Ingmar Bergman. Filósofo del cine (III)

Ingmar Bergman. Filósofo del cine (III)

  • El personaje de Alma representa la palabra que nunca calla; contrastada con el silencio guardado por el otro personaje. Foto tomada de internet
    El personaje de Alma representa la palabra que nunca calla; contrastada con el silencio guardado por el otro personaje. Foto tomada de internet

El argumento visible de Persona trata de una famosa actriz, la señora Vogler, que un día enmudece en medio de una representación. Para su curación le asignan una enfermera, llamada extrañamente Alma, encargada de hacerle salir de su sicológica contracción a hablar. Entre las dos se establecerá progresivamente una relación muy particular. La silenciosa actriz verá a Alma hablar incesantemente, sin parar nunca, en un largo monólogo que le llevará a la enfermera a confesar espontánea e ingenuamente su admiración por el arte y los artistas, y hasta revelar pormenores muy ocultos de su vida privada. Se crea un sentimiento de escucha y confesión ente ambas mujeres que más tarde se traducirá en amor-odio, con un intercambio de personalidades y una progresiva fusión de identidades.

El personaje de Alma representa la palabra que nunca calla; contrastada con el silencio guardado por el otro personaje. En lo sicológico, la palabra se convierte en enemiga del equilibrio emocional cuando alcanza una presencia extrema y no halla como callar. Ese es el caso de la enfermera, la que se supone ejerza un rol sanador sobre el personaje afectado en su equilibrio emocional. En la simbólica bergmaniana, detrás de su concreción física este personaje es representativo del alma de la persona, la cual se supone tenga un poder directriz sobre los individuos. Sin embargo, va mostrándose cada vez más desordenada e insegura, sustentada su existencia en ilusiones, siendo inefectiva en la función sanadora para la cual está destinada su vida.

En su confesión salen a la luz cosas ocultas de Alma, guardadas en secreto; confesadas ahora únicamente a quien cree pueda comprender y explicarle el porqué de ese comportamiento liberal. En su vida diaria ella se muestra conservadora, proyectando la imagen de no haber cometido nunca pecado alguno. Saca en cambio a relucir el desencadenamiento de su inconsciente, los deseos reprimidos, las confesiones más secretas. Le sirve a Bergman para acusar a la sociedad por ser tan traicionera que obliga a reprimir los momentos de íntimo disfrute individual debido a la compostura social que coherentemente debiera guardar siempre el personaje, es decir, las personas. Trasluce por otra parte en tanto alma, la conciencia existencial de encontrarnos solos, desvalidos en el mundo, sin que nadie nos escuche y sea capaz de salvarnos de nuestra ruina.

Alma hace recordar el papel discursivo de la mente humana, el cual nunca calla, continuamente parloteando sin dejar margen al reposo, al silencio vital, para la recuperación física y emocional. En la sabiduría de las filosofías y prácticas religiosas orientales originadas hace cientos de cientos de años, se conoce con seguridad que la palabra se convierte en un estorbo a la estabilidad y serenidad de la mente. Por eso, los ejercicios rituales de las religiones orientales en el hinduismo y el budismo se proponen entre sus metas —empleadas no como finalidad, sino como un recurso fundamental, encargado de entrenar al cuerpo y a la mente inquieta a alejarse y depurarse de ese obstinado exceso— dar paso solo a la presencia de los recursos sensoriales de la vista, el oído y el tacto, no tanto el olfato, aunque sin excluirlo, como vías de conocimiento trascendentales, acallados por la vista y la palabra. Eso implica llevar al cuerpo y a la mente dislocada, a volver a emplear con suma eficacia los recursos interpretativos y comunicativos del hombre cuando aún no había surgido la palabra con todo su esplendor lingüístico, expresivo y comunicativo. De este modo, a nivel artístico, Bergman confiesa sus recelos hacia la palabra desbordada, necesitando contenerla. 

En Persona centró su atención en el dilema psicológico, en el conflicto ético de las relaciones humanas y sociales en un constante proceso de depuración estilística de todo lo accesorio para irse concentrando en las esencias más puras del conflicto. Recuerda en eso a los procedimientos seguidos por el pintor Piet Mondrian, cuando paulatinamente fue despojando de detalles a las imágenes por él dibujadas o pintadas, hallando las líneas primordiales del fondo estructural, no visible en las estructuras morfológicas. Por eso es la sequedad dramatúrgica, y en consonancia la visualidad de su lenguaje fílmico en esta ocasión, buscando desentrañar los núcleos conflictuales básicosentre esos dos personajes femeninos.

La señora Vogler y Alma son dos personajes que comenzarán a conocerse y a mostrar al espectador, sin confesarlo ni pretenderlo, sus puntos en común. De ahí que ambas empiecen a acercarse visualmente hasta confundirse; a unirse como si se tratase de un ser dual, susceptible de complementación, de conformar las dos una unidad contradictoria, problemática y compleja. Alma y la actriz son dos personasque comenzarán a conocerse, a estudiarse, a descubrirse. Llegando a remodelar sus comportamientos, a hacerse complementarias aunque dispares. Lados oscuros y claros de los dos personajes terminarán por mezclarse, por interpenetrarse. Por eso llegarán a fusionarse por un instante los rostros de las dos protagonistas, previos acercamientos de oposición y coincidencia. Marcados por el empleo simbólico del color y la forma del vestuario donde cada personaje adopta el suyo, es decir, un modo de ser y manifestarse ante los demás. Divergente en un primer momento, pero próximo después.

La recíproca necesidad de complementación de una y otra mujer, enfermera y paciente, al comienzo tan disímiles sobrepasa la dimensión última del significado abstracto del filme del estudio de personalidades sobre lo cual se había basado el drama desde la antigüedad, mantenido luego con el decursar histórico del mundo moderno en el teatro, el cine y la televisión.

Surge la interrogante de si podrían acaso dos semejantes llegar a ser complementarios, o viceversa ¿Complementariedad no implica diferenciación? No es casual la selección realizada por Bergman de dos actrices con distinto carácter, y sin embargo, cercanas en su apariencia física. Ambos personajes representan dos lados del ser, de la persona en un sentido abstracto. No son personas diferentes. Es la existencia de polaridades en lo interno del ser de los sujetos, una vez deslindado y separado lo accesorio.

A lo largo del trascurrir temporal de la trama argumental, ambas se van conociendo y desconociendo mutuamente, pero también en ese camino exploratorio de naturaleza gnoseológica en el cual Bergman se adentra, se descubren más a sí mismas. Indirectamente empieza a cobrar dimensión sus respectivos autoanálisis, aunque no logren una plena consciencia ni revelarse su verdadera dimensión a estos personajes. Paulatinamente se van haciendo más personas. No renunciando a sus máscaras sociales pero reconociendo sus respectivos apegos a sus correspondientes máscaras. Esa es la dimensión y alcance de un nuevo conocimiento en el cual las dos van transitando, cada una a su modo.

Llega a darse un intercambio de roles al verse a ambas mujeres vestidas de negro, evocando cierta similitud. La ropa coincidente de negro es indicio de un efecto que está sucediendo en el interior de los personajes, que se evidencia en la sensibilidad creciente de la Vogler frente al endurecimiento de Alma.

La actriz Vogler reproduce en sí misma, la dualidad de relaciones entre el actor y el personaje encarnado, pues el actor-actriz debe encauzar el comportamiento de su personaje con toda coherencia. Se dan en ese proceso acallamientos del actor en aras de preservar la imagen adecuada del personaje. En realidad, el actor se encuentra ante el hecho paradójico de ser fiel al interpretar a alguien, al personaje que no es él, renunciando a aflorar lo suyo. No debe dejar fisuras en su construcción. Al hacerlo debe en parte aquietar sus propias ideas, motivaciones y pasiones, o canalizar las del personaje a través de las suyas. El actor es por eso un ser doble: real y ficticio, pues ha de hacer suyo el personaje a interpretar, suplantando con este a su propio yo interior. El asomo de resquebrajaduras en la representación actoral es signo de incongruencias. 

Los actores y actrices tienen una capacidad de desdoblamiento de su personalidad, mutada escénicamente en la de su personaje. Será precisamente en un momento en que se agrieta esa convicción estando en escena que la actriz cambia de súbito de actitud y se silencia, al ser consciente de su máscara y del carácter fútil y falso de la representación en el arte y en la vida.

En una palabra, a actuar no llevado del todo por su modo profundo y último de ser, sino por la forma socializada de mostrase a los demás, encubriendo zonas de su personalidad, situadas a resguardo bajo la máscara (teatral o de la vida), sin haber logrado ser algo más que el rol social asignado. La persona resulta devenida máscara, personaje construido, ficcional. No exactamente el sujeto real que hay detrás en la mente y sentimientos del individuo. Hasta tal punto que la máscara doma al ser interior del sujeto, lo relega y le llega a excluir constantemente de por vida, la posibilidad de exteriorizar libremente su verdadera personalidad en su pequeño tránsito temporal por el mundo. Persona y personalidad no son coincidentes. Hay una tensión permanente entre ellas. En una lucha por mostrar y ocultar sus diferentes facetas. La condición de persona no es el ser que somos sino la fantasmagoría que construimos a partir de nuestras ilusiones, y los ajustes, desajustes y falsedades con el entorno social.

Bergman parece querer decirnos que la persona es la resultante de la construcción de una imagen —a la manera de la imagen cinematográfica— del rostro que creemos ser, en asintonía entre la que ocultamos y la que ofrecemos. Esa combinación es la persona: falsedad y verdad traslapadas, confundiéndose, superponiéndose una en la otra. Una ilusión sin mucha autoconciencia de su condición. Alrededor de este dilema existencial y social se debaten las dos protagonistas del filme. Por eso lleva el nombre insignia de Persona. Eso introduce una interrogante, ¿qué aporta al equilibrio de la persona el cumplir roles construidos a interpretar socialmente, a cubrirse con una máscarael semblante y el cuerpo, a interpretar papeles en la sociedad?

Al aislar físicamente a las dos mujeres en una isla, fuera de contactos de cualquier tipo con otras personas, ha hecho una abstracción extrema de las contingencias sociales. Las ha colocado en un espacio escénico abstracto porque trata de lograr mediante el cine el resultado de una lógica discursiva de demostración científica que utiliza al arte como su recurso, su medio de indagación.

Situar a sus personajes en una isla es un procedimiento utilizado por Bergman en varios de sus filmes. Es el recurso dramático de aislar al personaje. Apartarlo de todo cuanto ha sido motivo de demandas sobre ellos. Ponerlos a debatirse en la soledad al dejarlos consigo mismos a nivel de los retorcijos de su mente o de sus sueños para concentrarse en el experimento sicológico que significa poner en relación de mutua dependencia a estas dos mujeres, sin mediación de nadie más.

La compañía, la soledad y la insulsez de las relaciones humanas son estudiadas por este cineasta y mostradas al público en este experimento fílmico. Se revela el carácter en extremo complejo y cambiante de la comunicación que se establece cuando dos personas en determinadas circunstancias fortuitas entran en relación de convivencia, no decidiendo abrirse a la Otredad con la cual debiera comunicarse.

Alma llega a percatarse, en un momento avanzado de esa relación en solitario, que las confesiones que ha compartido con la actriz han sido en realidad monólogos, diálogos sin un verdadero oyente activo, porque al no ser escuchada de manera comprometida por aquella, ha estado prácticamente sola con sus palabras emitidas en demasía cayendo abiertamente al vacío. Alma, en su condición de enfermera encargada de cuidar a la paciente Vogler, descubre la traición de la señora Vogler —en una carta enviada por esta a la doctora del centro hospitalario donde pertenece— que la paciente en su silencio continuado ha estado sin embargo observándola todo el tiempo y juzgándola de una manera desapegada emocionalmente, sin comprenderla, al escribir que es muy entretenido observar el desbordado comportamiento de Alma, lo cual implica un tono burlesco.

Cabría aventurar la hipótesis que Bergman ha construido el personaje de la Vogler partiendo de sus reflexiones creativas pero también del extrañamiento de observarse a sí mismo en su vida personal, atravesado por el simulacro del ropaje y el disfraz público de disfrutar de una aparente satisfacción psicológica y artística. Eso acentúa su carácter autobiográfico, transmutado en sus personajes a los cuales pone a debatirse consigo mismos a nivel de los retorcimientos de sus mentes que desatan en realidad las inquietudes y zozobras de sus observaciones hacia sí y los demás en su vida de creador teatral y cineasta.

La traición que significa haber cambiado la posible amistad entregada con sinceridad por Alma en el análisis científico ejecutado por la actriz al escucharla. Es una crítica abstracta pero despiadada a la sociedad europea de ese momento (años sesenta), en la sustitución de valores humanos por la avidez de la información, caracterizada por la impavidez con que se escucha a lo alternobajo el pretexto de una objetividad en la mirada, en el fondo menospreciándolo, no entendiéndolo. Sin haber sido motivo de su atención, Bergman cuestiona los resultados de estudios antropológicos acerca de la otredad cultural, y de los estudios de las personas realizados por la ciencia psicológica y la social.

Al ejecutar su exploración por la vía del arte saca a relucir una de las cualidades propias de este, sea el cine, el teatro, la pintura o las artes plásticas —tal vez sea posible incorporar en esta enumeración a la música— la de ser el arte un camino gnoseológico diferente a la ciencia social, cualquiera sea la rama específica de esta, capaz de adentrarse más libremente y menos comprometida, al no tener que formular todo un sistema integradoen relación a un determinado modo de comportarse las personas o la sociedad.

En conjunto, Persona es la representación del mundo interior del director, estableciendo una analogía entre el campo de lo visual fílmico y el onírico. Se trata de la proyección del sueño del autor, de las imágenes surgidas de su imaginación, reflejadas sobre la pantalla de cine, en cuyo asombroso argumento nos desconcertamos, ante lo cual no debemos inquietarnos demasiado porque aun después de realizado, Bergman siguió en estado de incertidumbre al tratar de pensar y explicar el sentido de esta obra.