La ciudad bendecida de Salvador Pavón

La ciudad bendecida de Salvador Pavón

  • Piezas del artista holguinero Salvador Pavón. Fotos del autor
    Piezas del artista holguinero Salvador Pavón. Fotos del autor
  • Piezas del artista holguinero Salvador Pavón. Fotos del autor
    Piezas del artista holguinero Salvador Pavón. Fotos del autor

Salvador Pavón es un creador nada ingenuo, aunque asuma el naif –caracterizado por la espontaneidad, el autodidactismo de sus exponentes, los colores brillantes y contrastados y la perspectiva acientífica captada por intuición, que en muchos aspectos recuerda (o se inspira) en el arte infantil, incluso ajeno al aprendizaje académico– como la corriente artística con que se vale para expresar sus muchas inquietudes.

En una provincia donde el naif no es tendencia, como sí lo es, por ejemplo, en ciertas zonas de Santiago de Cuba, aunque con la notable excepción de Julio Breff en Mayarí, Pavón ha sabido armar una cosmogonía distinguible a simple vista en el contexto plástico local. Ha defendido su estética: sus cuadros no se parecen a otros, sus ciudades –Holguín, siempre Holguín, como inquietud primera– le pertenecen en toda su profundidad.

Esta pertenencia habita en toda su extensión en la muestra Ciudad bendecida, que reúne 22 de sus piezas en la Sala Pequeña del Centro Provincial de Arte y que viene a ser compendio de su amplio bregar para intentar captar –cosa que sin dudas Pavón ha logrado– la idiosincrasia del holguinero en su ciudad, aquello que, aunque llevado a la figuración del naif, por momentos exagerada, por momentos ingenua, lo caracteriza en el país.

Cuidad bendecida, expuesta, además, en la edición 38 del Festival del Caribe, en Santiago de Cuba, es una invitación para descubrir a Holguín, urbe que celebra 267 años del otorgamiento del título de Ciudad y Tenencia de Gobierno, desde varios ángulos: lo social, lo político, lo religioso, lo cultural… como parte de su raigambre identitaria.

“Pensar en el naif solo como expresión plena de ensoñaciones o fabulación es error frecuente. Y es que tras ese velo también es posible la reflexión, encontrar proposiciones que traspasan la retina…”, afirma Yuricel Moreno, investigadora y directora del Centro Provincial de Arte, en las palabras del catálogo de la muestra de Pavón.

La Loma de la Cruz, epicentro de buena parte de los cuadros, ese “guardián infinito de la ciudad” que “ve como la ciudad amanece, se desarrolla, decrece, duerme”, afirma Salvador, los carnavales que peculiarizan los festejos estivales, el béisbol como pasión e identidad, eventos culturales como las Romerías de Mayo, el guateque campesino, la zafra azucarera, el transporte público… son algunos de los elementos para asimilar y recorrer la muestra personal de Salvador Pavón, que ha llamado Ciudad Bendecida aludiendo a la visita del Papa Francisco a estas tierras orientales, el 21 de septiembre del 2015.

La propia bendición papal desde las alturas de la Loma de la Cruz se muestra en varios de sus cuadros, entre ellos Holguín, ciudad bendecida, pero también encontramos elementos de la transculturación, incluidos los cultos espiritistas, como en la pieza El templo.

Elementos identitarios de la ciudad –el parque Calixto García, el estadio con igual nombre, el Gabinete Caligari, el propio Centro Provincial de Arte, el parque El Quijote, la Catedral San Isidoro, entre muchos otros– y sus habitantes, incluidos algunos poblados azucareros pertenecientes a otros municipios de Holguín, peculiarizan una poética para nada ingenua, sino al contrario: llena de guiños e insinuaciones sociales y culturales: La boda, Transporte 2018, Sueño de cachorros, Supervivencia, Fin de zafra, Hacia el futuro, La feria, Diosa de la danza, Héroes anónimos, entre otras, son ejemplo de ello.

Notamos incluso, en ¿Desea un puro?, una referencia a la icónica pieza ¿Desea más café, Don Ignacio? (1936) de Antonio Gattorno. Aunque los contextos han cambiado, las escencias parecen ser las mismas, por eso la joven de Gattorno, sentada con su mejor vestido a la derecha del cuadro, con su café aun intacto, es muy parecida a la del cuadro de Pavón, aunque esta sostiene convencida su tasa de café, mientras la familia sonríe, porque sabe que con la visita de este señor las cosas pueden cambiar en la casa. Detrás, en la pared, en la complicidad, una reproducción de Gitana tropical, de Víctor Manuel, y una de las mujeres de la serie Habanera tú, de Servando Cabrera Moreno.

La mirada de Salvador Pavón, cargada de los rasgos típicos del naif, pero no dependiente de ellos, viene a adentrarse en los entresijos de la ciudad de Holguín, siguiendo la mejor tradición insular que se ha apropiado de las urbes. Así revisita sus elementos identitarios, los hace suyos y nos lo muestra vitales con la sugerente línea de su pincel.