Hemos recorrido si acaso el diez por ciento del camino

Hemos recorrido si acaso el diez por ciento del camino

  • Alexis Díaz Pimienta, polifacético escritor, improvisador y teórico de la creación poética. Foto del autor
    Alexis Díaz Pimienta, polifacético escritor, improvisador y teórico de la creación poética. Foto del autor

Hace más de veinte años, Alexis Díaz Pimienta, polifacético escritor, improvisador y teórico de la creación poética entregada por los rapsodas del punto cubano y la versificación improvisada  en cualquiera de sus formas, nos entregó en término de oralitura como punto de partida para el análisis y reconocimiento de lo que se entrega a través de la palabra cantada o hablada dentro del Punto Cubano, recientemente declarada Patrimonio de la Humanidad.

Los niveles tropológicos alcanzados en el último siglo por los improvisadores cubanos, si bien no se acompañan de la engalanada propuesta musical de otras regiones de Iberoamérica, son la cota más alta de literalidad que se acrisola en un arte con miles de seguidores y cientos de creadores en esta región del mundo. Huérfana de una observancia crítica, como buena parte de las artes en la isla, que ponga en su  sitio los valores y defectos que todo arte de la creación tiene; es seguida desde las más disimiles regiones por amantes del buen hacer cuasi como una vocación de fe. Con la notable excepción de tres sitios web encabezados por la plataforma Aladécima que coordina el poeta y periodista Pedro Peglez, y los trabajos que el periódico Trabajadores desde sus formatos impreso y digital sobre el fenómeno de la Décima en Cuba, el panorama es realmente pobre en los referido a la publicación de la crítica especializada para el gran público que sigue este arte.   

Pimienta llama la atención sobre la herencia y las posibilidades que se despilfarran inconscientemente y sin el adecuado apoyo de las entidades de la cultura para un fenómeno que ahora ha alcanzo la categoría de patrimonial para el mundo. Casi dos décadas han pasado desde que se inauguró el Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado, entidad que se sumó a la red de inicial de centros y agrupaciones seguidoras de la espinela en la isla que hoy y que de la mano de su primer director el escritor Waldo Leyva, concretó el sueño de diseminar cátedras de formación de nuevos improvisadores y músicos que cultivaran este arte. Eso ha sido solo el inicio del camino que llenos de resistencias y contradicciones que han transformado el panorama para los seguidores de la estrofa nacional.

Si desde los inicios de la radio cubana y la TV nacional los decimistas han ocupado espacios principales para su presentación, esto también ha servido en las últimas décadas para estandarizar y empobrecer la promoción de su propuesta estética. Apenas se recoge en estos últimos años  lo que realmente se está produciendo en el universo de los guateques campesinos, certámenes de la décima y las peñas; los principales cultores del género tampoco acuden a estos espacios ante un pago irrisorio por su presentación y la mediocre conceptualización de la puesta en escena que estos programas ofrecen en la actualidad. No hay un trabajo con los centenares de horas de buenas improvisaciones que están grabadas en las estaciones de radio y en la televisión nacional no solo para el muestreo arqueológico de lo hasta hora hecho, sino para la ponderación adecuada de los exponentes que señalan el camino de la buena creación hacia donde debemos sostener el rumbo.

Canchito Pereira, Candelita, Pablo León, Naborí, Limendú, Chanito, Riverón, Justo Vega, Adolfo Alfonso, Bernado Cárdenas, Pimienta, Tomasita Quiala,  Emiliano Sardiñas, Leandro Camargo, Liliana Rodríguez, otros muchos improvisadores, junto a los músicos y a los escritores que cultivan la décima desde hace más de dos siglos en la mayor de las Antillas, son la terna que conforma esta entronizada expresión cultural en el tronco de la identidad cubana. Es necesario sostener fijo el esquife para evitar los angostos caminos del facilismo, la decidía y la indigencia cultural que esta época propone. Mucho queda por hacer pero hay viento a favor: abramos el velamen.