La fiesta de la Musicología en Cuba

La fiesta de la Musicología en Cuba

  • Premio de Musicología 2016, Foto: Camilo García Lopéz-Trigo
    Premio de Musicología 2016, Foto: Camilo García Lopéz-Trigo

Recientemente en el mes de marzo se celebró un evento más de la musicología en la Casa de las Américas. Estos encuentros debieran convertirse en una verdadera fiesta de los estudiosos de la música de cualquier género y cualquier dominio internacional.

Pero, algunos dicen que deben tratar temas que bajen a tierra, que estén más a tono con la mundialización del mundo popular.

Durante siglos el eurocentrismo hizo mucho mal a la música en América. Por eurocentrismo se entienden la tendencia dominante en la culturología occidental del siglo xx que se reduce a defender el supuesto de que la cultura es el resultado exclusivo de la creación llevada a cabo por los pueblos europeos a través de la historia y, principalmente de los pueblos de Europa occidental. De acuerdo con esta concepción, los pueblos restantes como los de Asia, África, Oceanía y América Latina, no estaban en capacidad de crear una cultura verdadera. (I. Savranski).

Para que tengamos una idea de la riqueza de las músicas de esas zonas del planeta baste mencionar que existen actualmente cuatro grandes epicentros musicales, cuyo origen no conocemos pero que corresponden a concepciones del arte musical comunes a vastas regiones del globo y que se diferencias claramente en la manera de utilizar los sonidos para convertirlos en objetos de arte y medios de comunicación.

En esos cuatro grandes epicentros encontramos músicas árabes, del sudeste asiático, del lejano oriente (China, Corea, Mongolia, Japón y Vietnam). Y África que hoy alimenta a casi todas las músicas rítmicas populares del planeta.

Sabemos que, de estas músicas la llamada precolombina ha sido como la más ignorada y desatendida de todas las que ha producido las altas culturas de la humanidad.

Hoy en día el elemento socioantropológico es de enorme importancia para comprender la esencia de esas músicas que, no hace mucho le llamaban “salvajes”, “exóticas”. En última instancia los exóticos somos los de esta parte del hemisferio occidental que vivimos en el Nuevo Mundo; mientras que aquellos del Lejano Oriente y los de África son hombres de zonas donde se inició la civilización.

Por otra parte están las músicas populares de gran masividad que nunca tuvo el estudio que merecía –desde el primer momento– la música del movimiento pop, del rock y de la salsa.

A veces observamos análisis altamente rigurosos y nos preguntamos ¿Qué bueno sería que esos enjundiosos análisis se le hicieran a la música popular cubana?

Todavía estamos en deuda con el sabio Fernando Ortiz que planteaba “Al historiador de la música afrocubana le será muy difícil penetrar en el campo objeto de su estudio por la escasez de información, pues en Cuba la música de los negros jamás fue estudiada y así los escritores nativos como los viajeros que pasaron por el país solo escribieron meras impresiones acerca de ella y trataron de sus aspectos sociales, no ocupándose de su transcripción ni de su análisis”.

Otro de los asuntos que esperan por un riguroso estudio son los géneros musicales de la música popular cubana. Hubo que esperar decena de años para que los musicólogos descubrieran que la llamada “timba” era un nuevo género musical en la que se fundieron cinco ritmos cubanos (el son, la guaracha, el danzón, el mambo, el son, la guaracha y la rumba).

En el mambo se fundieron dos ritmos: el danzón y el son; mientras que en la timba se lograron nada menos que cinco ritmos bien fundamentados, de ahí la dificultad de interpretar este nuevo ritmo que trajo más revuelo que la llegada de la luz eléctrica a La Habana.

El desconocimiento de estas músicas arrastra muchos prejuicios, tan pronto aparece un ritmo, un nuevo género, cualquier estilo musical, hay que entrarle de frente y analizarlo, para evitar incomprensiones tan lamentables.

La música en Cuba es muy rica, compleja y merece un estudio constante, esa es una tarea de nosotros los cubanos. Si no lo hacemos nosotros ¿quién lo va a hacer?

La musicóloga Mercedes León reconoce que existe “una ambigüedad en la definición del estilo y el género en la música… El concepto musical ha sido muy maltratado a lo largo de la historia de la musicología”.

Cuba cuenta actualmente con muchos musicólogos jóvenes que pueden emprender todas estas necesidades y pueden acercarse cada vez más a nuestra música. Pensamos en María Claudia Figueroa Gómez, Anay Ramón García, Erick González León, Yorisel Andino y muchos otros. La juventud siempre lo renueva todo, hasta sus cimentos.

Hay que volver a las esencias, a lo perdido, a la identidad nacional y hacer como Gabriel García Márquez: “Nunca perder la brújula de lo popular”.