Las albañales aguas de Reinaldo Medina

Las albañales aguas de Reinaldo Medina

  • Hay que escribir la historia de las derrotas, dijo un gran escritor.
    Hay que escribir la historia de las derrotas, dijo un gran escritor.

Aún recuerdo una frase del narrador Alberto Guerra cuando presentó Aguas albañales (Ediciones Unión), de Reinaldo Medina Hernández. “Debemos estar atentos a esas historias que sin tener la pretensión de ganar un premio literario ofrecen una mirada incisiva, una mirada cuestionadora que observa La Habana desde el costado”. Se sabe que la capital bien o mal observada de frente deslumbra y deprime. Buscarle el perfil, narrarlo, es una apuesta, y si esta ha logrado ganarse el Premio de Cuento Guillermo Vidal 2014 un tanto mejor.

¿Qué ha seducido a un jurado presidido por Marilyn Bobes, e integrado por Carlos Zamora Rodríguez y Antonio Pérez Rodríguez, para dar el premio de un certamen que tantos narradores quisieran ganar al volumen Aguas albañales? Quizás una de las pistas esté en ese “costado” al que se refiriera Alberto Guerra, entrevisto a través de un lenguaje seco y descarnado que no privilegia las imágenes sino la memoria, ese lento recorrido hacia el pasado donde se fraguaron tantas esperanzas y de ellas queda tan sólo retazos de un sueño que tuvo su mirada en un porvenir que se ha olvidado de ellos.

“¿Qué clase de país era este en el que una ingeniera química dejaba su carrera para venderse como una puta barata cualquiera?”, se pregunta Rodrigo en el cuento que le da título al libro. Un país que él abandona cuando la desbandada del Mariel, dejando esposa y tres hijos, y que, dieciocho años después, retorna en busca de una reconciliación.

 Difícil digerir de golpe los cambios transcurridos en su ausencia. Lo que asoma frente a sus ojos es una Habana que la palabra compañero ha desaparecido del vocabulario para imponer una jerga y una realidad que abre zanjas cada vez más profundas resaltando así las diferencias de clase que siempre se pretendieron ocultar y donde lo que era insulto ahora ha devenido en modo de vida. Rodrigo está hablando del jineterismo, la pesadilla que lo atormentará de por vida.

Relato crónica, Rodrigo desde que llega al aeropuerto va rememorando su existencia desde que fuera un niño hasta su vida en Miami, unos años marcado por la soledad y la nostalgia de un hogar abandonado, y también por contradiciones. Cuando su hermano decide irse a principios de los sesenta porque le han intervenido su pequeño negocio, él le llamará traidor y gusano, por su parte, Luisa, su esposa le escupirá la cara y otros insultos al enterarse de que él se marchaba.

¿Pero qué hace esta historia terrible?, ¿qué le hace decir al personaje “cómo podré seguir viviendo con esta culpa”? No es haberse marchado lo que tiraniza a este hombre. Es haberse deleitado con una rubia exquisita en una habitación del hotel donde decide hospedarse y al otro día cuando decide sorprender a su familia con su visita su exmujer le presenta a su hija, la misma rubia con la que se había acostado el día anterior.

Una imagen desoladora y simbólica cierra el cuento. Aterrado por haberse acostado con su hija contempla absorto el agua pútrida de la bahía de La Habana. De pronto flota en esa agua residual una flor y otra más. Se trata de una hilera de niños y niñas tirando esas flores al mar en recordación de la desaparición física de Camilo Cienfuegos. La pureza navegando en un torrente de agua turbia y pestilente. Lo puro mezclándose con lo corrompido. “Aquello fue como una revelación. Ahí estaba el secreto de la cuestión cubana”, dirá Rodrigo.

Mirar una Habana otra, cambiante para mal y por ello cada vez menos reconocible a la que se soñó, eso parecen definir los personajes de Medina quienes tendrán que abandonar un perro en un lugar lejano antes de verlo morir de hambre porque ni las sobran dan para alimentarlo, o aquel hombre manso e inteligente, profesor de una escuela, que desde niño han caído las insinuaciones de delincuente por ser negro, o del poeta que sueña ya no vivir de lo escribe sino ganar un concurso literario para poder comprarse un computadora de quinta mano ya que con el salario no le alcanza ni para invitar a un amigo a tomar cerveza o a comer a un restaurante.

Personajes marcados por el infortunio, la soledad y la derrota, seres atormentados, encerrados en aspiraciones que ven truncas desde el instante de soñarlas. Violencia, corrupción y desencanto. Magia, marginalidad y utopía fracturada. Impotencia y frustración. Desahogo, tristeza, sufrimiento. Hay que escribir la historia de las derrotas, dijo un gran escritor. Medina ha sumado su voz a ese llamado.