Conversación con los difuntos amigos de Eliseo Diego

Conversación con los difuntos amigos de Eliseo Diego

  • Cubierta de Conversación con los difuntos, de Eliseo Diego (cortesía Ediciones Holguín)
    Cubierta de Conversación con los difuntos, de Eliseo Diego (cortesía Ediciones Holguín)

El poeta Eliseo Diego (1920–1994) reunió en un libro sus diálogos poéticos, mediante la traducción literaria, con muchos de sus amigos muertos, esos que le hablaban desde las páginas de un libro y a través de la poesía. Así tradujo en Conversación con los difuntos, reeditado por la Colección Áticos, Ediciones Holguín, 2016, parte de la obra de doce poetas de habla inglesa que, en varios momentos de su vida, conversaron y acompañaron, como tutelares resguardos, el existir cotidiano del autor de En la Calzada de Jesús del Monte y Por los extraños mundos.

Eliseo Diego lo deja claro en las palabras introductorias del libro, con edición de Eugenio Marrón Casanova y corrección de José Luis Serrano: “Toda traducción es imposible, ya lo sabemos. Pero también la poesía es imposible y no vacilamos en acometerla con audacia y temor y a veces hasta con no mala fortuna. Mis puntos de vista en torno al fascinante aspecto del proceso creador que llamamos traducción no pueden ser más simples, como corresponde al ingenio lego que soy por naturaleza (…) Una buena traducción, me parece, no pude aspirar a más que a evocar una sensación similar a la del original en la nueva materia idiomática donde ha encarnado”.

Así, Eliseo nos entrega sus versiones de doce poetas donde, nos dice él, intenta traernos “el aroma” del texto original. Si bien es cierto que muchos de esos poetas son actualmente poco leídos, incluso en su idioma original, y que, salvo algunos de ellos, pasarían algo inadvertidos por el lector común en la compleja vorágine de la literatura y la lectura contemporánea, es cierto que otros conforman el corpus obligatorio de la literatura universal, y sus resonancias han llegado a poéticas actuales, donde encuentran disímiles seguidores. Por eso nos regaló Diego estos autores, porque le acompañaron bien, y él, agradecido, quiso retribuir la sincera compañía de un buen poema a quienes no pueden leerlo en su idioma original, cosa que, como sabemos, en estos casos, sería lo ideal. Por eso Conversación con los difuntos es una edición bilingüe, donde, en letra más pequeña y después del poema, aparece el texto en su idioma original.

Cada uno de los poetas está presentado con un texto introductorio, donde Eliseo Diego, en ocasiones casi pedagógicamente, nos dice de su amistad literaria con ese autor y de las complejidades (venturas y desventuras) de la traducción de los poemas seleccionados. El porqué de estos poemas y no otros, nos dice, es un misterio que ni él mismo sabría responder…

El primero, pues aparecen cronológicamente, es Andrew Marvell (1621–1679). Poeta metafísico, amigo y ayudante de John Milton, y admirador del político inglés Oliver Cromwell, de Marvell leemos su poema “A su esquiva amante”. Mientras que del poeta, erudito clásico y profesor de historia en la Universidad de Cambridge, Thomas Gray (1716–1771), dueño de una poesía no muy abundante, pero sí selecta, escoge “Elegía escrita en un cementerio de campo” (1751). De Gray nos dice algo que podríamos aplicar a los restantes poetas y a la propia obra de Eliseo Diego: “Siempre que un hombre amansa a la tristeza o a la angustia y a la soledad volviéndolas poesía, nos ayuda a soportarlas haciéndonos sentir cuánto vale, después de todo, el Hombre”.

Otro de los poetas incluidos es Joseph Blanco White (1775–1841), escritor, pensador, teólogo, periodista, sacerdote católico y unitarista de origen español, autor de “A la noche”. Le sigue uno de los autores con obra más conocida, el poeta y dramaturgo inglés Robert Browning (1812–1889), entre los autores más importantes del siglo y de la poesía en lengua inglesa. De él Eliseo seleccionó “El obispo ordena su sepulcro en la iglesia de San Práxedes”. Además, el crítico y poeta inglés Coventry Patmore (1823–1896), con “Despedida”, y Ernest Dowson (1867–1900), poeta, novelista y escritor de relatos cortos inglés, asociado al decadentismo, cuya “Non Sum Quails Eram Bonae Sub Regno Cynarae” leemos en el libro.

Los siguientes autores tutelares para Eliseo Diego son varios de los más conocidos del libro, por sus mismas resonancias: el escritor y poeta británico nacido en la India, Rudyard Kipling (1865–1936). Autor de relatos, cuentos infantiles, novelas y poesía, a Kipling se le recuerda por sus relatos y poemas sobre los soldados británicos en la India y la defensa del imperialismo occidental, así como por sus cuentos infantiles. De Rudyard Kipling escogió “El espejo” y “Canción de cuna para Santa Elena”. Además, el polifacético G. K. Chesterton (1874–1936), escritor y periodista británico que cultivó, entre otros géneros, el ensayo, la narración, la biografía, la lírica, el periodismo y el libro de viajes. De sus poemas, Eliseo escogió “Para los cuatros gremios”.

Del poeta, cuentista, ensayista, dramaturgo y novelista inglés Walter de la Mare (1873–1956) leemos los poemas “Otoño”, “Todo el pasado”, “Epitafio”, “La pequeña Fina T.”, “Canción del príncipe loco” y ¡Ay de mí! De la Mare, contemporáneo y amigo de G. K. Chesterton, J. M. Barrie y Thomas Hardy, fue considerado por este último como uno de los poemas más importantes del siglo, cuya obra sigue siendo incluida a menudo en las antologías de poesía inglesa.

Mientras que de la poetisa, dramaturga y feminista estadounidense, Edna St. Vincent Millay (1892–1952) leemos “V”, “Para Pao–Chin, remero de mar amarillo” y “Vasija india”. Edna St. Vincent fue la primera mujer en recibir el Premio Pulitzer de Poesía y es la única mujer que incluye Eliseo Diego en su conversación con sus amigos difuntos, pues, asegura, “me enamoré yo sin remedio (…) no más con solo mirar su foto de muchacha”.

Con dos grandes poetas de todos los tiempos finaliza Eliseo Diego su Conversación con los difuntos, publicada por Ediciones Holguín con diagramación de Rebeca Pantoja y diseño de portada de Roddier Mouso Bahr, a partir de una foto de Héctor Luis Céspedes, donde observamos un ángel con rasgos femeninos, de esas estatuas que, comúnmente, custodian los fastuosos panteones en los cementerios citadinos: William Butler Yeats (1865–1936) y Langston Hughes (1902–1967). Del poeta y dramaturgo irlandés, galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1923 y uno de los fundadores del Abbey Theatre, con una obra envuelta en un halo de misticismo, leemos “Un aviador inglés prevé su muerte”, “Cuando seas vieja” y “Caída majestad”. Mientras que del poeta, novelista y columnista estadounidense afroamericano, Langston Hughes, amigo del cubano Nicolás Guillén e impulsor del llamado Renacimiento de Harlem, conocido, sobre todo, en su aspecto sonoro, Eliseo Diego incluye sus textos “Viejos políticos”, “Cuando Susy viste de rojo”, “Cruz”, “A una pequeñita amante muerta”, “Nota de un suicida” y “Epílogo”.

Eliseo Diego, “uno de los más grandes poetas de la lengua castellana”, según nos recuerda en la contracubierta Gabriel García Márquez, nos entrega “versiones suyas en clave de traducción poética” de estos amigos que, en el idioma de Williams Shakespeare, acompañaron felizmente sus días y que él insiste, como un padre prudente y sabio, acompañen los nuestros. Dejémosle entrar, conversemos también con estos difuntos amigos, bajo la luz eterna de la poesía y la mirada agradecida de Eliseo Diego.