El Mégano: herencias hoy

El Mégano: herencias hoy

  • El Mégano apostaba por ese neorrealismo italiano proponiendo en Cuba también un nuevo tipo de cine crítico y problemático. Foto tomada de Radio Rebelde
    El Mégano apostaba por ese neorrealismo italiano proponiendo en Cuba también un nuevo tipo de cine crítico y problemático. Foto tomada de Radio Rebelde

Este marzo nos trae el aniversario 60 del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y la 42 Semana de la Cultura Municipal Plaza de la Revolución, entre cuyos tesoros está el mismo ICAIC (al que más de una vez ha reconocido en este y otros contextos), que desde que empezaron en 1978, se ha dedicado a la Sociedad Cultural “Nuestro Tiempo”, que se fundó el 21 de marzo de 1951 (por lo que se escoge la tercera semana de marzo que incluya el día 21) antaño en la calle Reina, y de aquí a la Sociedad Artística Gallega, ambas respectivamente en los actuales municipios de Centro Habana y Habana Vieja. Pero cuando florece y se sistematiza realmente e irradia hacia toda Cuba y el mundo es desde que, en 1953, se instaló en la calle 23 # 964 entre 2 y 4, esquina a 4, donde una tarja de bronce que colocó el entonces Museo Histórico Municipal el 23 de marzo de 1984 la reconoce con su intensa vida de arte revolucionario entre 1954 y 1961, desde aquí y desde la Universidad de La Habana, donde tuvo esenciales antecedentes con sus Festivales de Arte Universitario a todo el país, y también en el Lyceum del Vedado en Calzada y 8, actual Casa de Cultura Municipal, y en la Galería Arte y Cinema del cine La Rampa, todos los cuales desde octubre de 1976 pertenecen al que en esa fecha nació como municipio Plaza de la Revolución, y la reconoce como una institución que patrocinada por el Partido Socialista Popular, organizó la resistencia de los intelectuales y artistas cubanos contra la tiranía batistiana y la penetración cultural imperialista.

Esta Sociedad Cultural Nuestro Tiempo acogió a los intelectuales y artistas más avanzados para difundir la cultura y resaltar los auténticos valores nacionales y las más legítimas tradiciones, y se reunían para intercambiar ideas políticas. Su órgano de divulgación fue la revista Nuestro Tiempo. Incorporaban orgánicamente a nuestra cultura lo más progresista y novedoso del resto del mundo, mediante conferencias, exposiciones, audiciones musicales y proyecciones de filmes, porque aquella Sociedad Cultural Nuestro Tiempo tenía también su sección de Cine presidida por Julio García-Espinosa, quien el 9 de noviembre de 1955 en el Anfiteatro Varona de la Universidad de La Habana (en el mismo municipio), estrenó el paradigmático corto documental El Mégano, dirigido por Tomás Gutiérrez Alea “Titón” con García-Espinosa, con esta como su primera experiencia cinematográfica de dicha sociedad, filmada en 1954 al llegar de Roma con otros jóvenes tan relevantes al cine del futuro Gobierno Revolucionario que ya así precedían con esta película, como Alfredo Guevara, Santiago Álvarez, el fotógrafo Jorge Hajdu, y se ha citado también a José Massip y Jorge Fraga…

Téngase en cuenta que tras sus dos primeros cortos y graduarse de Derecho en la Universidad de La Habana (1951), es que Titón estudia en el Centro Sperimentale di Cinematographia en Roma, donde filmó con García-Espinosa Il sogno de Giovanni Bassain (1953); a la sazón los cineastas italianos reaccionaban ante los desastres durante y después de la Segunda Guerra Mundial, para mostrar sus auténticas condiciones sociales y humanas en que quedaron, con actores frecuentemente no profesionales que relataban sus propias experiencias interpretándose a sí mismos, aunque ganarían celebridad y su lugar en la historia del cine mundial. Solían actuar los más humildes y marginados que rara vez habían ocupado lugar tan preeminente en el cine; surgen dos nuevos personajes: la mujer y el niño. El crítico Umberto Barbaro lo llamó neorrealismo italiano, y su primera película se consideró apenas concluyendo la guerra, Roma ciudad abierta (1945, de Roberto Rossellini, quien hasta 1953 aportaría al menos otras cuatro películas de interés).

Claro, que ese neorrealismo italiano tuvo sus precursores e influencias que se remontan al realismo del escritor italiano Giovanni Verga (segunda mitad del siglo XIX, sobre todo su obra I Malavoglia), entre otros posteriores, alejándose del estilo histórico y musical que había impuesto el fascismo italiano de Mussolini para impulsar el cine como arma propagandística y política autárquica que fomentaba sus cintas de una Italia fascista invencible, o las llamadas “comedias de teléfono blanco”: “amables”, románticas, sin más complicaciones y finales felices, censurando toda otra propuesta sobre todo que mirara a su triste realidad nacional de la guerra, y contra el cine de otros países, sobre todo contra el de Estados Unidos, su rival en la contienda bélica.

El Mégano apostaba por ese neorrealismo italiano proponiendo en Cuba también un nuevo tipo de cine crítico y problemático, y anuncia ya un “nuevo cine latinoamericano” que cuajará definitivamente en Cuba con el ICAIC en 1959, y será premisa para los Festivales homónimos a partir de 1978.

El Mégano era un corto documental que denunciaba el duro modo de vida de los carboneros, explotados en la Ciénaga de Zapata, y por su carácter testimonial fue confiscado por la dictadura batistiana. La comisión revisora de películas que las clasificaba, mayormente por problemas morales, sobre todo si eran aptas o no para menores de edad, lo vetó y confiscó, al mostrar las condiciones infrahumanas de la vida de aquellos carboneros. No se le ha considerado relevancia en su estilo, pero sí como el mejor antecedente de cine comprometido anterior a 1959 y al cine cubano de la Revolución, y todos los que integraron su equipo de realización llegarían a ocupar importantes lugares en el ICAIC y en nuestra cinematográfica posterior, que a partir de aquello ha evolucionado 60 años y es el cine cumbre de una sociedad cultural cuyo solo nombre nos llama a ocupar la vanguardia más progresista para que cada tiempo que nos toca vivir, sea cada vez mejor para todos sin exclusiones.