Consagración: estreno mundial de Danza Contemporánea de Cuba

Consagración: estreno mundial de Danza Contemporánea de Cuba

  • Danza Contemporánea de Cuba concibe una versión realmente personal, con la intensidad expresiva que le es inherente. Foto tomada de Cubadebate
    Danza Contemporánea de Cuba concibe una versión realmente personal, con la intensidad expresiva que le es inherente. Foto tomada de Cubadebate

Danza Contemporánea de Cuba, que dirige el maestro Miguel Iglesias, Premio Nacional de Danza por la obra de la vida, está presentando en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana (GTH) Alicia Alonso, el estreno mundial de Consagración, de los coreógrafos franceses Christophe Béranger y Jonathan Pranlas-Descours. 

Completan el programa Más allá del polvo, de Miguel Altunaga, R=V (El criterio del camello) y Matria etnocentra, de George Céspedes, Premio del Certamen Iberoamericano de Coreografía (CIC) Alicia Alonso, Equilux, de la artista británica Fleur Darkin, y Coil y El cristal, de Julio Cesar Iglesias.

El laureado director de la emblemática compañía vuelve, una vez más, a la antológica partitura La consagración de la primavera, llevada al pentagrama sonoro internacional por el genio de Igor Stravinsky (1882-1971), en homenaje a un aniversario más del natalicio del eminente músico y compositor ruso. En esta ocasión, con el acompañamiento musical de la Orquesta del GTH Alicia Alonso, que dirige el maestro Giovanni Duarte.

El riesgo que corre cualquier interpretación de esa obra ha sido eliminado por completo en el archipiélago cubano con medios muy propios de la personalidad básica de ese mestizo único e irrepetible, que vive, ama, crea y sueña en la mayor isla de las Antillas: movimientos de caderas, hombros y torso, con la soltura, sensualidad y erotismo que lo caracterizan, pero arraigados en la sólida técnica en que se estructura el arte danzario en general, y la danza contemporánea en particular.

Así las cosas, DCC concibe una versión realmente personal, con la intensidad expresiva que le es inherente. .Al respecto, los creadores galos captaron —con gran inteligencia global y emocional— la forma “sui generis” de moverse que singulariza a los integrantes de la agrupación (insulares ciento por ciento), y concibieron una coreografía donde cubanía y universalidad se funden en cálido abrazo.

Destacar en esta crónica periodística la excelencia artístico-profesional que identifica a los miembros de DCC en cualquier escenario local o foráneo, deviene una suave caricia al intelecto y el espíritu humanos, ya que los artistas les imprimen la flexibilidad necesaria a los movimientos corporales, los cuales intelectualizan y espiritualizan; por ende, irradian sobre el auditorio el haz de luz que brota del mundo interior de los bailarines, y en consecuencia, les transmiten a los amantes de la danza contemporánea, así como a los colegas de la prensa especializada que cubren estas funciones, la fuerza vital y energía positiva que emanan de lo más profundo del ser..

Con otras palabras, los danzantes bailan con el cuerpo, la mente y el alma, ya que expresan emociones, sentimientos, pensamientos, lo cual les facilita establecer la relación mágica artista-espectador.

Los fieles seguidores de la compañía reciben esas muestras inobjetables de virtuosismo técnico-interpretativo por parte de los bailarines, y experimentan, de la piel hacia dentro, las más variadas sensaciones placenteras que les hacen crecer, al decir martiano, «como las palmas […], como los pinos», desde los puntos de vista intelectual, humano y espiritual..

Desde una óptica objetivo-subjetiva por excelencia, habría que señalar el hecho de que los intérpretes sienten la danza contemporánea como una realidad que fluye dentro de lo inmóvil y se hace movimiento corporal, que implica —además— los más disímiles estados subjetivos del yo. Para ellos, esa manifestación artística es, al mismo tiempo, efímera y eterna, porque procede — ¡quién lo duda!— de la esfera afectivo-espiritual En este caso, sensibiliza — ¡y de qué manera!— a quienes participamos en las aplaudidas presentaciones de DCC en el legendario Coliseo de La Habana Vieja