Del por qué y el para qué de la promoción cultural

Del por qué y el para qué de la promoción cultural

  • Para una organización cuyo Congreso se aproxima, discutir la función y posibilidades de la promoción cultural en esta época contemporánea es tan importante como respirar. Foto: captura de pantalla del sitio Web de la UNEAC
    Para una organización cuyo Congreso se aproxima, discutir la función y posibilidades de la promoción cultural en esta época contemporánea es tan importante como respirar. Foto: captura de pantalla del sitio Web de la UNEAC

Hoy día, incluso el más pequeño de los discos duros tiene tal capacidad de almacenaje que pudiera contener bibliotecas enteras, todas las grabaciones sonoras de un determinado autor o la filmografía completa de un cineasta. La microelectrónica, junto a las revoluciones digital y de las telecomunicaciones, han transformado tanto la vida, que hay nuevos sentidos en la idea de lo que es una biblioteca (personal o institucional), sus funciones y posibilidades, presentes o futuras.

Pertenecemos a un espacio y tiempo donde la producción de material cultural se ha disparado y diversificado a una velocidad próxima al mareo. Países o territorios de los cuales apenas escuchábamos hablar hace medio siglo ganan reconocimiento por sus aportaciones al cine, a la música, la literatura. Tesoros culturales de los cuales teníamos únicamente referencia lejana o que, acaso de vez en vez, veíamos en reproducciones de algún libro caro y exquisito, hoy pueden ser disfrutados mediante visitas virtuales a través de la Red. Existen festivales de cine para películas filmadas con teléfono celular y se compone música directamente en la computadora.

Multiplicación y diversificación significan que los caminos en el interior de la Red se tornan cada vez más laberínticos, que son necesarios mejores expertos para elegir los metadatos (que permitirán, más tarde, recuperar los documentos cuando son hechas búsquedas) y mejores especialistas en búsqueda de información para encontrar —con rapidez y precisión— aquellos documentos de mayor valor y jerarquía, en términos de veracidad y calidad de la información.

Lo mismo con certificación institucional que de carácter personal o agrupación creativa, los sitios webs, blogs, publicaciones periódicas y otras formas de presencia en el espacio virtual suman centenares de millones en una amalgama de ofertas en la que se funden (y confunden) lo legal con lo pirateado, lo profundo con lo superficial, lo ocasional con lo duradero, lo auténtico con la imitación, lo que abre caminos nuevos con lo que empobrece.

Para poder orientarnos, lo mismo frente a que en el interior de esta masa salvaje, necesitamos más y más aún del tipo de trabajo que hacen los promotores. El promotor es una especie de investigador detectivesco a la antigua, un constructor de puertas al conocimiento y un filtro. Ya sea un maestro, un periodista, un asesor literario, un líder político, una figura pública porque —además de aquellos que hacen trabajo de promoción de manera profesional—, la promoción de cultura es característica intrínseca del proceso de la comunicación diaria y la ejercemos con cada recomendación que damos o comentario que emitimos sobre lo que nos gusta o no de lo que constituye nuestro consumo cultural.

Desde la institución, entonces, respetemos, elogiemos y dignifiquemos el trabajo de los promotores. No olvidemos que los promotores son resultado de cualidades innatas junto con largas horas de estudio y práctica concreta; esto sucede de manera casuística, por azar, o a resultas de estrategias de dirección de la cultura sabiamente planificadas y aplicadas. Para que el promotor florezca es necesario que se multipliquen los espacios de intercambio de opinión y análisis de rigor, así como que se discutan los nuevos modos de hacer-distribuir-acopiar-consumir cultura en el presente.

Que lo anterior ocurra en una organización como la UNEAC es algo que está en manos de sus directivas (encargadas de trazar, implementar y controlar las políticas a largo plazo) como de los asociados (que han de encontrar en su organización y a través de ella un lugar favorito para acrecentar el bagaje cultural, poner en práctica acciones propias de cada manifestación, interactuar con artistas o escritores del país y el mundo, llevar sus creaciones a la comunidad y más).

Para una organización cuyo Congreso se aproxima, discutir la función y posibilidades de la promoción cultural en esta época contemporánea —de tablets, celulares e Internet— es tan importante como respirar.