Historia de vida y desaciertos

Historia de vida y desaciertos

  • Relato intimísta, de soledad contado con sinceridad.
    Relato intimísta, de soledad contado con sinceridad.

Un guionista de radio escribe su historia de amor. Y publica un libro sobre esa historia de amor. Ernesto Pérez Castillo se llama el escritor; y un viaje es el protagonista de su relato El ruido de las largas distancias.

Es un libro en movimiento. Cuenta la salida de su amor para España y luego para otros países europeos; la tragedia de él en Cuba por querer estar con ella, allá; cuenta también la reunión de los integrantes del Partido Comunista de Cuba y el análisis de ellos para autorizar la salida de un militante que no aguantaba más la soledad de espíritu y de compañía.

Es un libro, son relatos de una circunstancia, de los años noventa en Cuba: la burocracia y las carencias, son vivencias de un hombre que celebra los treinta y seis años de vida, a quien le duele tomarse una cerveza solo, porque eso es lo más triste que existe, aunque también comprende que lo más triste es no tener con quién tomarse una cerveza el día del cumpleaños.

Ernesto Pérez Castillo debe ser alguien que piensa mucho lo que dice, o lo que escribe. Quizá sea un hombre de muchas palabras y de ideas concretas, certeras, acordes a la situación; debe ser un hombre confiado, de carácter, de poca sonrisa. Es un hombre de oraciones cortas, de verbos repetidos y de ideas repetidas también, de puntos y seguidos, porque necesita tomar un aire para reflexionar y seguir. Y seguir bien como en El ruido de las largas distancias.

Yo no lo conozco, solo intuyo su lectura.

Es un texto que demoró en escribirse. Es una temática sencilla pero dialéctica, cambiante, pensada, tal vez confesada a su amante. La lucha por el reencuentro basada en la emigración, y luego la historia de amor que se convierte en duda cuando la distancia es más poderosa y constante.

El ruido de las largas distancias tiene escenas de sexo secreto con la rubia que pasa siempre y mira, vacila, desea el sexo de Ernesto y que después tiene el sexo de Ernesto en su mano, y lo compara. A Ernesto la gusta esa rubia que la primera vez no le permite una erección y que después le provoca a ella gemidos, lecturas de los prólogos de libros y la escapada temprana en silencio. Y el regreso, siempre.

Ernesto cuenta su pedazo de historia de vida, o probablemente la historia de vida que le escuchó a otro, porque no es inventada. Tampoco es una ficción, es soledad contada con sinceridad.

Un día, Ernesto observa por la ventanilla de un avión una pancarta pintada sobre un muro de ladrillos, una pancarta pintada de rojo y negro que no dice bienvenido, dice Patria o Muerte: eso mira Ernesto, cuando regresa.