Aluán Argüelles: Recent Flights

Aluán Argüelles: Recent Flights

  • Aunque el artista es de los que viajan para acrecentar sus conocimientos, no por eso deja de tener en cuenta las realidades de su tierra. Fotos: Ernesto Brallan
    Aunque el artista es de los que viajan para acrecentar sus conocimientos, no por eso deja de tener en cuenta las realidades de su tierra. Fotos: Ernesto Brallan
  • Aunque el artista es de los que viajan para acrecentar sus conocimientos, no por eso deja de tener en cuenta las realidades de su tierra. Fotos: Ernesto Brallan
    Aunque el artista es de los que viajan para acrecentar sus conocimientos, no por eso deja de tener en cuenta las realidades de su tierra. Fotos: Ernesto Brallan

La presentación de una exposición personal de un artista nos coloca ante el horizonte de sus intereses. Eso puede observarse en la Galería Villa Manuela de la UNEAC, donde se presenta hasta fines de noviembre una expo personal de Aluán Argüelles.

Nacido en 1982 en La Habana, despunta con seriedad y habilidades expresivas. Su formación académica da prueba de su afán de superación artística e intelectual. Es graduado de San Alejandro (2002) y del Instituto Superior de Arte (2008), con una pasantía en 2007-2008 en Special Student Program, Royal University College of Fine Arts (KKH), Estocolmo, Suecia. A lo cual siguió en 2009, el haber sido Artista en Residencia en Vermont Studio Center, y en 2011, Artista en Residencia, Museo Internazionale Dinamico di Arte Contemporanea, Italia. Ha de seguirse con esmero por la crítica su itinerario de viajes formativos y de creación en los próximos años para ver su desempeño ulterior.

Si parto de lo observado en esta muestra personal, diría que la expresión “Menos es más”, ese caro principio que triunfara en la modernidad arquitectónica, es el signo de su filosofía plástica. Un caracterizador minimalismo lo señala. Sus piezas en esta exposición así lo prueban. Reducir la imagen a lo esencial le conduce a la sistemática búsqueda de un pensamiento preciso, sustentado en la eliminación de lo accesorio, de lo no imprescindible.

Sus piezas no entran en competencia visual entre sí. Se sostienen en su espacio vital sin molestar la percepción de las demás, sin entrar en conflicto de atracción perceptiva respecto a sus cercanas. Las figuras artísticas quedan aisladas de su entorno, rodeadas de un espacio vacío circundante. Logrado hábilmente en la distribución espacial del montaje realizado por los especialistas de esta galería, favoreciendo lo que está de por sí en sus obras. El resultado es muy atrayente. Se perciben las obras con tranquilidad, sin esfuerzo, coincidiendo con la estética arquitectónica referida. Nada queda en ellas fuera de nuestro campo de observación. 

En su universo plástico incorpora las palabras para precisar el sentido de las mismas.  Asume esa función semántica acoplada a las formas retinianas del arte. No hay contradicción alguna. Las palabras devienen signo gráfico, más allá del registro de lo dicho. Sirven de catapulta a los mensajes implícitos. Prefiere mantener a estos sentidos completamente subyacentes en espera de la astucia del observador.

No es de los artistas enigmáticos. No lo es tampoco al hablar con él. No encierra los sentidos en burbujas inatrapables. Se confiesa en sus obras, las que encuentro dotadas de un valor coloquial, como lo hiciera la poesía desde décadas atrás en nuestro medio literario.

Gusta de las series. Emplea en ellas la recurrencia de los motivos. En la serie Vigilia, realizada en 2017, despliega ante nosotros varias almohadas de avión de un color oscuro, dispuestas en fila, como si se tratara de la alineación de los asientos y de las personas recostadas en un avión. Cada una tiene bordado el escrito de un pensamiento sintético. Almohada y texto están en el lugar de la persona. Son muchos los involucrados. Es el pensar de uno y de muchos a la vez.

Las ideas en ellas dan fe de una ansiosa e inquietante actitud de espera. Les da rienda suelta como si se tratara del fluir de la conciencia, a la manera de James Joyce pero de viajeros cubanos, pues de ellos se trata. Preocupados siempre por rebasar la frontera de la aduana ante las incertidumbres provocadas por el peso de las maletas, llenas de objetos comprados con el notorio esfuerzo de los de allá para los de acá. Como si tratara del peso de una quejosa y angustiosa culpa, al no poder desprenderse de transitar con zozobra por ese espacio intermedio del mundo. La forma recuerda las herraduras de los caballos, esas que en el imaginario popular de antaño significaban suerte a su portador, probablemente un apoyo sobre el cual reclinar la cabeza y descansar del tormento que entraña salvar los avatares aduaneros.

Léanse los textos incorporados a esas piezas para testimoniar los deseos ocultos de esos pasajeros, capturados en fragmentos: “…el peso de mis maletas…”; “…llegar bien, que no me paren en la aduana…”; “… buscar lo que me hacía falta…”. Ideas persistentes en esos viajes, tanto de ida como de vuelta, convertidos en una aventura, en riesgo, dadas esas circunstancias; fuera del disfrute de haber podido pasear en otras tierras, de conocer otros mundos.

En la serie Souvenirs, 2018, montados en cajas de luz, son mostrados los listados enumerados de prendas y objetos, los trasladados o los previstos traer de antemano. Son los únicos constituyentes de la obra en forma únicamente de palabras, cuya imagen invariable cuenta las persistentes e ineludibles necesidades a cubrir en la vida material del día a día, también un objetivo central por el cual, de paso, se realizan los viajes. Listado pedestre al cual los desplazamientos están unidos invariablemente. La enumeración de lo escrito en ellos es suficiente para dejarnos perplejos de cuán simple es la ecuación por la cual, en parte, los realiza la gente.

Otras piezas se disponen en la sala, pertenecientes a la serie Sobrepeso, 2018. Son bultos muy apretados, envueltos con nylon retráctil y el nombre de su destinatario en Cuba, al modo acostumbrado por los viajeros cubanos en los aeropuertos. A lo cual se suma otra pieza instalativa de esa misma serie, pero realizada en concreto. Material que de por sí describe la culpa delatada en el exceso de equipaje referido en su título. Signos todos de la sobredimensión sicológica que alcanzan las emociones de los viajeros por el hecho de su traslado.

La pieza Jet lag, 2018, nos sitúa ante la experiencia simulada del viaje, tanto para los que hemos salido y para los que aún no lo han hecho. En el transcurso de sus 4,01 minutos, nos pone ante la imagen de una escotilla que sirve de un simulador de viajes. Ser observador en una ventanilla de avión es el acto sumamente placentero y liberador de contemplar las nubes. Esa experiencia es de por sí una vivencia puramente  individual.

En esta video-instalación se abre el espacio bidimensional a una perspectiva tridimensional. No es un video juego. Es una realidad dura la ofrecida. Un hecho.  Su propósito es colocar al observador en una situación de realidad cuasi inmersiva. Que lo transporte a esa circunstancia tan singular de ver pasar las nubes debajo o a su lado en el avión, fuera de las ataduras de la tierra a donde sus vidas están atadas. Libertad sentida en el estremecimiento inefable producido por laflotabilidad, en el desprendimiento del suelo dejado atrás, donde parece en cambio redoblarse en exceso el peso físico y emocional de la gravedad. Su mirada de artista en esta exposición está puesta en hacer sentir al público esa amplitud espacial en la cual la respiración se suspende y se alcanza una sensación de plenitud.

Aunque él es de los que viajan para acrecentar sus conocimientos, no por eso deja de tener en cuenta las realidades de su tierra, que le hacen participar también de esas inquietantes zozobras en los viajes. Él se convierte en un cronista de su tiempo con estas obras mostradas en la galería de la UNEAC. Tal vez sea esa su impronta, lo que dejan sentir y testimonian sus piezas, al menos las aquí expuestas.