El viaje de Sergio y Serguéi

El viaje de Sergio y Serguéi

  • Fotogramas de Sergio & Serguéi de Ernesto Daranas, 2017. Fotos tomadas de Internet
    Fotogramas de Sergio & Serguéi de Ernesto Daranas, 2017. Fotos tomadas de Internet
  • Fotogramas de Sergio & Serguéi de Ernesto Daranas, 2017. Fotos tomadas de Internet
    Fotogramas de Sergio & Serguéi de Ernesto Daranas, 2017. Fotos tomadas de Internet

Más allá de los efectos visuales atípicos en la filmografía insular y del acercamiento a una vuelta de turca llamada eufemísticamente Período Especial, Sergio & Serguéi (Ernesto Daranas, 2017) resulta, desde una peculiar historia, el reflejo del movedizo tablero político en los estertores de la Guerra Fría: dos potencias, Estados Unidos y la URSS, y entre ellas un pequeño archipiélago del Caribe, siempre porfiando en la geopolítica mundial.

Sergio & Serguéi —cargado del humor atípico en buena parte del cine insular y que ahora enfoca sus ángulos a la inventiva “luchadora” del cubano como reflejo de la situación económica y política— está plagado de personajes arquetípicos y símbolos del frustrado hombre nuevo: el soviético Serguéi (Héctor Noas) se descubre ruso y varado en la estación espacial Mir; por su parte el cubano Sergio (Tomás Cao) es profesor en el Instituto Superior de Arte (ISA) de una asignatura que empieza a sonar prehistórica: marxismo-leninismo, por lo que intenta sobrevivir a las carencias de un Período Especial que arrecia la Isla como un huracán, aunque en ambos personajes sobrevuela cierto optimismo.

Este Sergio, perfilado por el director de Los dioses rotos (2009) y Conducta (2014), bien podría establecer cierto paralelismo sociohistórico con el Sergio de Memorias del subdesarrollo (Tomás Gutiérrez Alea, 1968) o bien podría ser, digamos, el hijo de este Sergio de Alea y Desnoes, treinta años después, ahora en similar situación de derrumbe pero quizá con menos salidas y en un contexto de degradación moral y sobrevivencia que caracterizó la época y sigue dejando sus huellas. Por su parte, Peter (Ron Perlman) representa —y ahí volvemos a la marca simbólica— a Estados Unidos y las añejas diferencias. Aunque se hubiera podido desarrollar más su personaje en la historia, este periodista residente en Nueva York y emigrante polaco que conoció cuando niño los horrores del estalinismo, se dedica a investigar la carrera espacial, mientras mantiene rejuegos con la Oficina Federal de Investigación (FBI) y revela diferentes formas de corrupción de su gobierno.

Sergio, radioaficionado y en una situación compleja laboralmente —incluso es acusado de perestroiko, lo peor en ese momento, nos dice—, contacta casualmente con Serguéi en la estación espacial Mir, cuyo personaje está basado en la historia real del cosmonauta e ingeniero Serguéi Krikaliov, y establecen una amistad más allá de las peculiaridades y condiciones de cada uno: dos mundos que se han ido “cociendo”, como la metáfora del sapo de Serguéi, hasta eclosionar uno y el otro entrar en una crisis —no solo económica— que palpamos en el filme gracias a una adecuada y detallista dirección de arte.

El desenlace de la historia podría resumirse: el soviético-ruso baja del espacio, pues el estadounidense ha movido sus relaciones en el FBI, gracias a que el cubano, que permanece aferrado a la Isla, le mantiene informado y le pide ayuda... Los otros personajes son colaterales y algunos, notamos, están “cosidos” a la historia: Ramiro (Mario Guerra), el típico oportunista que aparece en toda situación de crisis; la agente Lía (Yuliet Cruz); Ulises (Armando Miguel Gómez), el constructor de balsas “aparentado” con aquel mítico Ulises, la estudiante decepcionada (Camila Arteche) y Mariana (Ailín de la Caridad Rodríguez), la hija de Sergio, vienen a aportar matices que si bien no complejizan el filme, producido por el ICAIC y RTV Comercial, al menos distienden la acción de una película a la que muchos espectadores hubiesen pedido más dinamismo en el ritmo narrativo y que ha sido merecedor de varios premios de la popularidad en los festivales internacionales del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana y de Gibara, y el Cinelatino Touluse, de Francia, así como a la mejor historia de Centroamérica y el Caribe en el de Panamá. Igualmente, se alzó con el Premio al Mejor Guión en el Havana Film Festival de Nueva York, Estados Unidos, y en el Festival de Cine de Málaga, España, obtuvo el lauro Signis y el galardón del Jurado Joven a la Mejor Película.

Narrativamente coherente, en ocasiones redundante, con una dirección de arte acertada, actuaciones de nivel, efectos especiales y por momentos, al menos en esto, ciertos guiños al cine ruso y estadounidense, Sergio & Serguéi, aun con sus personajes-estereotipos, viene a ser un filme estimable en buena medida y que destaca en la, en ocasiones, anémica pantalla –tanto temática como estéticamente– del séptimo arte nacional.