¡Gracias, Haydee, por tu extraordinaria y eterna obra para América!

Casa de las Américas en sus seis décadas de creada

¡Gracias, Haydee, por tu extraordinaria y eterna obra para América!

  • Haydée y Mercedes Sosa en la Casa de las Américas. Foto de la Casa
    Haydée y Mercedes Sosa en la Casa de las Américas. Foto de la Casa

Haydée Santamaría: “Lo extraordinario era su alimento natural”.

Efectivamente, y como realzara nuestro José Martí en una mujer: “Lo extraordinario era su alimento natural”, porque desde su juventud ella se nutrió de la savia dulce y sincera del amor; de ese amor que, con el tiempo, continuaría ennobleciendo y fortaleciendo en la búsqueda y encuentros constantes con la realidad, con su realidad de combatiente, de guerrillera, de mujer carismática. Una realidad, también, despiadada y perturbada por las acciones de torturas algunos hombres (o hienas humanas), quienes trataron de profundizarlas en perennes heridas, mas no lo lograron. Ella, en vida aún y luego con su eterno adiós físico, logró contra viento y marea –y en momentos extremadamente difíciles para una Revolución en ciernes y redimida a la vez por su magnífica Historia más que centenaria—, la realización de un proyecto de unidad latinoamericana y caribeña. Un proyecto riquísimo, desprovisto de financiamiento alguno, en el que “se desprecia el dinero, pero se adora la idea” (2), surgida de las almas hermosas y llenas de patriotismo como la de ella. El proyecto, altruista, indagador de lo nuevo y renovador de este continente –hasta entonces desconocido en y para las viejas culturas europeas—, fue secundado y llevado a la práctica por los más prestigiosos pensadores e intelectuales de este continente.

De aquel proyecto, volcado en realidad desde hace sesenta años, Haydee Santamaría fue su genio y protagonista principal, como savia primicia quien desde muy joven estudiase e indagase por la verdad martiana, por la realidad y práctica fidelista de enarbolarlas en definitivo programa de unidad cultural continental.

Haydée en el pensamiento latinoamericano y caribeño

“En Haydée se me dio la ocasión única de contemplar a una criatura fuera de serie que no terminó la enseñanza primaria, cuyas universidades debieron ser como las de Gorki, y cuya inteligencia relampagueante, cuyas intuiciones, cuya penetración no las he visto mayores. Su bondad iba a la par con su sensibilidad, con su talento, con su sed de saber. Leía de claro en claro, como el fantasioso Señor de La Mancha, a quien tanto se me parecía, pero con el sentido a la vez trascendente y práctico de Teresa de Ávila. Se la pasaba fundando o dando mandobles en el aire, arremetiendo contra molinos de viento pero también de hierro, sufriendo por los otros, liberando galeotes. Hasta que no pudo más de dolor (el que sus espantosos verdugos le provocaron para siempre a raíz del Moncada) y, ensombrecida su razón, se borró la vida”.

Bella reseña que, acerca de la heroína del asalto al Cuartel Moncada y de la lucha liberadora en la Sierra Maestra, Haydée Santamaría, describiera el prestigioso intelectual cubano Roberto Fernández Retamar, en fragmento de entrevista concedida al periodista y escritor Jaime Sarusky, en septiembre de 1995 (1). Reseña que, con motivo del Aniversario 60 de la Creación de la Casa de las Américas, cobra más vigencia que nunca, al ser aquella su fundadora y bastión esencial de cada uno de sus proyectos encausados a la unidad latinoamericana y caribeña, hacia el destino propio, diverso y multicultural de nuestra América. 

“(…) hay que haberla visto dialogar con seres como Alejo Carpentier, Julio Cortázar, Mario Benedetti, Víctor Jara, Luis Britto…muchos y muchas más”, acotó en otra parte de su recuerdo sobre Haydée, para agregar “la oían con respeto sagrado, como si fuera una sibila (¿no lo era?), para haber apreciado la hondura, la complejidad de su alma y su transparencia. Claro que para ella la revolución, como para Martí, siendo inevitable violencia, sobre todo era amor y ternura”.

Hermosa, realmente hermosa, la contribución de Haydée a la cultura de este continente, con una sede ubicada en el Primer Territorio Libre en América –nada más y nada menos—, para complacencia digna de los cubanos, de la Cubanidad, de una actividad cultural que, en este otro lado del mundo, aún tiene mucho que otorgar, expandir y engrandecer, hacia otros confines del mundo.

Así, hace seis décadas, un 28 de abril, es que nace la Casa de las Américas, dentro de un país en plena efervescencia revolucionaria tras el triunfo de una contienda liberadora que, durante siglos de ignominia y usurpación colonial e imperial arrancó cuantiosas vidas las que nunca quedaron enterradas en el olvido. Todo lo contrario, como ave fénix, resucitaron en cada una de las venideras generaciones para continuar la lucha iniciada por el mambisado, para ser nuevos protagonistas de otras páginas escritas con profundo fervor patriótico y revolucionario. Entre ellas, la Generación del Centenario del Apóstol, aquella materializada por jóvenes decididos a vencer o morir por llevar a la realidad cubana el verdadero ideario martiano. Y, al frente de esa lucha, el joven Fidel y otros hombres y mujeres, entre ellas, Haydée.

Haydée, hace falta tu voz de Ediciones Ojalá y el intercambio de correspondencia con connotados intelectuales en Destino: Haydée Santamaría, del Fondo Editorial Casa de las Américas, son dos lecturas esenciales que nos acercan al pensamiento y a la vida de una mujer guerrillera que se va forjando en intelectual revolucionaria, su profunda comunión entre praxis revolucionaria e intelectual.

La noción del intelectual comprometido con el proyecto social que estaba por entonces fraguando en Cuba atraviesa cada línea de trabajo de la Casa y se convierte en sello de su política cultural. Haydée recibe correspondencia de escritores y artistas de todas partes, ávidos por formar parte de la experiencia Casamericana. Así y, a través de su incesable correspondencia, se fortalecen lazos con los creadores: se premian y publican libros, se materializan exposiciones, conciertos, conferencias. La Casa no cesa en ningún momento, sólo crece y se fortalece, y hoy podemos vivir el proceso en la sucesión de cartas reunidas en Destino.

Al respecto, las amistades que va ganando, hombres y mujeres, le confían los más diversos problemas. Desde sus empresas literarias hasta sus conflictos políticos y personales. 

En carta de 1970, Luis Britto García le explica alguna de sus tribulaciones: “Haydée, en la actualidad trabajo en una vasta novela, quiero hacer en este libro una alusión al más remoto pasado y al más improbable futuro a través del más insoportable presente; quiero enfrentar formas de pensar y formas de sentir contradictorias; quiero describir tanto literalmente como por alusión. Me propongo asimismo explorar y describir algunos de los mecanismos que aseguran la servidumbre de nuestros pueblos.”

Las misivas de Destino permiten que conozcamos no solo el trabajo de Haydée como presidenta y líder política de esta institución, también nos aproxima a la evolución del centro en sus primeras décadas de vida. El crítico español José Ayllón comenta en una de ellas:

“A través de la Casa de las Américas estoy conociendo las diversas manifestaciones culturales del país. Me ha sorprendido encontrar en la mayoría del grupo  una gran unidad de concepto, que, por qué no, podríamos llamar revolucionario. A diferencia de lo que ocurre en otros países, donde el artista se siente totalmente desligado del medio e incluso su obra se crea como una reacción contra el mismo, en Cuba se está produciendo una completa identificación”.

La noción del intelectual comprometido con el proyecto social que estaba por entonces fraguando en Cuba atraviesa cada línea de trabajo de la Casa y se convierte en sello de su política cultural. Haydée recibe correspondencia de escritores y artistas de todas partes, ávidos por formar parte de la experiencia casamericana. Así, carta tras carta, se fortalecen lazos con los creadores: se premian y publican libros, se materializan exposiciones, conciertos, conferencias. La Casa no cesa en ningún momento, solo crece y se fortalece, y hoy podemos vivir el proceso en la sucesión de cartas reunidas aquí.

Su fructífera vida es, a fin de cuentas, la mejor herencia que nos dejó.

Ariel Dorfman por otra parte le comparte su experiencia en Cuba: “El silencio no es una de mis virtudes y además estoy con el soplo angelical o demoníaco de la palabra y, sabes, tengo ganas de escribirte y a través de ti a mis amigos de Casa. Quisiera haber explicado la lección que significa Cuba para mí. Aprender la materia, Haydée. Aprender que la crítica sin la solución no tiene sentido. Aprender el punto de vista maduro desde el cual se juzgan las cosas. Aprender una estrategia para la eternidad de la revolución.”

Las cartas traslucen el contexto histórico inmediato a Haydée tanto como el regional. Las memorias compartidas describen los escenarios políticos latinoamericanos, las complejidades que vive la Revolución Cubana y las novedades de la cotidianidad tanto de cada emisor como de la destinataria.

Haydée supo defender la labor de la Casa de las Américas con la palabra y el acto en absoluta aproximación a América Latina.

La Casa de todos los americanos.

Si algo ha caracterizado durante décadas a la Casa de las Américas ha sido su dirección de Comunicación e Imagen al partir en lo fundamental de sus campañas de promoción y comunicación, a partir de un trabajo colegiado, horizontal, donde participan directivos, especialistas y trabajadores en general.

Para la celebración de este aniversario la Casa se propuso como trabajo fundamental ha sido la articulación de su patrimonio, contemporaneidad y su futuro como institución cultural.

En entrevista reciente concedida a la Televisión cubana por Maité Hernández-Lorenzo, directora de Comunicación e Imagen, se supo que “la Casa se ha renovado en el tiempo –nunca por capricho o imposición alguna—, porque sus procesos interiores son profusamente creativos y se articulan con el resto de las direcciones –Producción, Música, Plástica, Asistencia técnica de computación—, con el pensamiento socio-político cultural latinoamericano y caribeño. Esta es una institución que ha logrado también crear y llevar a vías de hecho programas de investigación cultural y continental en general.

También la Casa ha renovado su plantilla con personal muy joven egresado de las universidades cubanas.

Igualmente, la Casa confecciona un programa mensual de sus actividades. En este año de celebración decidió publicar una sección titulada “Recuento”, la que recoge los acontecimientos más importantes de los últimos sesenta años desde el punto de vista investigativo, informativo y gráfico.

Entre los eventos más relevantes de la institución se hallan: el otorgamiento del Premio Anual Casa de las Américas; las publicaciones de las revistas Casa y Conjunto; el Coloquio Internacional Diversidad Cultural en el Caribe; el Coloquio Internacional de Estudios sobre Afroamérica Negros en las ciudades coloniales de las Américas: subversión, rebeldía, resistencia; Mayo Teatral: con sus jornadas de Teatro latinoamericano y caribeño. En su Galería Latinoamericana, y como parte de las celebraciones por los sesenta años de la Casa, se presenta una muestra colectiva de artistas pertenecientes a la Colección Arte de Nuestra América Haydée Santamaría, y la Galería Mariano, habitualmente, presenta muestras expositivas del Arte popular de cada país, región o movimiento cultural nuestra América.

¡Gracias, Haydée, por tu extraordinaria y eterna obra para América! La verdadera América: ¡la de todos los latinoamericanos, caribeños!

 

  1. Fernández Retamar, Roberto. Un poeta metido en camisa de once varas. Ediciones UNION, 2018.
  2. Martí, José. Obras Completas.T.6, p. 420.