Concierto cubano: este libro es un divino guion

Concierto cubano: este libro es un divino guion

  • Borges Traina durante la presentación del texto en la sala Villena de la UNEAC.
    Borges Triana durante la presentación del texto en la sala Villena de la UNEAC.

En algunos de los títulos publicados en Cuba —resultado de investigaciones académicas, tesis de maestría o doctorado— el lector nota la presencia de los enfoques metodológicos; de un lenguaje cargado de citas, referencias a teorías o notas a pie de página. Todo ello dificulta la lectura cuando debe hacerse con la gracia de adentrarse en páginas que invitan a una reflexión.

Convertido en libro como resultado del Doctorado en Ciencias del Arte: Concierto cubano: la vida es un divino guion (Ediciones UNIÓN, 2016) de Joaquín Borges Triana, es la prueba de esa conversión para leerse ahora como un ensayo.

Sin olvidar ese punto de partida desde presupuestos investigativos, en las primeras páginas, se lee lo que viene siendo el aporte de cada una de las disciplinas o ciencias, en función de un tema que resulta novedoso: la música cubana alternativa. Desde una concepción interdisciplinaria, se apelan a elementos que provienen de la antropología, la filosofía, la historia (en particular la de las mentalidades), el periodismo, los estudios literarios y generacionales. Todo ello en función de plasmar una investigación que profundice algunas de las poéticas predominantes en las recientes generaciones de músicos cubanos;su “vinculación con la evolución del pensamiento sociocultural de los artistas e intelectuales del país”, que iniciaron sus carrerasen la segunda mitad de la década de 1980.

Es a partir de este paradigma, que puede trazarse la cartografía de la música cubana, en su vertiente alternativa. Gracias a la aplicación de instrumentos, propios de las distintas ramas de las ciencias sociales contemporáneas, puede abordarse el estudio de un fenómeno como este. Lo que propicia una reflexión sintética, la interpretación de buena parte de la creación musical, y el examen metódico para la sistematización de la práctica musical en el contexto nacional y global.

Otro punto a favor del libro es que todas estas teorías, enfoques, presupuestos, instrumentos, requieren de un pensamiento avezado por parte del autor en consonancia con sus objetivos.

El procesamiento de toda esta información conduce a proponer una idea, premisa o hipótesis a defender. Borges Triana sabe que la música cubana tiene como principal característica melódica: la diversidad y que sus múltiples creadores echan garra a cualquier ritmo.

Pero saber algo, no es suficiente para demostrar un punto de vista. Y eso también lo sabe el autor. Por ello apeló a todo su bagaje cultural, a la experiencia de sus años como redactor en El Caimán Barbudo, a su columna Los que soñamos por la oreja (Juventud Rebelde), espacios donde se ha dedicado a abordar las principales tendencias de la música cubana.

Ha realizado, además, análisis de los discos, los creadores y los movimientos, en torno a géneros como el rock, el hip-hop, el pop y la canción, aportando nuevas sonoridades al amplio arsenal, que es la música cubana, en su devenir histórico.

Infiero, que después de procesar toda esta teoría, la redacción fue fácil. Acostumbrado al ejercicio periodístico, donde se recomienda escribir cada día para no perder el hábito, Borges Triana ha hecho un considerable aporte a la música del país, tomándola como centro de investigación y dividiendo sus partes paraprofundizar en cada una de ellas.

Algunos de los epígrafes titulados con nombres de canciones (Como los peces, Gracias por el fuego, Lágrima de sol…), son prueba de cuánto la música cubana, en su devenir cercano, ha tomado de un contexto sociocultural.

El libro también expresa dosis de enjuiciamiento cuando cuestiona: “¿Qué significa la expresión «música nacional»? ¿Quién hace la determinación de «lo nuestro»? ¿Qué se quiere expresar cuando se habla de «lo propio» o «lo ajeno»? ¿Para quién algo en materia de música es «suyo» o de «otros»? ¿Por qué la maniática persecución de lo nacional en la obra de un músico al que lo que le interesa es, por ejemplo, cultivar alguna de las expresiones del metal extremo? ¿Será porque resulta difícil soportar el trauma de que la cuna nacional se vuelva relativa?”.

Preguntas que para ser respondidas requieren de muchas más páginas que las utilizadas por el autor;de otros enfoques sobre el tema; de la adopción de cambios en las políticas sociales, culturales e institucionales que se encargan de propiciar, promover y difundir la música cubana. Lo cierto es que, con este aporte, se enriquece el panorama. Se abren zonas para otros empeños investigativos. El concierto cubano comienza. La música sigue sonando bajo la marca de un divino guion.