La poesía de Julia Cabalé: respirar desde el árbol

La poesía de Julia Cabalé: respirar desde el árbol

  • Julia Cabalé autora de los libros La ficción de la luz y Ceremonia del tacto. Foto tomada de Internet
    Julia Cabalé autora de los libros La ficción de la luz y Ceremonia del tacto. Foto tomada de Internet

Decía Lezama que el decadentismo finisecular había trazado que nuestros mejores gestos eran los inútiles, que nuestras palabras más valiosas se desprendían de su propia inutilidad, y que el arte era lo inútil. Intuía: “Si me froto las manos porque estoy contento o tengo frío estamos dentro de una pragmática, pero la inmotivez empieza cuando sin causa justificada comienzo a frotarme las manos ¿es eso inútil? Cuando más actos inmotivados puedo realizar mayor es mi plenitud, porque esos actos sin causa atestiguan la paz y la riqueza extraterrena de un cumplimiento […] Cuantos más actos inmotivados se realicen mayor es la altura del signo y de la misión”[1]. Semejante aserto vuelve a tener sentido cuando desbrozamos la zona ideotemática del libro de Julia Cabalé La ficción de la luz, publicado por Ediciones UNION. [2] Tales actos involuntarios le hacen preguntarse hasta dónde somos ser, somos constante en el tránsito? O hasta qué punto nos traiciona la conciencia y nos exilia, o nos hace parte del mundo. En esta poesía el pasado y el futuro son mostrados como lo que nos abandona y nos deja a merced del tránsito, en el que acaso el hombre no podrá dibujar una estela de sí. Pues se trata de hallar y descubrir una constante, y, una vez encontrada, recomenzar en un ritmo estrujado el latir de las cosas. Tales preocupaciones se encuentran también en su ópera prima Ceremonia del tacto[3], publicado diez años atrás, donde el ser es descrito como puro tránsito, nunca dueño ni de su pasado ni de su futuro, y cursan hiladas la conciencia del devenir y el afán de absolutos, aunque en verdad es menos desolado que el libro que aquí se comenta[4]. En tal sentido el intelecto en la urdimbre de la fe encuentra los costados de la duda, los lindes de lo incierto. A veces es inútil pensar que se despieza el universo, cuando todo es una masa esencial, aunque mutable, donde impera el rapto, la irrupción, la torsión brusca de lo que vivimos. Se respira en estas páginas la omnipotencia perecedera del ser, uno de nuestros mayores milagros como especie: cantar el rapto, la ocasión, la desesperada punta que asoma y se aleja. De la duda a la probabilidad se teje un sendero, y no se lee  sobre el símbolo que ves: lo adivinas, lo presupones, lo vistes, sin verlo y sin saber. En este mar efímero, y poniendo en juego la anulación, nunca es tan certera que no quede como insinuación, como sospecha, como futuro intuido —no alcanzado— Véase sino el poema “?”

 

Más allá   calculo el signo

Más allá   multitudes y ¿quién soy?

 

Alguien que dirijo

me concreta

 

Más allá  calculo el signo.[5]

 

Los poemas aparecen a manera de traducción de momentos, sensaciones, atisbos, intuiciones atrevidas que develan lo insondable del alma humana. Si la aguja es el mundo, la hebra que entra en la aguja es una pálida interpretación del mundo y exhiben, no sé si como hallazgo o como falta, la escasa distancia que puede haber entre el poema y la adivinanza, el vestigio de lo que fue o lo que será. Hay una manera de buscar lo poético a través de razonamientos de aliento filosófico. Tales modos de percepción van entrando en el texto como discurso para alcanzar una distinción que a veces se obtiene, en otras, el intento conduce a un reino vacío y sin trasmutación.

A nivel compositivo se observa cierta reiteración de estructuras, de tonos para aproximarse a una realidad, lo que le resta fluidez a varios de los poemas que se entregan. Aquella distinción que reza que un límite es un ángulo puede ser aprehendida en estos textos breves, precisos y espontáneos donde la razón es trágica, como trágico es cualquier fin último, cualquier destino  al que se aboca la vida, al decir de Luisa Villalta. Ojalá que ese acto inmotivado, digno del mejor Chesterton, conduzca la poesía venidera de Julia Cabalé por nuevos senderos iguales de metafísicos, respirando ya desde el árbol de la eficacia expresiva.

 

Notas:

[1] José Lezama Lima. “La imaginación medieval en Chesterton” en Analecta del reloj. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2010, pp. 93- 94

[2] Julia Cabalé: La ficción de la luz. Ediciones UNIÓN, La Habana, 2010.

[3] Este libro obtuvo el Premio David de la UNEAC en el año 2000.

[4] Tales preocupaciones afloran en Ceremonia del tacto no sólo en los poemas, sino en algunos subtítulos del cuaderno como “Cuerpo en fuga”.

[5] Julia Cabalé. Ob. Cit, p. 17.