Colombia: una mirada al pasado relacionado con la paz

Colombia: una mirada al pasado relacionado con la paz

  • El Acuerdo Final de la Paz entre el gobierno de Colombia y las FARC-EP del contó con el apoyo del gobierno cubano.
    El Acuerdo Final de la Paz entre el gobierno de Colombia y las FARC-EP del contó con el apoyo del gobierno cubano.

“Pero somos capaces, señor Presidente, de sacrificar nuestras vidas para salvar la tranquilidad, la paz y libertad de Colombia.”

Oración por la paz, Jorge Eliécer Gaitán.

El pasado 26 de septiembre de 2016 fue firmado el Acuerdo Final de la Paz entre el gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo, después de un proceso largo de negociaciones previas. Este acontecimiento es un hito histórico del presente y futuro de la nación.

El clima de violencia armada del pasado más reciente, iniciado en la década del 60 del pasado siglo, con el surgimiento de la insurgencia guerrillera, obedeció a causas objetivas, sobre las cuales surgen inevitablemente algunas preguntas como la siguiente: ¿Cómo surgió este legado de tratar de exterminar al contrario de ideas o de partido, mediante el asesinato?

Es conocido que desde bien temprano en las repúblicas fundadas al inicio de la independencia, y específicamente en Colombia, en la noche del 25 de septiembre de 1828, hace 188 años, se intentó de asesinar a Bolívar, entonces presidente de la Gran Colombia, por parte de un grupo de complotados que respondían a personajes adversarios de la época, y en particular Santander, que era entonces el vicepresidente. Aquella noche pudo morir Bolívar, si Manuelita, su acompañante de amores, en vez de permitirle a su amante enfrentar a los forajidos que asaltaron su vivienda, no le hubiera indicado e impelido a huir a través de una ventana. El héroe de mil batallas se salvó gracias a una fuga solitaria, y permaneció junto a un criado bajo un puente durante unas dos horas. Pero los conspiradores lograron asesinar a los pocos centinelas, a dos de los ayudantes del libertador y a los dos sabuesos del presidente. A Manuelita le propinaron una bofetada. Además, el general Fergunson, ayudante de Bolívar, que estaba en un cuartel próximo, al escuchar el alboroto, llegó al lugar y encontró a su amigo Pedro Carujo, que en ese instante era uno de los conjurados. Al preguntarle a éste: “¿Qué pasa?”, la respuesta de Carujo fue atravesarle el corazón de un tiro.

Todos aquellos complotados que así actuaron contra el Libertador, le acusaban de dictador y habían creado su caldo de cultivo al amparo de las libertades de palabra, reunión y prensa, y se manifestaban libremente como furibundos propagandistas del odio e incluso propalaban a través de todos los periódicos una incitación manifiesta al magnicidio, con versos como este: “Eso quiere decir que la cabeza/ al tirano y los pies cortar debemos/ si es que una paz durable apetecemos.”

Casi dos años después, el 4 de junio de 1830, unos complotados con iguales fines, emboscaron al General Sucre que estaba acompañado con una escolta mínima, y le asesinaron, en una campiña de Nariño, cuando se dirigía hacia Bogotá. Fue una muerte “con alevosía, ensañamiento, ventaja y premeditación”. Y cualquiera que hubiera sido la ruta que Sucre se decidiera a escoger en su marcha, allí le esperaban bandas armadas dispuestas a matarlo.

Sobre esta muerte expresó Bolívar: “Yo pienso que la mira de este crimen ha sido privar a la patria de un sucesor mío” “La bala cruel que le hirió el corazón mató a Colombia y me quitó la vida”.

Apenas unos meses después, a la una y tres minutos del día 17 de diciembre de 1930 murió Simón Bolívar, el sol de Colombia. Murió prácticamente abandonado a su suerte y enfermo en extremo, rodeado de pocos amigos, en la quinta de San Pedro Alejandrino, en Santa Marta.

Una semana antes, el 10 de diciembre había enviado su último mensaje a los colombianos: “Habéis presenciado mis esfuerzos para plantar la libertad donde reinaba antes la tiranía. He trabajado con desinterés, abandonando mi fortuna y aun mi tranquilidad… Mis enemigos abusaron de vuestra credulidad, y hollaron lo que me es más sagrado: mi reputación y mi amor a la libertad. He sido víctima de mis perseguidores… No aspiro a otra gloria que a la consolidación de Colombia. Todos debéis trabajar por el bien inestimable de la unión… Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro.”

¡Hermoso mensaje que, sin embargo, tuvo y aún tiene muchos oídos sordos, porque aún en la Colombia actual, Bolívar y sus seguidores contemporáneos tienen, en las altas clases políticas y sociales, muchos enemigos que abusan de la credulidad de parte del pueblo!

Y en el pasado más reciente, es conocido que quien representaba una esperanza política para Colombia, Jorge Eliécer Gaitán, que congregaba en los actos a miles de personas, como sucedió en la llamada Marcha del silencio, fue asesinado por orden de sus adversarios el 9 de abril de 1948, apenas 2 meses después de que pronunciara la famosa Oración por la paz, el 7 de febrero de 1948, que entre otras ideas expresaba: “Pero somos capaces, señor Presidente, de sacrificar nuestras vidas para salvar la tranquilidad, la paz y libertad de Colombia.”

Aquel político, debido a su popularidad, amenazaba con alcanzar la presidencia en las elecciones. Por eso, la violencia adversaria decidió apartarlo del camino. Todo el mundo conoce de la reacción de las masas ante aquel asesinato y la insurrección popular desatada, conocida por el Bogotazo, que conmovió a la capital colombiana y a todo el país.

Estos son apenas algunos acontecimientos relevantes que, relacionados con la historia de la paz en Colombia, forman parte de los mismos orígenes de las guerras desatadas hasta hoy y que, con las negociaciones necesarias entre las partes en conflicto, parecen enrumbar a Colombia por mejores caminos y el alcance de un destino mejor y más trascendente para su pueblo.