Josone: afirmación e interrogantes

Josone: afirmación e interrogantes

  • En lo más esperado de la velada, Álvaro Torres hacía su entrada entre vítores y aclamaciones del público. Fotos del autor
    En lo más esperado de la velada, Álvaro Torres hacía su entrada entre vítores y aclamaciones del público. Fotos del autor
  • El cantante cubano Isaac Delgado compartió escenario con el sonero y salsero dominicano José Alberto, El Canario. Fotos del autor
    El cantante cubano Isaac Delgado compartió escenario con el sonero y salsero dominicano José Alberto, El Canario. Fotos del autor

Concluyó la primera edición del Josone Varadero Jazz & Son, evento celebrado del 12 al 15 de julio, el cual dejó satisfacciones, pero también, inquietudes sobre el cómo asumir desde el concepto, promoción y legitimación, un producto cultural cubano en la realidad contemporánea actual.

Organizado por la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (EGREM), la Agencia de Representaciones Artísticas Musicuba, la Agencia de Turismo Cultural Paradiso, y la Empresa Palmares, entre otras instituciones, el evento alcanzó un carácter internacional, y tiene como línea principal, según anunció el Comité Organizador: promover lo mejor de la música latina en el más importante polo turístico del país: Varadero.

Y ya ahí, comienzan los problemas. No es secreto para nadie que cuando a turismo nos referimos en la isla, se piensa en el foráneo. Craso error. Aunque es cierto que la mayoría de los cubanos aun no accedemos a esta modalidad de recreación, si se piensa en un evento de gran magnitud, hay que tenerlos en cuenta.

Si se piensa en una plataforma que muestre y divulgue lo mejor que sucede musicalmente en América Latina, incluyendo Cuba, el principal receptor de toda esa cultura es la mayoría, no los de mayor solvencia económica, tanto cubanos —los menos— como extranjeros.

Refiere también esta propuesta, la intensión de ubicar al insigne balneario como destino cultural, como otrora aconteció en los 70 y 80 (con la realización de las ediciones del Festival Internacional de la Canción de Varadero). Para lograrlo, es mi opinión, hay que ejercerlo desde la dimensión de pueblo, entiéndase la total posibilidad de acceder desde los bolsillos de la gente común. Es recordada la asistencia del sonero venezolano Oscar de León, la cual abarrotó de público esa zona privilegiada de Cuba.

Destino cultural, como propone Josone, no es destino comercial aunque lo lleve implícito. Se trata de que esa cultura regional que desea divulgarse, se recepcione a gran escala y no en manos de unos pocos.

Tal vez esto haya sido el factor fundamental de la poca asistencia de público en las dos primeras jornadas, hasta que se decidió rebajar el “cover” el tercer día.

Debió pensarse en un paquete cultural aceptable para el público medio, me refiero a la entrada, el acceso al lugar y el consumo; y otra cosa hubiese sido el Josone. Aunque no es comparable, el concierto abierto de Gilberto Santa Rosa en el malecón habanero, rebasó las expectativas.

No desprecio en estas apreciaciones la enorme producción que implicó la realización de un espectáculo de tal envergadura, que exige inversión y recursos incontables.

Hubo fallos en la realización artística aunque, a mi modo de ver, estuvo bien concebida. La existencia de dos escenarios posibilitó la secuencia ininterrumpida del espectáculo, aunque el sonido ensombreció al mismo. Sigue siendo una asignatura pendiente en nuestros espectáculos. Demerita el accionar de esos especialistas.

Otro tanto, aconteció con la locución, donde hubo conductores totalmente distraídos que equivocaron los nombres de los artistas. Se suman los horarios, no siempre cumplido tal lo previsto.

En resumen ¿a quién se dirigió esta cita?, ¿acaso es vender a Cuba desde la cultura como producto turístico o propiamente cultural?

No obstante, el encuentro realzó nuestra cultura —aunque no en su máxima extensión— y la de allende a estas costas caribeñas.  La muestra nacional, —repito que pudo ser más representativa—, a pesar de los inconvenientes aludidos, fue válida.

Gente de Zona, en medio del “boom” de su popularidad y apretada agenda de trabajo, hizo espacio para estar presente; el Septeto Santiaguero, nominado dos veces al Granmy Latino y exponente de nuestro son más autóctono; los Muñequitos de Matanzas, toda una entidad cultural y genuino ejemplo de nuestros géneros y tradiciones endémicas; Daymeé Arocena y Yissy García y su Banda Ancha, baluartes del más joven relevo jazzístico; qué decir de Van Van, sin comentarios, entre otros.

La presencia de Álvaro Torres, ese romántico eterno que arrastra multitudes; José Alberto, El Canario, sonero y salsero que ha dicho que nada ni nadie le impedirá seguir acudiendo a la cuna del son; Gilberto Santa Rosa, El Caballero de la Salsa, preciso y abarcador en el abordaje musical latino, dieron ese carácter zonal que pretende la cita.

Se cumplió el pronóstico, acorde al concepto y diseño cultural artístico. De haber prescindido de la etiqueta jazz y son, a mi modo de ver una limitante, la dimensión de la muestra de nuestras esencias culturales hubiesen sido más ricas en el resultado final.

Segunda Jornada: rosario abarcador de emociones

Emociones fuertes se vivieron en el parque Josone el viernes 13 de julio. Magnífico estuvo el tiempo ese día. Una importante selección de agrupaciones y artistas de nivel, cubanos y extranjeros, engalanaron el escenario.

Los Muñequitos de Matanzas, inmersos en la celebración de los 65 años de su fundación, abrían la sección con un recorrido musical que abarcó canto y danzas folclóricas y el ya tradicional Complejo de la rumba. El amplio dominio escénico y la creación de ambientes que su interpretación provocan, de conjunto a la proyección audiovisual de momentos de su carrera en una gran pantalla, encendió el goce de los asistentes.

Luego vendría  Yissy García y su Banda Ancha, pletórica en su interpretación. Ya está validada esta joven instrumentista. Es toda una luminaria en el proscenio. Fue subiendo de mucho a máximo la atmósfera musical por los diferentes géneros que interpretó: jazz, rumba y fusión. La acompañó un asombroso diseño de luces que, sin dudas, la enalteció.

En lo más esperado de la velada, Álvaro Torres hacía su entrada entre vítores y aclamaciones del público. La estatura y profesionalidad del artista salvó la desidia que le hizo el audio al quebrarse el sistema de referencia. Así y todo fue el cantante de canciones que nos hacen y harán recordar momentos importantes de nuestras vidas, la mayoría cantadas por todos en esa bella noche.

La jazzista Daymeé Arocena tomaba el batón con una genial interpretación de ese género que cada vez cautiva a buena parte de los jóvenes músicos cubanos. Igualmente desde la fusión demostró que es dueña de una manera muy particular de interpretar.

Finalmente, Isaac Delgado, artífice principal de este evento, hacía su entrada. El Chévere de la Salsa, está ahí, certero en su propuesta, fraguada con el tiempo. Números antológicos de su repertorio, como Necesito una amiga, y otros de su más reciente producción, fueron acompañados por el público.

Le dio paso más adelante a José Alberto, El Canario, un dominicano inmenso que ama nuestra música y gente. Precisamente, abrió con el conocido número A la hora que me llamen voy, de Cándido Fabré. Luego, fue historia: el cantante interpretó varios de los números que lo han hecho famoso en Cuba y el mundo.

Así cerraba una noche súper especial de goce y placer.