María del Pilar Reyes, a las puertas de la luz

María del Pilar Reyes, a las puertas de la luz

  • María del Pilar Reyes reúne en A las puertas de la luz parte de su trabajo enfocado a la pintura de tema religioso. Fotos: Adrián Aguilera
    María del Pilar Reyes reúne en A las puertas de la luz parte de su trabajo enfocado a la pintura de tema religioso. Fotos: Adrián Aguilera
  • María del Pilar Reyes reúne en A las puertas de la luz parte de su trabajo enfocado a la pintura de tema religioso. Fotos: Adrián Aguilera
    María del Pilar Reyes reúne en A las puertas de la luz parte de su trabajo enfocado a la pintura de tema religioso. Fotos: Adrián Aguilera

La obra de María del Pilar Reyes —como afirma Martín Garrido— posee un “estilo, una manera, un sello personal” que la hace distinguible a simple vista. Esa marca es lo que hace perdurable un quehacer artístico más allá de maneras, corrientes o modas pasajeras.

Después de varios años sin realizar exposiciones personales, María del Pilar (Holguín, 1970) reúne en A las puertas de la luz, expuesta en la Sala Pequeña del Centro Provincial de Arte, parte de su trabajo más reciente, enfocado a la pintura de tema religioso.

Poseedora de una cosmogonía que nos remite a una herencia del arte occidental conscientemente asimilada y nos muestra, además, a una creadora culta e informada: la pintura bizantina —las líneas, los rostros, la perspectiva—, el cubismo picassiano, la obra surrealista de las mexicanas Leonora Carrington y Remedios Varo, estas piezas parten de una ilusoria sencillez que se adentra en “capas muy profundas de la espiritualidad humana”.

Apreciarlas levemente, deteniéndose apenas en la armonía, los coloridos tonos pasteles, sería desperdiciar la hondura que nos entrega María del Pilar en A las puertas de la luz, con curaduría de Susana Legrá Pedrera y dirección general de Yuricel Moreno Zaldívar.

Partiendo de la figura bíblica de Jesús como hilo conductor de esta muestra, María del Pilar sigue la línea trazada en su producción anterior: “No hay rupturas visibles, no hay un antes o un después. Ese acento místico que ahora se subraya en las piezas de la muestra ya aparecía en sus piezas anteriores, ya estaba ahí, con ella, desde sus inicios, en obras donde el misterio, la fabulación, lo inasible, marcaban las pautas”, añade el investigador Martín Garrido.

Sus figuras minimalistas están cargadas de “símbolos muy escuetos, inmersos en la luz, materia primigenia de todo lo existente”: rostros alargados y mayormente de perfil; árboles con ramas y sin hojas; carpas coloridas; sencillas vestimentas; cruces y apenas accesorios… que permanecen como signos de identidad en una muestra integrada por piezas como: “Tan solo con que llegue a tocar tu capa quedaré sano”, “En ese momento abrieron los ojos y reconocieron a Jesús”, “En el camino de Emaús”, “Con la cruz a cuesta”, “Oración y vida”, “Franciscanos siguiendo a Cristo”, “Restaurando la naturaleza con San Francisco de Asís”, “Restaurando la naturaleza con Jesús”, “Completando tu cruz”, “Idilio” y “Mi Señor y yo”, todas pastel sobre cartulina, salvo la pieza de la que toma el título la muestra, “A las puertas de la cruz” (acrílico sobre lienzo).

María del Pilar ha sabido impregnarles a sus alargadas figuras una sugerente humanidad que destila un halo metafísico y espiritual. Ella parece decirnos que el motivo primario de sus cuadros no es lo religioso, sino la luz que hace que nos detengamos en el camino.

Lo elemental y más sencillo, aquello que es apenas esencial, como nos recuerdan varias órdenes religiosas, entre ellas los franciscanos, es una manera de estar cerca de lo bello y lo divino.

Quienes apreciamos su obra y hemos seguido el trabajo de María del Pilar Reyes agradecemos que la artista holguinera nos proporcione pistas, señales, que conducen a las puertas de la luz.