complejos de la identidad cubana tienen los mismos niveles de visibilidad en programas radiales y televisivos y en los filmes que se realizan. El acento mayor está colocado en la música popular, el baile, el jolgorio, la bachata y en modos del habla y el comportamiento que rozan la marginalidad y la glorifican y refuerzan. Ese reduccionismo soslaya que desde el comienzo mismo de la formación de la cultura nacional a la par de los cantos y bailes de africanos, una de las células fundamentales de nuestra música, de espíritu emancipador, por demás, surgió la capacidad y necesidad de pensar lo propio y el mundo, de rebelarse de las monturas opresoras, de investigar, de hacer ciencia y conciencia, razones por las cuales no solo Cuba es una de las fuentes musicales del mundo, sino también tiene notables personalidades en todos los campos de los saberes y haceres humanos.

Después de 1959 ha convertido en factor de identidad en el mundo la ayuda, la solidaridad, el compartir lo alcanzado en las zonas geográficas menos favorecidas del planeta.

Lamentablemente se puede encontrar mucha propaganda sobre esos aspectos, al igual que de la historia del país pero no abundan obras radiales, televisivas, películas, tanto para niños como para jóvenes y adultos que difundan esos valores con los atractivos que el lenguaje artístico, el ingenio, el desenfado pueden aportar para revelar la gran aventura que ha sido la formación de la identidad nacional en un pequeño país que fue colonia española, neo colonia de EE.UU. y ha vivido los más recientes casi 60 años bajo el acoso de la potencia más poderosa del mundo.

Elpidio Valdés, de Juan Padrón, sigue siendo el gran paradigma. No se pueden dejar de mencionar películas como Lucía que centrada en la mujer pasea momentos fundamentales de la historia y la identidad en construcción. Seguramente en las emisoras radiales y telecentros de las provincias se podrá encontrar algún espacio meritorio porque siempre hay excepciones que confirman la regla.

Es cierto que la competencia es absolutamente desleal. Siempre lo ha sido desde que se crearon los grandes monopolios del entretenimiento que, además, conocedores de esa tendencia humana al menor esfuerzo, recurrieron a la simplificación eficaz lo mismo de la Historia de Roma, que de la música de los clásicos y crearon múltiples personaje universales en el sentido del goce de los terrícolas ante el superhéroe, la acción extrema, la capacidad de superar todos los limites imaginables, contando además con los recursos financieros para estimular a técnicos y creadores de las superproducciones y los super espectáculos.

Las cubanas y cubanos de hoy no son los mismos del siglo XIX ni siquiera de los entusiastas años 60 del siglo XX porque las identidades se transforman según las variables de las circunstancias nacionales y las internacionales para bien o mal. Mucho más, cuando tantos factores propician la globalización de lo beneficioso a los terrícolas como lo desfavorable. Y cuando existe una campaña dirigida a convencer sobre la inutilidad de pretender el bien común, la justicia social, la dignidad y propone el olvido de valores fundamentales como puente para el progreso.