Cosas curiosas que pasan en la UNEAC

Cosas curiosas que pasan en la UNEAC

  • César Portillo de la Luz. Foto Internet
    César Portillo de la Luz. Foto Internet

En días pasados, un sábado por la noche, visité, como asiduamente lo hago, el Hurón Azul de la UNEAC, para participar en el magnífico espectáculo que se desarrolla en la Noche de Boleros de Oro.

En esa ocasión, la cantante Leonor Zayas, interpretó un número de la autoría de César Portillo de la Luz que en una de sus partes dice: “Mi Cuba linda, cuanto te quiero, yo a ti te canto mi son entero…”el son que no tiene fin cantado por Chapotín y con versos de Guillén.

Y como que uno recuerda muchas cosas a partir de la música, recordé una anécdota que les quiero contar a mis lectores.

Era la década de los ochenta del siglo pasado y en la UNEAC existía un organismo llamado FELA, Fondo Económico Literario y Artístico de la UNEAC. Se trataba de una institución que trabajaba para recaudar fondos a fin de ser usados en la promoción artística y literaria y el propio funcionamiento del centro.

Este organismo es el creador del Hurón Azul, que primero fue un modesto kiosco, luego tuvo un restaurant, y después el bar que existe actualmente.

En esto hay que ir atrás y recordar también que cuando Nicolás Guillén leyó el poemario “Camán lloró”, que quiere decir por cierto “Llora conmigo”, dijo aquella frase que nunca olvido: “Este es el Sóngoro Cosongo de esta época”. Y dio instrucciones para que su autor, Eloy Machado Pérez, “El Ambia”, mi gran amigo recientemente fallecido por desgracia, viniera a trabajar a la UNEAC para que mantuviera contacto con sus intelectuales.

El Fela se encargó de buscarle un puesto de trabajo, y a partir de entonces, todas las tardes, y antes de que se fundara La Peña del Ambia y que la rumba hiciera su aparición periódicamente en la UNEAC, nos juntábamos un grupo de amigos, recuerdo entre ellos a René de la Cruz, a Julito Martínez, el propio Ambia, el Bolo, y otros más a darnos algunos tragos y a hablar de arte y literatura.

Y una tarde se apareció César Portillo de la Luz, guitarra al brazo, y nos convocó a que nos acercáramos. Entonces nos dijo: “quiero que oigan esta canción que acabo de componer”, y por supuesto que nos cantó “Mi Cuba linda, cuanto te quiero”. Y fuimos los primeros mortales que oímos esa canción que luego Elena Bourke la hizo famosa, y que aún hoy se oye continuamente en nuestros escenarios musicales.