120 años de cine en Cuba: un libro, digno homenaje

120 años de cine en Cuba: un libro, digno homenaje

  • Portada del texto El nacimiento de una pasión: el cine en Cuba 1897-2014. Imagen tomada de Editorial Oriente
    Portada del texto El nacimiento de una pasión: el cine en Cuba 1897-2014. Imagen tomada de Editorial Oriente

Ya en artículos anteriores yo reclamaba que los 120 años de cine en Cuba en el 2017, no se celebraron como debiera; sin embargo, al menos por azar, fue cuando se publicó el libro de María Eulalia Douglas (Mayuya, como todos la conocemos cariñosamente) El nacimiento de una pasión: el cine en Cuba 1897-2014, de la colección Diálogo de la editorial Oriente (Santiago de Cuba), y con prólogo de un eminente de la Academia Cubana de la Lengua: Reynaldo González, quien tanto había aportado al tema; aunque como suele suceder, el lanzamiento de esta nueva obra no ocurrió ese año sino a las 2 pm del viernes 9 de febrero de 2018 en el Centro conocido como “Fresa y Chocolate” del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). Muchas veces, es un libro lo que se regala, que no pocos saben valorar muy bien; y a pesar de su aún escasa promoción, estoy convencido que el cine en Cuba al cumplir sus 120 años, agradece profundamente el esfuerzo de una de sus especialistas más emblemáticas, y que sin dudas merece más atención.

Nacida en San Juan de los Yeras, antigua provincia Las Villas, en 1928, comenzó a trabajar en el ICAIC en 1962, y en 1965 pasa a la Cinemateca de Cuba, donde deviene investigadora del cine cubano, en función de un intenso rescate de la memoria fílmica cubana. Publicó entre otros, El cine cubano en la prensa nacional y extranjera (1977), Guía temática de la producción del ICAIC (1983), La tienda negra (El cine en Cuba 1897-1990), que mereció el Premio Nacional de Investigación Cultural Juan Marinello 1997; y Catálogo del cine cubano 1897-1960; textos suyos están incluidos en antologías y selecciones de trabajos sobre nuestra cinematografía; y entre otros reconocimientos, ha merecido la Distinción por la Cultura Nacional, e integrar la sección de Crítica e Investigación de nuestra Asociación de Cine, Radio y Televisión de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

Ahora, en 405 páginas, desde una breve introducción hasta la extensa y valiosísima entrevista que le hizo Christian Dimitriu, secretario ejecutivo de la Federación Internacional de Archivos de Filmes (FIAF, fundada en París en 1938 entre entidades de Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y Alemania, asociación hoy con más de 150 instituciones de casi 80 países y sede en Bruselas, Bélgica, para conservar y difundir el patrimonio cinematográfico, que en el 2001 creó el Premio FIAF) al visitar Cuba en el 2010 (falleció el 12 de abril de 2016 con 70 años de edad), que publicó en el Journal of Film Preservation, órgano oficial de la FIAF, con sus recuerdos y vivencias de ella en el Icaic, que enriquece al texto con la calidez humana de que suelen carecer otras fuentes bibliográficas, al aprovechar sabiamente el testimonio singular de décadas de vida (más que de trabajo) de la autora en el medio, con sus anécdotas, emociones, juicios hasta con la humana opción de errar, como todo juicio, pero con toda la honestidad a que invita tal monografía de semejante autora, multiplica con su convincente humanidad al mismo tiempo, su rigor científico y el vuelo artístico que en tanto literatura, exige tamaña empresa.

En lo personal y no menos profesional, me es inevitable remontarme al Dr. Raúl Rodríguez, quien en el posgrado que impartió en 1991 y su libro El cine silente en Cuba (1992) e igual que hoy Mayuya, con la grandeza de la sencillez, me ratificó mi hipótesis con la que me licencié en Historia del Arte en 1982, cuando no carentes de egocentrismos, aún se insistía en que no había cine cubano antes de 1959, y se saboteaba así tanto del patrimonio y la cultura cubanos.

Son numerosos los protagonistas del cine cubano más antiguo (aunque también, más contemporáneos) que injusta y fatalmente para nuestro patrimonio, han sido hundidos en el anonimato, condenados al olvido, pero no pocos de ellos, Mayuya nos los devuelve en toda su lozanía y aportes, y aborda las constantes interrelaciones del cine cubano con otras cinematografías y culturas del orbe, y los tantos valores vitales al cine que otros autores han subvalorado o simplemente, les ha faltado la visión de incluir, y en los que sin embargo, estas cuartillas se detienen; por solo citar un ejemplo, el vestuario, y en particular la obra de una Maestra como María Elena Molinet.

Finalmente, el título nos llega como acertada apropiación posmoderna, guiño homenaje a aquella obra maestra del cine estadounidense, El nacimiento de una nación (1915) de David Wark Griffith (1875-1948), para muchos al menos entonces, “el padre del cine moderno”, una de esas películas que tantas obras y debates ha inspirado en el cine cubano y de otros países. Quizás no sabía el cineasta el hito que estaba marcando, de la misma manera que tal vez, no sepa Mayuya, que este libro que ahora nos brinda como aquel filme de marras, será sin la menor duda, obligado material de referencia e inspirador para futuras generaciones de expertos, diletantes y todo motivado en el cine cubano.