Imagen y realidad

Imagen y realidad

  • Foto tomada de Internet
    Foto tomada de Internet

Tienen razón los que reclaman que los medios masivos de comunicación,-  en soporte tradicional o en los de las nuevas tecnologías-, muestren la realidad nacional como es, o creen que es. Pero la exigencia parte en ocasiones de posiciones extremas. Unos lamentan cierto tono apologético que persiste. Otros se mortifican por la amplificación de los aspectos más sórdidos de la sociedad.

La realidad es tan rica, multifacética, diversa en acciones y reacciones, contradictoria, compleja en su entramado infinito que resulta casi imposible exponerla en su totalidad en una obra artística, en un análisis periodístico, en un discurso político, pero el conjunto de todos esos modos de expresión debería contribuir a una mirada inclusiva de la mayor cantidad de variables que permitan una mejor comprensión de lo que sucede, sus causales, sus consecuencias.

La televisión, según las encuestas, parece seguir siendo el medio de mayor consumo doméstico, a pesar del uso generalizado del llamado “paquete”, de la ampliación del acceso a INTERNET en casa, de la cantidad de materiales audiovisuales que se copian, “se bajan de la red” y llegan a cualquier hogar en “memorias” o en el móvil de algún  miembro de la familia.

Ciertamente la TV cubana, como medio de servicio público, cuida de los valores culturales de su programación en los planos que convencionalmente han sido establecidos, sobre la base de los principios humanistas más universales, en función de ponderar los conocimientos, las buenas costumbres civilizatorias, el respeto y cultivo de la identidad, principios que, como se sabe, han ampliado su espectro según las evoluciones de conceptos como la diversidad sexual, la diversidad racial, el empoderamiento femenino, que lamentablemente están sufriendo retrocesos en no pocos sitios del planeta y requieren de mayor y mejor tratamiento visual en Cuba.

Si se analiza la “parrilla” de los canales televisivos de Cuba se comprobará que existen espacios para casi todos los saberes, un prolijo y variado “menú” fílmico y musical, una sólida oferta docente en las teleclases para el sistema de la enseñanza nacional, una amplia propuesta informativa donde han ido apareciendo los temas más polémicos con mayor participación de los televidentes, sin embargo, una buena parte de los públicos, los destinatarios, le sigue pareciendo repetitiva o con pocas opciones.

Por supuesto, preciso es reconocer, que hay públicos que quisieran ver programas de los sucesos criminales, de chismografía de las personalidades públicas, de conflictos entre personas que supuestamente ponen “al aire” sus intimidades, pero no deben ser complacidos en una televisión que apuesta a promover valores esenciales para el enriquecimiento humano, lo cual no niega que esos temas, -cualquier tema-, dignificados informativa y artísticamente sean tratados con trasparencia como parte de la necesidad de que los muy diversos y complejos asuntos de la realidad tengan su imagen en la pantalla.

Lamentablemente no existe una consistente programación dramática que, con los medios expresivos propios, se haga eco de la riqueza “conflictual” de la sociedad. Según los estudiosos y especialistas es en las llamadas obras de ficción donde, de manera más atractiva para la mayoría de los públicos, se recrean las problemáticas individuales y sociales, siempre según el punto de vista de guionistas y realizadores que, por supuesto construyen con sus tramas y subtramas, una realidad acorde a los presupuestos dramatúrgicos que son los que deciden la seducción por cualquier historia.

Lamentablemente también, la telenovela que es uno de los género más abarcadores, que puede enfocar muy diversas aristas de la sociedad y sus realidades, como hacen las buenas y las menos buenas telenovelas brasileñas, no se ha desarrollado como propuesta que satisfaga esa necesidad que parecen sentir los públicos nacionales de verse reflejados en sus avatares cotidianos con suficiente atractivos que les interesen y entretengan a la vez.

Y es justo en ese género, aunque parezca contradictorio, una de las vías más populares de propiciar la coincidencia añorada de imagen y realidad que equivaldría a mostrar las diferencias de modos de vida que existen en el país, las diferentes formas de enfrentar las carencias, de mejorar económicamente desde la prostitución, la corrupción, hasta la laboriosidad y la inventiva creadora, la evolución en unos y el estatismo o involución en otros ante los viejos prejuicios raciales, sexuales, machistas.

El costo de una telenovela, dada la precaria situación financiera del país, debería justificarse por su capacidad de incursionar en diversidad de asuntos, en ofrecer un muestrario de la sociedad, porque justo las telenovelas tuvieron que salirse de sus temas rosas para atraer la atención de todos los sectores de la población en otros países donde sus casas productoras consiguen notables ganancias.

Por supuesto, toda la programación, en cada canal, podría contribuir mejor a equilibrar los desbalances perceptivos de la compleja realidad, evitando las parcialidades en torno a tendencias extremas entre el tono apologético y el negativismo absoluto que impide reconocer ese amplio recorrido entre ambos, donde hay duros problemas pero también notables avances a pesar de la tremenda presión externa sobre el país que condiciona agudas circunstancias adversas.