El legado de Dorr

El legado de Dorr

  • Nueva edición de la primera novela de Nicolás Dorr,  El Legado del caos.
    Nueva edición de la primera novela de Nicolás Dorr, El Legado del caos.

Mi conocimiento de la obra de Nicolás Dorr se remonta a la segunda mitad de los años 80’s cuando, con catorce años, empezaba a escribir mis primeros textos. Con Las Pericas entré en un mundo extraño para mí, ajeno en aquel tiempo, difícil de entender para el poeta que en ese momento quería llegar a ser. Sufrí el susto propio de la edad y juré nunca más leer algo que fuera fruto de tan enigmático dramaturgo. Y aunque sabía que los intelectuales de la época lo tenían en un pedestal merecido, yo no podía comprender aquella precocidad que le hizo merecedor de ese premio en 1961 (tiempo que concebía yo como el inicio del Hombre Nuevo), primer paso hacia una obra que abría en la isla nuevos horizontes teatrales, nuevas formas de enfrentarse ante la vida.

Nicolás Dorr, con su peculiar manera de abordar la vida a través de personajes con determinados conflictos emocionales latentes en nuestra sociedad, y tocados a veces en la superficie por muchos, no solo muestra las fallas o logros de la misma, nos llevan a reflexionar sobre determinadas actitudes. Sus personajes se desarrollan entre situaciones absurdas donde abundan la ironía y el humor negro (y algunos de sus parlamentos parecen salidos de una mente retorcida, que aparentemente busca dolernos más que mirarnos, nos deja desnudos con su “crueldad”), esos dos remedios al que acuden a menudo los melancólicos.

En esta nueva edición de su primera novela, El Legado del caos (Ediciones UNIÓN, 2016), nos enfrentamos como lectores ante una historia dolorosa, estructurada en círculos infernales, según la tradición dantesca. Y vemos que la historia pasando de un lado al otro intensificó la separación de unos y la reafirmación de otros. Pero —y esa es una de las virtudes de El legado...— es que todos los que vivieron el proceso aparecen bajo la misma óptica, pues parece ser deseo del autor los lectores analicen, sin partidismos, lo peligroso que pueden resultar la obsesión y el fanatismo.

Una novela interesante, una novela para ser reflexivos, no fáciles jueces, porque si bien los hechos narrados parten de vivencias y situaciones ficcionadas de y por el autor, aún aparecen frescas en mi memoria las locaciones donde se desarrollaron las tramas, y donde la exaltación de muchos, la mala interpretación de otros, y la confusión de todos, sigue expuesta, mal que bien, en nuestra vía pública.

Porque El legado del caos es una novela que nos remite constantemente hacia la llamada historia patria, y, particularmente a sus inicios cómo República. El caos, el desmembramiento de los tiempos en los que se desarrolla, nos harán comprender un poco lo que caracteriza, como herencia, a esa especie de raro animal civil que son los cubanos. Porque, por debajo de ese aparente choteo que tan bien nos sienta a la hora y vida cotidiana hay, a veces, un ser magnífico capaz de tomar al toro por sus cuernos, y de dejar en determinado momento sus ambiciones por el bien común.

El legado del caos no es la novela de un dramaturgo, su violín de Ingres, sino un libro que brilla en su género por derecho propio, además de un espacio teatral de casi trescientas páginas donde dialogan y se entrecruzan las voces de la frustración y el erotismo, el riesgo del amor y la política, la seducción y la perversidad, la confusión y el orden de la historia. Y todo esto —bien nos lo harán saber esos personajes que son Fela, Nenita y Gerardo—, son, a pesar de todo, parte de nuestro más íntimo legado.