Una mirada a los apuntes en hojas sueltas de Martí a la luz de sus conocimientos poéticos

Una mirada a los apuntes en hojas sueltas de Martí a la luz de sus conocimientos poéticos

  • José Martí, en sus textos en los suyos, hace gala de infinita erudición, curiosamente vinculada a una objetiva sed de conocimientos. Foto tomada de Habana Radio
    José Martí, en sus textos en los suyos, hace gala de infinita erudición, curiosamente vinculada a una objetiva sed de conocimientos. Foto tomada de Habana Radio

En sus reconocidos Aforismos Georg Christoph Lichtenberg  lamentaba que no pudiéramos ver los doctos intestinos de los escritores para descubrir qué han comido. En tal caso, sus libretas de notas o apuntes dan fe del tipo de alimento —cualidad, variedad y contundencia— que es capaz de llegar a proporcionarse el creador. José Martí, en los suyos, hace gala de infinita erudición, curiosamente vinculada a una objetiva sed de conocimientos. Veamos sino esta anotación recogida en el tomo de Fragmentos de las Obras Completas: “cátedra: sin una sola pretensión; porque los estudios hechos no inspiran más que una profunda vergüenza por lo que todavía nos queda que estudiar”. (1) Esa sed de conocimientos nace vinculada también en el caso de Martí con lo que Mallarmé denominó aquel juego insensato de escribir, el escarceo y la dubitación ante la página en blanco, y el mucho tiempo que contempla “experiencias muy diversas [...] malentendidos innumerables, obras perdidas y dispersadas, el movimiento del saber, y por último el girar de una crisis infinita [...] para que se empiece a comprender qué decisión se prepara a partir de ese fin de la escritura que anuncia su advenimiento”, (2)  que se asienta sin motivos inmediatos firmes en hojas de precaria organización.

Cuando se estudian los Cuadernos de apuntes, y luego seguidamente los que Gonzalo de Quesada denominó Fragmentos, es perceptible en los primeros el proceso de formación de un estilo, los avatares de una escritura con instintos fundacionales, el nacer de un pensamiento, los instantes que acompañan y presiden la eclosión de una mente, mientras que en el segundo abundan mucho más los borradores o intertextos de las numerosas obras que terminó y dio a las prensas -  es decir, proyectos de “ideas apresadas al vuelo muchas de las cuales, maduras y vigorosas” conformaron su literatura, (3) cuyos cotejos han dado y seguirán dando, a lo largo del proceso de la siguiente investigación, frutos palpables - y las ideas de poética o sobre el estilo manifiestan una maduración, una elaboración que hace evidente que dichos Apuntes en hojas sueltas fueron concebidos durante las décadas de 1880 y 1890.(4) Quizá esas razones sean el fundamento que llevó a afirmar a Gonzalo de Quesada en el preámbulo a la edición de los Fragmentos que estos “complementan los cuadernos de apuntes publicados en el volumen 21” de Obras Completas. Pero como quiera que sea, surge al instante en la mente del filólogo, del investigador, la idea de que todo forma parte de un cuerpo único: las notas, reflexiones, citas de libros, iluminaciones súbitas, intensos y breves pasajes autobiográficos no desprovistos de imágenes, y porciones de obras en proceso, que han sido agrupados bajo un concepto definidor: sus apuntes, y que, como tal, se imponía un acercamiento, una reflexión sostenida o generalizadora, después del análisis tanto de los apuntes en cuadernos como los que se recogen en hojas sueltas. Por cuestiones de tiempo y disposición de los períodos investigativos el acercamiento no se pudo llevar a cabo de ese modo, pero sí pude darme cuenta que los elementos de poética y de la escritura martiana que fueron trabajados en los Cuadernos de apuntes pueden ser asimismo objetos de atención en el estudio de los Fragmentos, que es lo que pretendemos llevar a cabo en las siguientes páginas. Es evidente que el editor en este último caso ha dejado entrever sus dotes y ha numerado tales apuntes en hojas sueltas, a veces relacionados unos con otros, o conteniendo en sí anotaciones de diversa naturaleza,  lo que obedece en ocasiones a que la hoja fue escrita también en su reverso-  por ejemplo hay apuntes  “escritos al dorso de las hojas con membrete de las oficinas en que trabajaba Martí en Nueva York” (5) - y se unifica la información de una manera rudimentaria, la única que estaba a su alcance, dado lo enrevesado de la caligrafía martiana y la profusión de apuntes en hojas sueltas. Lo que sí nos queda claro es que en los Fragmentos, junto con los apuntes de obras en proceso, podemos hallar siempre tramos autorreflexivos y huellas que dan fe de un proceso de autoaprendizaje constante. Y que si Martí le confiesa a Gonzalo de Quesada en su carta Testamento Literario que no ordene los papeles, ni saque de ellos literatura, porque, según él, todo eso estaba muerto, y no había ahí nada digno de publicación, en prosa ni en verso, eran meras notas; en realidad son semillas, eslabones de valor que la premura de la despedida desautorizó, debido a la exigente proyección del intelecto del escritor.(6) Pues como dice Roland Barthes, el escritor tiene la ilusión de creer que al quebrar su discurso, deja de discurrir imaginariamente sobre sí mismo, que atenúa el riesgo de trascendencia, pero como el fragmento   ([...] la máxima, el pensamiento) es finalmente un género retórico, y la retórica es esa capa del lenguaje que mejor se presta a la interpretación, al creer que se dispersa,  lo que hace es regresar virtualmente al lecho de lo imaginario. (7)

Ascienden, como pruebas innegables en ellos de la conformación de un universo único,  conjuntamente con los Cuadernos de apuntes, los siguientes rasgos del  corpus  literario martiano: La presencia de ideas, intertextos, borradores y fragmentos de sus libros de poemas, dígase Ismaelillo, Versos libres y Versos sencillos y de otras creaciones; de elementos de su poética, esbozados y aplicados a situaciones que en la vida se presentan, que demuestran su esencialidad como partes de una cosmovisión; así como el tratamiento de temas típicos de su obra que se advierten en fragmentos de escritores ajenos y fragmentos propios que recoge en estos apuntes en hojas sueltas. La existencia de observaciones y análisis personales del mundo natural  y de otros pensadores, que luego fructifican en su concepción analógica del mundo. Evidencias del andamiaje ético de su personalidad, advertidas en la naturaleza de las máximas que de escritores acumula, las cuales ayudarán a conformar su carácter, y en las sentencias individuales que refiere, así como en las frecuentes gravitaciones de lo ético con lo artístico. Las manifestaciones plenas de su humanismo, y de su profundo interés filológico. La presencia de reflexiones sobre el dolor, elemento capital dentro de su poética, y su íntima relación con el deber.

 

NOTAS

(1) José Martí. Obras Completas. Fragmentos. Fragmento 213, T. 22, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975 p. 129.

(2) Maurice Blanchot. “La ausencia de libro” en El diálogo inconcluso, Monte Avila Editores Latinoamericana, (Traducción de Pierre de Place) Caracas, p. 647.

(3) Manuel Isidro Méndez citado por Maritza Carrillo en “Los Cuadernos de apuntes de José Martí: guía para investigadores jóvenes”, Revista Universidad de la Habana, n. 245, La Habana, p. 179.

(4) Según los estudios hasta el momento realizados por el Equipo de la Edición Crítica de las Obras de Martí existe la hipótesis de que algunos fragmentos de apuntes pertenecen a la década de 1870.

(5) Aírela Érica Schnirmajer. “La cocina del artista: Los Cuadernos de apuntes  de José Martí” en Anuario del Centro de Estudios Martianos, 24, 2001, La Habana, p. 237. 

(6) Ver José Martí. Testamentos de José Martí. Edición Crítica, Equipo de investigadores del Centro de Estudios Martianos, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2004, p. 31.

(7) Roland Barthes. Roland Barthes por Roland Barthes, Monte Ávila Editores (traducción Julieta Fombona), 1992, Caracas, p. 67.