Leymen Pérez: “Hay que ser riguroso con lo que se entrega a la imprenta”

Leymen Pérez: “Hay que ser riguroso con lo que se entrega a la imprenta”

  • Leymen evocó diversas etapas de su vida que han contribuido a su formación intelectual.  Foto del autor
    Leymen evocó diversas etapas de su vida que han contribuido a su formación intelectual. Foto del autor

“Hay que ser riguroso con lo que se entrega a la imprenta; hay que darse un tiempo para cuestionar, rehacer o eliminar, pulir”, dijo el poeta y editor Leymen Pérez García (Matanzas, 1974) en el espacio El sombrero de Zequeira, que auspicia el Centro de Promoción Literaria José Jacinto Milanés, en la ciudad de Matanzas.

“Pienso que esa es una advertencia que todo aquel que asume las letras como un oficio, o, más que eso, como el fin de sus vidas, debiera tener en cuenta; es algo que se ha dicho pero que necesariamente nos lo debemos repetir a cada momento, para no caer en la tentación de publicar lo que aún no está listo”, añadió este autor.

El escritor Derbys Domínguez, conductor de El sombrero de Zequeira, afirmó que en Leymen se nota precisamente una preocupación “por la limpieza de sus versos, la organicidad conceptual, la unidad espiritual y formal de sus libros”, que son ya más de una decena (entre estos Corrientes coloniales, El libro de Heráclito y Fatigas del trópico) y le han propiciado numerosos premios literarios.

Por su parte, Leymen se refirió a los personales procesos de “decantación” a los que va sometiendo cuanto escribe, y destacó en especial la importancia que concede a la estructuración de un libro “para que este pueda alcanzar su plenitud”.

“He apreciado mucho lo que han comentado sobre este tema poetas como José Kozer y Roberto Manzano. Por otro lado considero que poetas de mi generación como Luis Manuel Pérez Boitel y Luis Yuseff sobresalen por la manera en que ordenan sus libros; aquí mismo en Matanzas siempre me ha llamado la atención la habilidad de Alfredo Zaldívar en ese sentido. Sin embargo, es de lamentar que nos encontremos, no pocas veces, libros precariamente organizados, algunos de gran fuerza poética, pero con esa fisura en su armarzón que sin dudas les resta un poco”.

“Yo trabajo el libro como un concepto. Y a ese concepto responde cada una de sus partes. Hay cosas que ayudan a esto. Cosas que se aprenden con el tiempo, con el oficio. Hay poemas pórticos, poemas bisagra. Hay un ritmo que mantener. Hay poemas de largo aliento, extensos, a los que deben seguir otros más breves, para incorporar un respiro, un descanso...”.

En El sombrero de Zequeira, un espacio que se desarrolla con carácter mensual, Leymen evocó diversas etapas de su vida que han contribuido a su formación intelectual. 

“Me veo de pequeño en las canturías campesinas que se organizaban en mi casa, pues mi abuelo era un repentista de cierto reconocimiento, al punto que él y mi abuela solían cantar en el programa televisivo Palmas y Cañas. En las canturías era  regañado o castigado porque tocaba sin permiso las claves o las maracas, o interrumpía de alguna otra manera.

“Después, repentinamente, con 16 o 17 años, empecé a escribir por un impulso inexplicable. Me salían unos textos en los que la tierra se hundía o pasaban cosas así, apocalípticas. Luego, en las clases de artes marciales a las que asistía, conocí a Raidel Hernández, quien ya era el esposo de Carilda Oliver Labra. Comencé a visitar su casa y Carilda, además de revisar mis textos con gran bondad, me prestaba libros y llegó a darme una lista con los títulos que, a su juicio, yo debía leer en aquel momento. Conservo aún esa lista, escrita a mano por ella.

“Pasó el tiempo, me vinculé al grupo de jóvenes poetas (Israel Domínguez, Gaudencio Rodríguez Santana, Derbys Domínguez, Nairys Fernández, entre otros) que se hallaban vinculados a la filial matancera de la AHS, en cuya editorial, Aldabón, publicaría posteriormente algunos de mis primeros libros”.

Leymen se refirió asimismo a otra etapa fundamental para él: su entrada a Ediciones Matanzas, donde se desempeñó hasta hace poco como jefe de redacción de su revista, y como editor de numerosos libros. El oficio de editor lo desarrolla en la actualidad en Letras Cubanas.

En declaraciones a este sitio digital, él comentó que su cuaderno de versos Fracturas de la belleza (Ediciones Matanzas, 2018), ganador del Premio Fundación de la Ciudad de Matanzas, será presentado este domingo en La Cabaña, en la Feria del Libro Cuba 2019. Igualmente anunció que Letras Cubanas dará a conocer próximamente otro poemario suyo, Subsuelos. “Tengo otros proyectos en los que trabajo en estos momentos —añadió este autor—, escribo, reviso, escribo: la poesía es una vocación, una necesidad espiritual, y aún en etapas de silencios se manifiesta de disímiles formas”.