Un tardío pero seguro Premio David

Un tardío pero seguro Premio David

  • Cubierta del libro. Foto: Archivo UNEAC
    Cubierta del libro. Foto: Archivo UNEAC

El caso de Grisel Echevarría y su David, me recuerda la historia de Ismael González Castañer y su largo periplo socio literario hasta alcanzar este preciado lauro, si la mente no me falla, en 1999. El hecho es que “el delirante que progresa” de Ismael todos los años, en aquella época también difícil, acaso más difícil que esta, iba todos los días a casa del poeta Almelio Calderón a pasar en la máquina de escribir de este su libro Mercados Verdaderos, para enviarlo al David. Empezaba y nunca terminaba. Eso fue año por año, y el acto, mecánico pero efectivo, se diluía en sabrosa plática literaria con amigos que allí acudíamos, hasta que casi con 40 años gana el David. Grisel ha sido la última en publicar de su grupo generacional, sin desespero, después de haber participado sistemáticamente en las actividades literarias de la Torre de Letras, compartiendo este viejo oficio con su condición de cantante y artesana. Por tanto, en este momento, le aconsejo que haga algo que dijo Martí al respecto, que deje su obra publicada y comentada.

Y aquí está, por fin, su libro Historia Clínica[1], Premio David del 2015 con una atinada ilustración muy en consonancia con el contenido del libro debida a Leonel Hernández Sánchez, al que se me pidió que le hiciera la nota de contracubierta, y con ella y con el libro cumplí, redactándola. Ahora se me pide que lo presente. Pero generalmente cuando hago la nota no suelo ser la presentadora, porque estimo que si la reseña es como un ensayo en miniatura, con su misma tensión e intensidad,  la nota de contracubierta es también como una reseña condensada. Sólo por la estimación hacia la poeta, y por el hecho de que haber sido elegida para esta función, entre muchos, implica distinción, he aceptado. El libro en cuestión funde una poesía existencial con maneras experimentales en las que un íntimo impulso filosófico acompaña a la economía del lenguaje de la que hace gala esta escritura. Es una poesía seca, que adivina la unidad de contrarios, donde el instinto conceptual va describiendo ahogadas biografías del espíritu. Igualmente lo maquinal en el libro, al ser imposible la comunicación, se enseñorea de las formas y del contenido en espacios donde se nos muestra  la irrupción y el estallido, como partes hermosas de la realidad, pero también violentas:

S.O.S.

El niño frasco,

con misiva dentro,

se arroja del contén

                                 y estalla.

 

La hoja,

(movida por la velocidad

O estática por el peso),

se fragmenta en múltiples engranajes.[2]

Lo que se cuenta es una historia clínica donde lo sarcástico va bordeando inevitablemente a la existencia. En tal sentido en el libro lo fatal es parte de la respiración:

INERCIA

El sentido de las piernas es andar,

no encaminarse

el del cerebro, la meta.

según ley física,

la frente del paralítico

ha de impactar el pavimento.[3]

Por momentos estamos ante un lenguaje seco —casi maniatado, y que por lo cual llega a su opuesto— y obstinado, vestido con la frialdad de la ciencia al que el desgaste social se le antoja ensañamiento.[4] Se relatan historias injustas de nuestra realidad en las que vemos héroes traicionados, ideales pisoteados:

CONSERVA

Concedieron a mi padre

la distinción de honor

que nunca fue imán

entongando chatarra

ni salvoconducto

por cama en sanatorio.

¿Le exigen que abandone

la vida con dolor

a quien conserva una medalla?

Lo enfundamos en bolsa negra.

Concedieron a mi padre

la llave de la ley

que forcé una mañana.

Más oscuro que foso de penitenciaría.[5]

Aquí se ironiza con la crisis espiritual que nos corroe. Así amargas reflexiones son tejidas en textos parabólicos que abundan en el libro. La autora asume el riesgo de la construcción parabólica que puede en el libro llegar a ser no funcional. Aunque en sus textos más logrados dentro del libro demuestre que “la poesía es el abrir y cerrar una puerta, que deja conjeturando a los que miran sobre lo que se ve por un instante.”[6] Celebro en esta poesía la intensidad, la contención, el afán civilista, su profunda naturaleza reflexiva, la hoja del intelecto de la autora (movida por la velocidad o estática por el peso), que se fragmenta y se fragmentará en múltiples mensajes.

Notas:

[1] La poesía existencialista trata estos temas: la muerte como final de todo, la soledad del hombre, el nulo sentido de la vida y el más fuerte, ¿en verdad existimos o sólo somos el sueño de alguien más? Grisel Echevarría del Valle. Historia Clínica. Ediciones Unión, La Habana, 2017.

[2] Grisel Echevarría del Valle. Ob. Cit, p. 15.

[3]  Grisel Echevarría del Valle., p. 19.

[4] Véase el poema “Albergue”, p. 39.

[5] Grisel Echevarría del Valle. Ob. cit, p. 42.

[6] Carl Sandburg citado por Ernesto Cardenal. Prólogo a Antología de la poesía norteamericana. Caracas, Venezuela Editorial El Perro  y La Rana, 2007, p. xxvII