Mentalidades dañadas

Mentalidades dañadas

  • Que los jóvenes se reúnan y “jueguen” a Halloween, me resulta menos hiriente e influyente, que ver a los músicos cubanos, de cualquier tendencia musical, en los espacios televisivos vestidos a modo y semejanza de los músicos norteamericanos. Foto tomada de Internet
    Que los jóvenes se reúnan y “jueguen” a Halloween, me resulta menos hiriente e influyente, que ver a los músicos cubanos, de cualquier tendencia musical, en los espacios televisivos vestidos a modo y semejanza de los músicos norteamericanos. Foto tomada de Internet

Trataré de ser lo más concreto posible. Y lo más directo. Le sigo los pasos a Hemingway y su periodismo breve.

No creo que hacer fiestas Halloween en cualquier parte de nuestra geografía sea algo censurable.

Por lo mismo, no conceptúo de censurables las palabras Out, Strike, homerum y tantas otras de nuestro pasatiempo universal, por solo pertenecer a la lengua inglesa.

No considero dañino, tampoco, la influencia de The Beatles en nuestra música. Ni la presencia del Rock, del Pop, de la música House, y cualquiera de las otras que pululan en nuestro cancionero musical.

No considero que vestirse de zombis, vampiros, brujas y brujos, esqueletos o personajes de Hollywood sea irremediablemente contradictorio a sentirse cubano.

Tampoco veo mal mascar chicles, leer comics de la Marvel, o vestir con camisas, jeans Levi Straus, o Converse, Lacoste, entre tantos otros.

Si bien es cierto que la globalización trae consigo estos males sociales, no menos cierto es que también, tiene su lado bueno.

Somos parte de una cultura que ha tomado de casi todas las universales. Como bien decía nuestro Fernando Ortíz, somos ese ajíaco donde se funden muchas maneras de ser y hacer. También los norteamericanos pusieron su grano de arena.

Al menos, así se lee en libro Ser cubano de Louis A. Pérez con el que no comparto su pro norte-americanismo, pero reconozco que alguna razón tiene en su conceptualización.

Considero que disfrazarse de personajes de Halloween es menos dañino que ofrecer en los hoteles de nuestro Turismo, a los turistas, una Noche Cubana. El turista viene, durante una semana, y ve de todo en los espectáculos, pero apenas ”ve” a Cuba. Y menos, si se ausenta, precisamente, en esa noche.

Todas las noches deberían ser Noche Cubana.

Que los jóvenes se reúnan y “jueguen” a Halloween, me resulta menos hiriente e influyente, que ver a los músicos cubanos, de cualquier tendencia musical, en los espacios televisivos vestidos a modo y semejanza de los músicos norteamericanos. Ellos, los músicos cubanos, sí están influenciando con esas “actitudes” a las nuevas generaciones, y sembrando precedentes que serán un poco difícil de borrar.

Que sigan transmitiendo a Mickey, Tribilín, entre otros personajes de ese mundo verdaderamente injerencista, y para nuestros niños en los espacios televisivos de impacto y relevancia, es más preocupante. Esos animados sí tienen un marcado objetivo injerencista y de apego a la cultura imperialista con frases como, “nosotros sí sabemos separar”, “al enemigo destrúyelo”, entre tantas otras.

Los niños imitan. Una de las formas de aprendizaje, según Bandura, es ese precisamente. Nadie querrá ser vampiro o zombis toda su vida. A menos que tenga algún trastorno de la personalidad.

Ahora bien, creo que mientras en esas representaciones infantiles de Halloween no se expendan drogas, o se concreten citas con terroristas para planificar atentados y homicidios; mientras estas fiestas no destruyan el patrimonio cultural de la nación y de la institución; no deforme el rol de la familia y del Estado cubano; no sea como el trampolín para que la contra-revolución llegue a los jóvenes y los convoque al derrocamiento de nuestro sistema; mientras todo sea un asunto de jóvenes y no tan jóvenes que se visten a la manera Halloween y se reúnan bajo luces y lentejuelas, borrachera que solo deja resacas y nada más… no creo que la cosa sea tan seria.

He sido testigo de lugares donde se han hecho estas fiestas que sí han sido enemigas número uno del bien común y he visto la propagación de vicios y estupefacientes y me consuela saber que eso ha sido erradicado. Pero sin suspender ese tipo de fiestas. Y es cómo se debe actuar, creo yo.

He visto también hechos muy parecidos en otras manifestaciones sociales, fiestas tradicionales, etc., donde por suerte, la sangre no ha llegado al río porque se ha actuado rápido.

Se han puesto las reglas del juego. Todo espacio público en este planeta tiene sus “Reglas de juego”. Desde un avión, hasta un baño público.

Tal vez cambiar el nombre de Halloween por el de Fiesta de disfraces, no permitir que se utilicen instituciones del sistema de la cultura o del turismo, u otros, para fines ajenos al disfrute sano de nuestros jóvenes, entre otras acciones, se podrían tomar. Pero nunca, el prohibir que se celebren.

Como mismo cuesta trabajo implementar el uso de la guayabera en la población; el consumo de productos solo cubanos; el empleo de marcas cubanas; consumir solo arte cubano; no considero saludable ponerles frenos a celebraciones como esas.

Claro, siempre que no se traslade la tradición en su totalidad. A manera de una transculturación en la que desaparecería el puerco asado, la yuca y el congris, para dar paso a las calabazas y a los niños de casa en casa, con las frases de “Truco o trato” o como quiera que se traduzca.

A fin de cuentas, vestirse una noche de Zombi, fantasmas, brujas o Spiderman, no hará cambiar mentalidades, a menos que ya se tengan las mentalidades dañadas o débiles. Entonces la solución sí que sería otra, y eso tira más para el lado de los especialistas.