Recordar es volver a vivir

Recordar es volver a vivir

  • Oyendo anécdotas sobre Nicolás y sus maneras, recordé una personal que quiero contarles. Foto tomada de Internet
    Oyendo anécdotas sobre Nicolás y sus maneras, recordé una personal que quiero contarles. Foto tomada de Internet

Hace unos días veía por la televisión un programa titulado “Letra con Arte” dedicado a Nicolás Guillén, y pensé qué bueno que existan programas como ese que recuerden a determinados intelectuales cubanos, la mayoría de ellos verdaderos clásicos, que han sido olvidados y no son referencia obligada para los nuevos escritores.
No es el caso de Nicolás, que se mantiene vivo en el recuerdo entre otras cosas porque es el Poeta Nacional, y porque la fundación que lleva su nombre trabaja en el sentido de promover su vasta obra.
Pero hay otros escritores como pueden ser el caso de Félix Pita o Gustavo Eguren, por poner dos ejemplos, que no solo sus textos han dejado de promoverse, si no que el recuerdo de su labor literaria ha caído en el olvido.
Y no voy a hablar de nuevo que la TV cubana promueve artistas plásticos, teatristas, bailarines, músicos, etc. pero nunca promociona a un escritor o a su obra. Soy vicioso de ver diariamente el programa Mediodía en TV y una sola vez han invitado a un escritor, y fue hace ya tiempo a Leonardo Padura.
Pero bueno, oyendo anécdotas sobre Nicolás y sus maneras, recordé una personal que quiero contarles.
Tuve la suerte de trabajar once años al lado del poeta, también que le gustara mi literatura, y todo esto hizo que tuviéramos una relación fluida.
Nicolás dirigía personalmente una tertulia, no recuerdo bien si eran los miércoles o los jueves en la tarde, donde se presentaban libros y otras actividades relacionadas con el arte, y en ocasión de que se publicara uno de mis textos titulado “De Caboinda a Cunene” fui invitado a presentarlo en su tertulia.
En aquel entonces había en la UNEAC uno de los dirigentes que padecía de algo así como incontinencia verbal, y a Guillén le molestaban sus largas intervenciones.
Recuerdo que el libro lo presentó el poeta Waldo Leyva, y cuando este terminó su trabajo me dieron la palabra. Estaba sentado exactamente al lado de Nicolás, y cuando empecé a hablar comencé con la frase “Voy a ser muy breve”, y el poeta se acercó a mi oído y me dijo “Sabias palabras”. Por supuesto que hablé minuto y medio.