The Rolling Stones en la Cuba de 2016

The Rolling Stones en la Cuba de 2016

  • Mick Jagger, a sus 73, sigue siendo un huracán en la escena. Foto: Abel Rojas
    Mick Jagger, a sus 73, sigue siendo un huracán en la escena. Foto: Abel Rojas

La semana pasada registró varios acontecimientos importantes: la visita a la Isla del máximo poder político del universo y el paso por el territorio nacional de la expresión suprema mundial del rock en los últimos 45 años, para efectuar un super concierto gratis en la capital cubana. ¡Whow! Quien pensó el domingo 20, tras la llegada de Obama, que estaba soñando, lo hizo mucho más este 25 de marzo de 2016 con la presencia de la mítica banda británica.

El recital habanero del viernes ha dado el punto culminante de la avalancha en la visita de celebridades internacionales producida luego del 17 de diciembre de 2014, inicio del proceso de normalización de las relaciones con Estados Unidos, como parte de eso que algunos llaman el “boom” Cuba y yo prefiero identificar con orgullo como la poderosa atracción despertada por un país maravilloso, de una historia increíble llena de héroes y heroicidades que nunca debemos olvidar, el cual no se había retirado, sino había sido retirado del itinerario artístico mundial de manera arbitraria, por el poder hegemónico.

The Rolling Stones la quinta esencia del género, el culmen de su proyección comercial, los únicos que a escala mayor están ahí, siguen ahí, desde la época de The Beatles. Aunque automáticos, tautológicos y mordiéndose su propia cola creativa durante sus últimos discos y presentaciones mundiales, hay una historia grandiosa de trabajo continuado en estos “ancianos del rock”, quienes nunca dejaron de crear (y es su mayor acierto), pese a las muchas tremolinas que afectaron sus vidas individuales y la existencia del grupo; pese al alcohol, drogas, broncas, las miles de mujeres, las malísimas noches y el implacable tiempo que con ellos sin embargo ha sido benigno. Dicen las malas lenguas que a consecuencia de un pacto con el diablo de “Sus Satánicas Majestades”.

 Chanza aparte, llegar a tan sanctas edades con su condición y energía, en especial las del líder, Mick Jagger, es resultado igual de la constante ejercitación; sin soslayar el regalo de la Naturaleza, que a veces ofrenda estos raros premios. Adam Levine, frontman del grupo norteamericano Maroon 5, le tributó a este señor un video clip que lo clava: Moves like Jagger. Pero el vocalista de Rolling Stones representa —amén de referente de movilidad, vivacidad y dominio de la escena—, ícono, hito, paradigma del arte en tanto proyecto ininterrumpido de vida.

Es extraordinariamente importante que los Stones actúen en Cuba, desde mi personal punto de vista menos por el espectáculo en sí mismo que por el poder de imantación que su visita tendrá en el resto del circuito universal de la industria discográfica del mainstream.

Cuba, en proceso total de apertura al mundo, quizá en un plano cercano pueda integrarse al mercado universal de la música. Claro está, solo a partir de la premisa insoslayable de la eliminación total del bloqueo norteamericano. Entonces, a lo mejor, ya no miraremos con la boca ensalivada cómo Bruce Springteen actúa en Buenos Aires y Adele en Barcelona, sino también en Camagüey; e integraremos la geografía de los tours y las giras mundiales de los grandes monstruos del espectáculo, territorio vedado hasta la actualidad. Probablemente, y hagamos votos porque así sea, en un escenario próximo podremos pagar de nuestro bolsillo la entrada a esos conciertos, porque ninguno de ellos actúa gratis y lo de los Stones ahora es otra cosa, sabemos.

En ese hipotético mañana, con independencia de las distintas calidades y los conceptos ideoestéticos manejados por las agrupaciones a advenir al escenario insular, habría una consustancial mayor apertura hacia otras plataformas sonoras y géneros de los entronizados a registro comercial y popular (no institucional) en Cuba ahora. Ello, de conjunto con una necesaria expansión de la industria del fonograma, pondría en posibilidades al receptor nacional de establecer contacto con las producciones de un mercado mundial donde, más allá de la paja dominante, hay también muy buen grano.

 Les mostraría a nuestros niños y jóvenes que, además de esa gran música cubana actual que no conocen, o solo a medias (por los precios, la comercialización y la desactualización de los discos; por no aparecer en el paquete semanal; por capricho de ignorantes o malintencionados que la ocultan a medro de esa “chacalización” de la cual habla bien el ahora a la venta no. 91 de La calle del medio), existe “afuera” algo más allá del mal reguetón y su racismo, violencia, odio fratricida y humillación a la mujer. Díselo, Jagger.