Dark y Montoto: claridad en la bruma

Dark y Montoto: claridad en la bruma

  • La Muerte del Behíque, pintura al acrílico. Foto del autor
    La Muerte del Behíque, pintura al acrílico. Foto del autor
  • Mal de ojo, escultura de resina y vidrio, toda una ironía en posibles significados. Foto del autor.
    Mal de ojo, escultura de resina y vidrio, toda una ironía en posibles significados. Foto del autor.
  • Dividendo, igual de irónica, voluminosa e inquietante. Foto del autor
    Dividendo, igual de irónica, voluminosa e inquietante. Foto del autor

Ahora, lejos de los flashes, las cámaras y los selfies, sin la influencia y la afluencia del etanol en venas y neuronas —tan común en estos entornos—, me enfrento, en el solaz de una tarde veraniega y la complicidad de las obras en este recinto apacible que constituye la Galería Gorría, a Dark, exposición personal de Arturo Montoto, recientemente inaugurada.

No están ya los comentarios, los susurros y hasta la algazara de muchos que suelen asistir a ese día, supuestamente triunfal, de la inauguración de una muestra. No hay poses ni afeites —damas excelsas engalanadas en oropel, caballeros estancos de soslayada mirada; en su defecto, los más fieles trasgresores de la etiqueta, o el habitual adicto al cóctel—, mucho menos los aludidos 10 minutos de fama, tan aclamados y solícitos por algunos de falsa impronta y efímera permanencia.

Y es que estas obras y su creador escapan a unos pocos minutos de proscenio para convocar desde la trascendencia. Desde la soledad cómplice y solidaria que brindan estas 8 piezas, comienzo el viaje, cuando no encontronazo, con esta propuesta de libérrima soberanía.

Esa es una de las características que, a mi juicio, exhalan estas piezas, aun para el más trastornado de los mortales que la encaran. Logran, desde lo individual hasta la mirada en conjunto, acertada soberanía en el lenguaje visual; de modo que cada una de ellas narra su propia historia para juntas, dialogar en simétrica conversación.

Pero esta conversación, a pesar de un hilo conductor, por momentos, se torna elíptica. La elipsis aquí está en función de crear un silencio hablador, sugerente; tal vez una de las intenciones de la curaduría, a cargo del crítico David Mateo y por supuesto, de su creador, Montoto, hombre de inquietante exploración en el diálogo plástico.

En Dark, el pintor, grabador, fotógrafo y pedagogo, se sumerge, una vez más, en una de sus obsesiones si no, dicho categóricamente, su obsesión: la naturaleza muerta y los objetos. Famosos sus lienzos en los que combina ambos elementos: frutas y objetos, discursan en las más variadas de las miradas.

En un primer renglón de su extensa producción artística y en la cual no deprecia la mayoría de los formatos de la plástica, sus lienzos recreaban elementos naturales, casi petrificados en la tela, de una sutil y delicada línea; el fondo y el entorno eran asumidos desde el tratamiento excelso de la gama y posibilidades de colores que da la paleta en su más ancestral forma; de manera tal que argumentaban el lenguaje visual, si no contemplativo, insidiosamente conceptual y minimalista en ocasiones.

Más adelante, el artista agregó otros elementos en la composición de sus cuadros, la mayoría de estos, objetos de diversa índole. Aquí, igualmente, lo conceptual era puro. Ahora, no le bastó con eso y, dando continuidad a su obsesión en acto osado y autónomo, dio volumen tridimensional a esa naturaleza muerta y objetos. Decidió petrificar completamente a escala mayor objetos y frutas, manera de trasgredir y afianzar su discurso. 

De ahí veremos que las famosas frutas en sus telas, están aquí desafiantes ante la mirada de los espectadores. Una tajada de melón, nombrada Dividendo, toda una ironía con un elemento natural común de nuestros campos, deslumbra imponentemente.

También una pelota de béisbol descomunal, elemento lúdico y de múltiples significados en el ideario cubano, cuyas costuras, enlazadas por hilos de estambres de colores variados, frente al negro opaco dominante en su cubierta, logran armonía y secuencia visual de infinidad de lecturas. Sutura, nombre de esta pieza, exalta en sus costuras, es mi lectura personal, los remiendos de un todo fragmentado y el intento de que sobreviva.

Otro tanto sucede con el huevo de gallina, nombrado Mal de ojo, listo para su uso parece decir, frente a la oscuridad de su cáscara quebrada; contradictoriamente, la yema, elemento vital y sustento, mantiene su amarillo característico. Y esa gran canasta que su nombre lo dice todo, Agua y carbón, sin comentario. En general, la ironía, contenida algunas veces en los nombres y clave para entender las piezas, preside estas obras.

El gran reto de estas piezas volumétricas es la galería, allí donde no solo un especialista, sino, la persona común se enfrenta al hecho artístico. Se hace común en la contemporaneidad el uso de la mayéutica, ese diálogo entre el interlocutor y la obra, mediante los índices y códigos que el creador quiera o no, dar. Sacar sus propias conclusiones, decodificar el mensaje, o acaso, simplemente, contemplar y encender las más variadas sensaciones, es la encomienda.

Mientras, en los lienzos, en su mayoría, Montoto dio riendas sueltas en la composición, barroca por excelencia. Una serie de elementos de nuestra cubanía e idiosincrasia —alegóricos y asociativos—, dispuestos armoniosamente, circunvalan en el cuadro, según aprecio, una idea central: la permanencia frente al alud de lo efímero; aunque por momentos la lectura se torne abstracta, dado el abigarramiento de la figuración.  

De nuevo los nombres son clave en la interpretación de la representación en las telas, desde esa característica típica del cubano, la broma e ironía, el clásico y contemporáneo “chucho” criollo, nos muestra las posibles interpretaciones. Tal es el caso de La muerte del Behíque, donde el referente de ese curandero o brujo dignatario y típico de nuestros campos, desata las más posibles exégesis a la figuración abstracta en el cuadro.

Destacar en especial, esta nueva dimensión del creador, visto aquí como artista corporativo —se hizo acompañar de varios asistentes—,  pero sin perder su esencia creadora.

He dejado para el final, a ex-profeso, un elemento capital y leitmotiv de la muestra: el color negro. Montoto acudió a la llamada ausencia de luz que constituye ese color. No es de gratis: sus obras han querido discursar desde las antípodas que sugiere la definición, desde la oscuridad brindan luz. 

Aventurarme en relacionar algunas de estos trabajos con el Arte Pop y todo su entramado, en especial la mirada del objeto común como arte, con nuevos significados al llevarlos a la galería, sería tal vez un acto cruel. Sin embargo, ciertas alianzas con esa tendencia emergen en Dark, entiéndase las metáforas que estos objetos subrayan como lo cubano, su idiosincrasia y lo marginado; trasladan al hombre común, su mundo y permanencia frente a lo global.

Pero asumo el riesgo, la excomunión y encaro la deleznable tarea: algunas líneas discursivas de Pop art confluyen si no coinciden —aunque someramente— en Dark. Como es ya sabida la utilización del objeto como metáfora de lo social-humano, fue emprendida por integrantes de esta tendencia, desde su  figura cimera, Andy Warhol y sus famosas latas de sopas Campbell´s, hasta Jeft Koons y sus inflables.

Es en este último, donde, según mi opinión, existen determinados puntos de contacto con la muestra “montotiana”, tanto en la estética como en el tratamiento estilístico; si en Koons, la alegoría testimonia una sociedad de consumo y todos sus ambages desde la burla, en Montoto, reafirma valores propios y permanencia de nuestro entorno, así como auscultación sobre el peligro de lo global, todos desde la ironía y el juego lúdico.

Que estas esculturas, luego de ser “extraídas” de sus clásicos cuadros  y llevadas a dialogar en el espacio galerístico, junto a estos lienzos cargados de símbolos, riposten frente a los ojos de los espectadores, no es regalía fatua: enriquecen la representación y posibles significados.

De manera general, Dark y su autor, cuestionan el aquí y el ahora, involucrándose sutil e irónicamente desde lo antagónico; lo oscuro, asociado a lo negativo, a la ausencia, pero aquí travestido, condición latente en nuestra acontecer humano y social.