La tenista rusa vs amor de mulata

La tenista rusa vs amor de mulata

  • Cubierta del libro
    Cubierta del libro

La novela presentada por Ediciones Unión, La tenista rusa, de Antonio Carballo es un espléndido libro. Cuyos juegos de palabras se arrullan de manera atrayente, para conformar una historia sin fines moralizantes, y gracias a ello, otorgarle un nivel de realidad auténtico. Trasmitiéndole al lector esa sensación de certidumbre conseguida mediante una prosa diáfana narrada por un protagonista implicado en la trama. Este narrador personaje, a mi juicio, decide la riqueza de la novela. Relata sus vivencias a través del exquisito e innegable prisma del “macho cubano”.

Nos dice cómo piensa un hombre de su generación: alardea de ser un gran conocedor de la conducta femenina, hace juicios anticipados y equívocos sobre la conducta de la mujer hacia los hombres que la rodean, cela, es prejuicioso, miente cuando siente amenazado su orgullo de hombre en su relación con las mujeres, y también para ocultar un desliz amoroso, es dicharachero, con gran sentido del humor, mulato, pelotero y sentimental. Amalgama de rasgos que caracterizan acertadamente al protagonista. Dotado de un perfil sicológico coherente a las situaciones y experiencias por las que transita el exitoso jugador de beisbol, abrumado por la incapacidad de batear.

Se enamora a primera vista de una tenista rusa y va tras ella dispuesto a conquistarla sin la certeza de ser recordado por la mujer con la que solo cruzó unas breves e incomprensibles palabras y bajo la intensa lluvia del ciclón que se avecina. Trasfondo social en el que se desarrolla la trama y que permite la humanización de los personajes. Quienes dialogan sobres sus conflictos cotidianos mientras se preparan para la embestida del anunciado ciclón tropical. Aparecen perfilados como conversadores, solidarios, zalameros, a veces violentos, prejuiciosos  y racistas.

La incesante búsqueda del protagonista por alcanzar el triunfo al que ha sido predispuesto en su medio familiar, lo conduce por inesperados vericuetos de la existencia.

La historia, que también tiene sus escenas eróticas, desde la visión masculina, por supuesto. Lleva  implícita una interesante filosofía con la que su protagonista reflexiona, precisamente después de una intensa relación sexual con una mujer muy diferente, a la tenista rusa:

“Un instante de placer lúcido y limpio en el que uno es como es y no se anda torturando con ninguna estupidez humana, absolutamente desprovisto de esa asfixiante preocupación por el futuro, incluso el de los próximos cinco minutos, porque acaba de recuperar esa honestidad animal que todos llevamos dentro y vive siempre avergonzada por cuenta de la civilización”.

Tania, una mulata de “pelo malo, casi negra”, a la que apenas podía acariciar sus cabellos endurecidos sin sentirse culpable de la opinión racista de su madre. Revierte el significado de unos modelos morales, arraigados en el seno familiar y con ello, el narrador se empeña en destacar, el hecho circunscrito del racismo esbozado dentro de una magnifica historia de amor. Reduciendo la búsqueda externa de su realización personal hacia el interior de sí mismo, que le proporciona una nueva perspectiva de los valores humanos y de su posición dentro de la sociedad.  Favorecida a la luz de una naciente comprensión  de la relación hombre mujer que parece conducirlo a la autorrealización.

La tenista rusa, es una excelente propuesta de lectura, es una obra pletórica de vivencias que dejan constancia de las disimiles situaciones acarreadas por los cubanos.  Es un libro esencialmente antirracista, y su  filosofía aunque utópica, nos toca el alma.

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