La Cenicienta: un clásico de la danza universal

La Cenicienta: un clásico de la danza universal

  • Desde su estreno hace más de dos décadas, La Cenicienta ha obtenido muy buenas críticas por parte de la prensa especializada. Foto tomada de Radio Reloj
    Desde su estreno hace más de dos décadas, La Cenicienta ha obtenido muy buenas críticas por parte de la prensa especializada. Foto tomada de Radio Reloj

El Ballet Nacional de Cuba (BNC), Patrimonio Cultural de la Nación, que dirige la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, miembro de honor del Consejo Internacional de la Danza, lleva durante tres fines de semana el ballet La Cenicienta a la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.

Esa joya de la danza clásica de todos los tiempos constituye, por derecho propio, una de las obras más aplaudidas y divertidas del repertorio clásico de la emblemática compañía, tan cubana como universal.

Ballet en dos actos y cuatro escenas, con coreografía y libreto de Pedro Consuegra, inspirado en el cuento homónimo del escritor Charles Perrault, música del maestro Johann Strauss (hijo), y diseños de Armin Heinemann.

Los papeles protagónicos son desempeñados por Chanell Cabrera y la bailarina principal Ginett Moncho (Greta), Yankiel Vázquez y Adrián Sánchez (Gustav, el príncipe heredero); Claudia García y Chavela Riera (Rava, Hada de la Justicia), así como el primer bailarín Ernesto Díaz y Yansiel Pujada (Leontyne, la madrastra de Greta).

 El estreno de La Cenicienta tuvo lugar en mayo de 1901, en Berlín, y con posterioridad, fue presentada en 1908, en la Ópera de la Corte de Viena. No obstante la popularidad de Strauss, la obra tuvo entonces una efímera existencia escénica. El artista insular Pedro Consuegra presentó por primera vez una versión coreográfica de la obra en 1988, en la Opera de Marsella.

Para el BNC, Consuegra revisó sustancialmente esa coreografía, y enriqueció los aspectos técnicos y dramáticos. Esa nueva versión fue estrenada en La Habana el 9 de marzo de 1996.

 Desde su estreno hace más de dos décadas, La Cenicienta ha obtenido muy buenas críticas por parte de la prensa especializada, ya que la excelencia artístico-profesional que identifica a los intérpretes, tanto a los consagrados como a los noveles, está condicionada —fundamentalmente— no solo por el dominio de la técnica académica y la interpretación teatral (dos caras de la misma moneda), sino también por la bien dosificada utilización de recursos expresivos e histriónicos (sobre todo los desplegados en el proscenio por Ernesto Díaz, quien —al igual que Yansiel Pujada— ha hecho una originalísima caracterización psicológica de la malvada Leontyne); recursos básicos indispensables, cuyo empleo demanda esa puesta en escena, la cual busca producir en los amantes del arte de las puntas un efecto alegre y entretenido. En opinión de este cronista, lo ha conseguido con creces.

Ahora bien, el “secreto” es muy simple: con apoyo en los movimientos corporales, cuyas vibraciones musculares los bailarines intelectualizan y espiritualizan para insuflarles “vida” en las tablas a los personajes que intervienen en la obra, los integrantes de la agrupación han hecho de esa gema del arte danzario una puesta única e irrepetible.   

Este relato coreográfico-dramatúrgico tiene un carácter infanto-juvenil por excelencia, propio de los “cuentos de hadas”; por ende, Pedro Consuegra y el elenco que participa en esa obra, han querido colocar sobre el escenario la historia tal cual es, con una coreografía sencilla, sin ningún tipo de complejidad, y sobre todo, accesible a los pequeños príncipes, mientras el epílogo deviene un divertimento al estilo de los grandes ballets clásicos y un pas de deux atrevido, radiante y elaborado con impecable exquisitez para que Chanel Cabrera y Ginet Moncho, así como Yankiel Vázquez y Adrián Sánchez  —por solo citar algunos ejemplos significativos, pero hay muchos más— desarrollaran las excelentes condiciones técnico-interpretativas y la indiscutible profesionalidad que, en el campo del ballet clásico, los singularizan en cualquier teatro nacional o foráneo.