Encuentro cercano con la Burke

Encuentro cercano con la Burke

  • La sala Yelín de la Casa del Festival se colmó de público ‘elenístico’, tal como ella era capaz de convocar,  para reservar memoria a la también llamada Señora Sentimiento.  Foto del autor
    La sala Yelín de la Casa del Festival se colmó de público ‘elenístico’, tal como ella era capaz de convocar, para reservar memoria a la también llamada Señora Sentimiento. Foto del autor

Se deja escuchar la grabación, la introducción del número musical esboza la línea melódica fundamental que identifica a la canción Ámame como soy, autoría de Pablo Milanés, lo que ocurre de ahí en adelante es sabido para todo el que la ha escuchado: a qué figura remonta, quien lo hizo inmortal.    

No queda dudas, aludir su nombre congrega muchedumbres, desafía imposibles y limitaciones físicas  —como el maestro Enrique Pineda Barnet que el llamado a recordarla  lo hizo acudir a pesar de su avanzada edad—  desde los más íntimos hasta las grandes multitudes que la aclamaron y la aclaman.

Elena Burke y no es un lugar común, no ha muerto, vive —en un rinconcito para algunos, en un gran lugar para otros— en nuestro pensamiento, aún el de los más jóvenes que no la conocieron.

Y eso se demostró en la edición más reciente del Cine Club Festival, espacio multicultural —privilegiado en cuanto a concepción—  que la Casa del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano realiza cada primero viernes de cada mes. La sala Yelín de esa institución se colmó de público “elenístico”, tal como ella era capaz de convocar,  para reservar memoria a la también llamada Señora Sentimiento.

Allí acudieron cercanos a la finada que compartieron con ella éxito y dificultad, esos que alabaron sus victorias y enfrentaron sus derrotas, para hablar de la mujer real, tangible; artista y mujer, eso, fémina no perfecta pero honesta consigo misma, el arte y su entorno humano en inhabitual y sólida trasparencia.

Dos de esos enconados cofrades, la conocidísima cantautora Marta Valdés y el escritor e investigador Reinaldo González, trajeron de vuelta a la Burke,  desde la remembranzas y parcelas pocos conocidas de sus experiencias con la extinta. A propuesta de la primera decidieron este encuentro evocador que festejó las nueve décadas del nacimiento de la cantante.

A Reinaldo las letras cubanas le deben buenos títulos. Es amante de nuestra cultura y su amplio diapasón artístico, entre este, la telenovela, sobre la cual ha escrito valiosos ensayos. Conoció a Elena gracias a un disco de filin que llegó a sus manos. Ese género musical, nacido en Cuba, es expresión del más raigal sentimiento, tanto en la composición, dígase letra y armonía, como en la interpretación.  

Formaba González, según contó, parte de un grupo selecto de amigos que se reunían a escuchar esa música, “éramos parte de una religión; el filin es una forma de cantar y pensar, cada lugar de La Habana era ‘filinezco’ y nosotros también, se apoderó de la inteligencia, de la sensibilidad y nos hizo tremendos; fue un momento muy peculiar de la sentimentalidad cubana”, afirmó.   

Y Elena, continuó, “lo asimilaba especialmente, su manera de cantar hacía creer que te cantaba a ti, se tenía un romance con ella en el escenario; el filin en ella era así, yo fui uno de los que la padecía, uno del montón. Ella llenó muchas vidas, vivió también muchas vidas”, concluyó.

Elena: toda escucha en el escenario

Un video sorpresa de un grande de la música cubana, el cantautor Pablo Milanés, fue trasmitido a la audiencia. Pretexto que encendió en Marta la conversación sobre Elena. Según confesó, la bruma le asechó porque son muchos los recuerdos.

Autora de varias composiciones icónicas del repertorio de la cancionística cubana, algunas de las cuales fueron inmortalizadas por Elena y, confesó, hechas para ella, habló con el alma. Llora, es una de esas canciones.   

Precisamente, fue a instancias de Elena, una defensora a ultranza de los nuevos que llegaban y de la fidelidad a sus amigos, que conoció a Pablito, “no puedo desligar de mi vida ese momento cuando me llevó a verlo, tenía  canciones en el estilo que llevaba el filin, a pesar de sus veinte años, y una forma de interpretar inigualable; las armonías y las letras tenían esa libertad y frescura de lo nuevo”, aseguró.

De la Burke, ¿qué decir? Se había instalado en la vida musical del país, dijo. Admitió que la forma en que interpretaba era particularísima, “desaparecía del mundo y se hacía toda escucha, no he encontrado a una persona que lo haga de esa manera”, señaló.

No dejó de subrayar esa época de oro en que el filin y el bolero hicieron eco en la producción musical cubana, distinguida, sobre todo, por el texto de las canciones, “tenían argumento y dramaturgia, narraban una historia”, así como el respeto al formato inicial que los compositores acuñaban a estas, aludió.

Eran tiempos de victrolas en cada uno de los infinitos bares de La Habana que repetían constantemente números de Vicentico Valdés, el Benny y un sin número de intérpretes del momento. Elena fue una más de esas que la aguja de ese equipo reproductor repitió sin cansancio, resultado de una identificación plena de la gente con las letras de las canciones, según comentó Marta.

Lamentó la poca promoción sobre el onomástico de la desaparecida cantante, “llegaron sus noventas y casi no se radió nada de ella, Radio Habana Cuba y Metropolitana han sido de los pocos que acogieron su homenaje”, subrayó.

Se realizó la copia, totalmente gratuita, de una recopilación de canciones, —algunas en vivo—, entrevistas inéditas y momentos memorables con la intérprete, facilitado por la Valdés y que ella misma dio en llamar ‘El Paquete de Elena’, en visible sintonía con esa forma de distribución  comercial presente en nuestro país.

Según confesó, a ella llegó, gracias a un amigo una carpeta con varios números interpretados por Elena, sin nominación. Allí encontró canciones desde los tiempos del cuarteto de Meme Solís hasta su labor como solista. Se dio a la tarea de organizarlos, “aquí podemos escuchar qué deseo ser Elena, no solo la voz, es el alma que le puso a sus canciones, es Elena Burke a pulso; quisiera que todas las personas lo tuviesen”, concluyó.

Coda y muchas emociones

Como colofón de la cita, la proyección del documental Decir con feeling, de la reconocida realizadora Rebeca Chávez e integrante de una serie producida por cineasta español Manuel Gutiérrez Aragón que prevé realizar un recorrido por la génesis, desarrollo y continuidad de lo mejor de la música cubana. Necesario verlo.

El material mostró inicios de ese movimiento musical, integrantes connotados, sus fundadores, entre ellos Elena y el detrimento a que fue expuesto en momentos fundacionales de la Revolución por extremistas de la cultura. Hoy, por suerte está saldado ese mal momento.

Una galería de importantes cultores del género aparecen desde la oscuridad del olvido, tal es el caso de la cantautora Elena O’ Farrill, compositora de temas emblemáticos del filin y protagonista de un discordia acerca del movimiento que dio origen al Coloquio sobre el filin en los años sesenta   

Me retiro del lugar, ya en la noche y en la mente quedan impresas las imágenes vistas, las muchas emociones experimentadas, los comentarios escuchados y la inevitable reflexión sobre aquellos momentos, un tanto preteridos, sobre la más auténtica música nuestra, como lo es el filin y una Señora Sentimiento que clama su merecido lugar en el sitial honorifico musical.