María Zambrano en La Universidad del Aire

María Zambrano en La Universidad del Aire

  • María Zambrano con eliseo diego. Foto tomada de Internet
    María Zambrano con eliseo diego. Foto tomada de Internet

A Roberto Méndez y Enrique Saínz

Mas, ¿qué es la filosofía? La respuesta que voy a darles a Uds. a esta pregunta, no es muy usual, aunque sí antigua y quizá les sorprenda un poco: filosofía es una forma de amor. La única forma de amor que no es una pasión, pues es amor intelectual. («De Unamuno a Ortega y Gasset»)

María Zambrano

El exilio de María Zambrano (1904-1991) comprendió desde 1939 a 1984. Al retornar a España, llegaba con un aprendizaje del mundo, tanto del que había asimilado por estudios como del visto o imaginado. Su mejor fe de vida estaba en los libros publicados por entonces, destacándose sobre todo Hacia un saber sobre alma, Filosofía y poesía, Delirio y destino, El hombre y lo divino, Claros del bosque… Exilio y escritura marcaron una obra autobiográfica donde la poesía tuvo como aliada a la filosofía.

París, México, Cuba, Puerto Rico, Venezuela, Chile, Roma… testificaron su presencia. En España comenzó a publicar artículos como Por qué se escribe y Hacia un saber sobre el alma; también dio a conocer su primer libro: Horizonte del liberalismo (1930). Aunque no sería hasta el sosiego aparente que alcanzó en Latinoamérica, que su prosa poética desplegaría una generosidad intelectual para con el país que la abrigaba. Mientras en México publicaba Pensamiento y poesía en la vida española (1939), Filosofía y poesía (1939) y La confesión: género literario y método (1943), en Argentina le imprimían El pensamiento vivo de Séneca (Presentación y antología, 1944), La agonía de Europa (1945) y Hacia un saber sobre el alma (1950). No se olvide que las primeras líneas de Delirio y destino (1953) y El hombre y lo divino (1955) fueron escritas en suelo cubano.

En La Habana, de la cual salió y entró en frecuentes ocasiones (cinco o seis veces tal vez) (1) desde 1936 hasta 1953, se relacionó con el grupo Orígenes, impartió conferencias y, además del célebre ensayo «La Cuba secreta», colaboró con cuanta publicación la invitaba o los amigos intelectuales le facilitaban. Se sabe de sus textos en las revistas Espuela de Plata, Orígenes, Bohemia y Ciclón,por mencionar cuatro de relevancia, si bien existen más registros de su prosa en otras publicaciones. A partir de 1949 colaboraría además con La Universidad del Aire, (2) idea y hecho de Jorge Mañach, el antecedente indiscutible de proyectos posrepublicanos.

Para La Universidad del Aire María Zambrano impartió cinco conferencias («La crisis de la cultura de Occidente», «De Unamuno a Ortega y Gasset», «Quevedo y la conciencia en España», «El sembrador Rousseau» y «El nacimiento de la conciencia histórica») que, asociadas con sus libros, constituyen aperturas temáticas, cuando no ramificaciones de los mismos. Temas abarcadores o específicos: la libertad y la esperanza o la filosofía y la poesía; la historia y la época moderna. Al fin y al cabo, creaciones humanas todas. Y, en el centro y las afueras, la tragedia. «Tragedia —no quiere decir catástrofe—sino conflicto. Y así ha de ser forzosamente para el más humano de los quehaceres: un conflicto». (3)

Mas no podemos limitarnos solo a sus conferencias cuando se le relaciona con La Universidad…, pues intervino en alguna ocasión ante discursos de colegas y, cuando hizo falta, expuso más criterios luego de sus exposiciones. Criterios/posturas/declaración de principios que son constancias analíticas como el criticar a la modernidad por su menosprecio u olvido de la espiritualidad, caso del  fracaso como categoría ontológica y antropológica.

Juzgar con avidez relacionante, entraña partir de (y llegar a) su expresión peculiar. Procedimiento y resultado. De ahí que Virginia Trueba, a propósito, apunte: «La particularidad de la escritura de Zambrano, discontinua, fragmentaria, inconclusa, es, en resumen, producto del pensar alternativo que ella, propone, resistente a la idea de totalidad y des-enlace final». (4)

«La crisis de la cultura de Occidente» es la primera de estas conferencias.Aunque impartida en 1949, se relaciona con otra ya escrita en Argentina en 1940: «La agonía en Europa», pronunciada un año después en La Habana con el cambio en la preposición en. Luego conformará un compendio significativo de igual nombre: La agonía de Europa. Con posterioridad, aparecerán nuevos volúmenes a partir de antologías de artículos o ensayos cortos ya publicados. Por su parte, «De Unamuno a Ortega y Gasset», la segunda de sus disertaciones, puede resaltar no solo por la familiaridad con que nos habla de ambas personalidades, sino por descubrirle al lector acuerdos afines, por ejemplo, entre el juicio martiano de «patria es humanidad» y una de las nociones zambranianas de la cultura, ya que más de un concepto ha ofrecido en «La crisis de la cultura de Occidente». (5)

Y así las diversas culturas ya pasadas, persisten dentro de la que hoy vivimos. Cada una es algo así como una patria. Todo hombre culto tiene, no una, sino varias patrias, y el más culto será aquel que en su espíritu y modo de vivir, haya incorporado todas las patrias, todas las culturas de las que tenemos conocimiento, aquel en que resuene la voz más remota del pasado, unida a la voz del futuro, que clama por abrirse paso. (6)

El contenido de su posterior discurso: «Quevedo y la conciencia en España»genera una discusión que comienza con una pregunta retadora concebida por Gustavo Duran: «Doctora Zambrano, por favor, ¿me podría explicar brevemente el libro “Los Sueños” de Quevedo?». Tanto por lo específico del tema como por lo estipulado en el reglamento de La Universidad del Aire, Duran le exige una particularidad dentro del enorme orbe del escritor madrileño. Pero ella, que ha releído a Quevedo, le recuerda:

El libro de “Los Sueños” es una obra sumamente extensa, sumamente complicada; forman parte de ella “El Sueño del Juicio final”, “El Sueño de la Muerte”, “El Mundo por dentro”, “El Alguacil alguacilado” o “El Alguacil endemoniado”; “El Infierno enmendado”, algunos creen, pero no es seguro, que la “Casa de locos de Amor”: después hay unos Sueños morales que han aparecido solamente una vez en una edición. Para explicar detalladamente uno a uno, haría falta un pequeño cursillo, ¿verdad? No puedo añadir sino lo que ya he dicho: que creo que se trata de un realismo visionario, en el cual se hace la crítica de la sociedad de la época y quizá de toda la sociedad, en que se ve la realidad; pero la realidad como danza, como danza de todas las pasiones que pueden llenar el corazón humano y danza también de las postrimerías, puesto que hasta se mete en el infierno el mismo Quevedo. (7)

Si de conversaciones intelectuales se trata, no puede obviarse lo acontecido a raíz de su conferencia «El sembrador Rousseau», donde, amén de recordar la proximidad entre la fe y las ciencias en el siglo XVIII, relaciona —como lo había hecho ya con Quevedo y antes con Ortega y Unamuno—, biografía con pensamiento. El propósito es no dejar independiente o distante la reflexión propia y ajena de donde emana: la persona. Al terminar la Zambrano su disertación, el Dr. Beguez César le hace tres preguntas muy categóricas que, por razones de tiempo, ella no le puede contestar. Lo que no supuso se quedara callada, pues le recordó con sutilezas los puntos de vista de su conferencia. Sin embargo, ante una anterior interpelación, el intercambio resultó más fructífero. He aquí la transcripción de un fragmento.

SR. REYNOSO: Escuché durante su conferencia que decía quela historia es un mal casi inevitable, ¿no cree usted que es más una lección preventiva que un mal?

DRA. ZAMBRANO: Bueno, la historia es un mal, lo dice Rousseau,no lo digo yo. Yo tenía que exponer el pensamiento de Rousseau. El cree que es un mal evitable. En ese sentido, coincidirán más tarde con él doctrinas que están en la mente de todos, como el Marxismo por ejemplo y el Anarquismo, que también quieren salvar al hombre de la historia. Ahora, lo más curioso que yo propongo como meditación a los oyentes es que se considerara la historia como un mal y la necesidad de salvarse de la historia, está ya propuesta en “La Ciudad de Dios” de San Agustín. (8)

En tiempos más recientes hemos podido acceder a análisis sobre la escritura de la filósofa, los cuales confirman lo que ya era un logro autoral perceptible en colaboraciones menos extensas como las de los Cuadernos de la Universidad del Aire. No por gusto, cuando Eduardo Moga se centra en Claros del bosque y antes en El pensamiento vivo de Séneca, reconoce que es la elegancia, virtud suprema en Séneca, la que se proyecta asimismo en el estilo de María Zambrano,

 

que es la forma en que se manifiesta su inteligencia: un estilo poético, es decir, paradójico, sinuoso, fluvial, ardiente, repetitivo, polisémico, armónico, metafórico, ambiguo y exacto; un estilo, también, muy visual, casi tropical —por su exuberancia léxica y la  profusión—, que se despliega con una nobleza oratoria, sin que por ello resulte oneroso ni renuncie a un susurro femenino: tiene densidad, pero no peso; es incisivo, pero resulta natural; ilumina, pero no ciega, quizá porque, como querían los místicos, que tanto influyeron en ella, su palpitar oscuro crea claridad, como el centro de la llama. Y en ese estilo radicalmente lírico resulta fundamental el impulso sonoro, el tirón sensible que empuja a la escritura y crea, por resonancia, el pensamiento. (9)

Sus textos en los Cuadernos de la Universidad del Aire son de mucha claridad expositiva. Claridad es franqueza y, a menudo, sencillez. Ahora, la sencillez en la Zambrano es momentánea y la belleza del lenguaje un acontecimiento. ¿Para dónde y para quiénes ella impartía sus conferencias? Lo tuvo claro al exponer y exponerse. En efecto, consúltese «Quevedo y la conciencia en España», donde advierte

(…) una conciencia mezclada con el sueño, con la esperanza y con la desesperación… Lo otro, su obra poética, son “las verdades soñadas” que trascienden todo eso. Y en raíz de todo algo muy original, muy actual también: el sentir del tiempo. El sentir del tiempo que no su concepto, que no el intento de apresarle en una idea filosófica. No, Quevedo era hombre de sensibilidad agudísima, siempre en vela. Conciencia vigilante en la que se habían mezclado hasta fundirse, la vigilia y el sueño y así despierto soñaba y dormido… pero no podía dormir. (10)

En rigor, la amenidad discursiva de María Zambrano se debía tanto a las exigencias del medio como a su desenvoltura conversacional. Pero evitó confinarse al reglamento de la propia Universidad del Aire, en particular al estatuto que abogaba por alejarse de «impartir conocimientos detallados o profundos, sino más bien nociones introductoras y generales que abran una vía inicial a la curiosidad de los oyentes».

Antes de su conferencia «El nacimiento de la conciencia histórica» interviene en la discusión de la que le precedió («Ambiente espiritual del siglo XX») impartida por Avelino Cañal y Barrachina…, a quien le indica:

Más que nada he pedido la palabra para felicitarle por su conferencia y además quería hacerle esta observación o pregunta, o las dos cosas. No es un signo de la crisis, sólo el que no haya metas, porque la verdad es que la crisis es sumamente ambigua, y si nos fijamos, encontramos que por el contrario, gran parte de la juventud está desbordada hacia metas inmediatas, que ni merecen ser llamadas siquiera metas, puesto que están al alcance de la mano. Hay un entusiasmo y un desbordamiento frenético hacia la conquista de esas metas inmediatas. Tanto si se observa ese aspecto como el otro, de que el hombre se haya quedado sin meta, es decir, sin finalidad, lo que hay es una crisis de la vocación y ésta, la crisis de la vocación, es quizás uno de los signos más reveladores de la crisis. (11)

La acotación de la pensadora está relacionada con otros textos publicados en Cuba como «El ídolo y la víctima», «Juventudes de Europa» y, antes, con su bellísimo «Sentido de la derrota», sin dejar de mencionar «La crisis de la cultura de Occidente», la primera de sus conferencias en La Universidad… Pero, ¿de qué va un texto como«El nacimiento de la conciencia histórica»? Pues a decirnos que existe un aspecto positivo en la crisis que es la propia conciencia histórica. Mas, ¿cómo se nos presenta?

La historia verdadera de una cultura o de una persona no es solamente lo que le pasa, el relato fiel de los sucesos, sino algo más: cómo se viven esos sucesos, desde qué situación; cuál es la conciencia que los recoge y aún más: cuál es la esperanza que los atraviesa. Sin eso no hay verdadera historia humana, sino tan sólo un amasijo de hechos. (12)

Y, ¿qué hacemos al asumir la conciencia histórica? Reconocernos en cuanto nos ha ido y nos va implicando.«Conciencia histórica será pues, un mantener la atención constante, intensamente en los acontecimientos históricos». A la conciencia histórica no le concierne tanto nuestra generosidad como sí esa preocupación para con nuestro devenir como especie. «La historia es un vehículo que no se detiene ni un instante. La cogemos en marcha si es que no nos atropella». La conferencia generaría un intercambio harto estimable, en el cual se apreció nuevamente la locuacidad de la filósofa poeta. 

Con Zambrano era (y es) eso: Comunicar o compartir la crisis epocal y un método ontológico para plantearse la vida dentro de aquélla. Comunicó su aún frescao, más bien, auroral razón poética, para decirlo con sus propios términos.«Habla, no escribe, habla. Lo que pasa que está escrito. Pero la inmediatez de su escritura parece como si fuera una voz», recuerda Toni Marí en el documental Las sin sombrero (2015). Por darse con frecuencia a la conversación, palabra y voz en ella acordaron enseñar el saber de oídas. No le fue ajeno el lenguaje radiofónico. María Zambrano revelaría en estos cinco textos de la Universidad del Aire, como lo publicado después, un vínculo entre dos creídos opuestos: quietud y sorpresa que, de inmediato, son conferidos al oyente. De esos estados dio fe Eliseo Diego al testimoniar:

Nos reuníamos en torno a nuestra María repito, sólo por el placer de escucharla. Hasta el propio José Lezama Lima callaba para oírla. El Otro me echa de reojo una miradita incrédula, pero no se atreve a abrir la boca. Mi voz ha tomado ahora un timbre de autoridad irrefutable. Hasta yo me sorprendo.

(…)

¡Le vieras tú la cara a ella mientras escuchaba! Nadie ha sabido jamás escuchar de aquel modo. (13)

Porque sabía escuchar, quiso que le correspondieran. Por la voz sapiencial en su escritura, aún escuchamos a María Zambrano.

 

(1) Juana Sánchez-Gey Venegas en su texto María Zambrano: Sus relaciones personales y su aportación a Cuba plantea: Cuba y, concretamente, La Habana será el lugar donde María Zambrano reside durante más tiempo, y no sólo cuantitativamente, sino que es un tiempo muy significativo en su vida y en su obra. (2) Como hemos mencionado, los períodos de residencia en Cuba son los siguientes: a) una breve estancia en 1936; b) una también corta estancia en 1939; c) de 1940 a 1943, aunque pasa un período en Puerto Rico; d) una estancia más larga, interrumpida por un nuevo viaje a Italia, de 1949 a 1951 y de 1951 a 1953.

(3) La Universidad del Aire, que alternaría con su publicación Cuadernos de la Universidad del Airey más tarde llamadaCuadernos de la Universidad del Aire del Circuito CMQ, comenzaría a transmitirse a partir de 1932 desde la emisora CMBZ —más conocida por Mil Diez— y luego por la CMQ. Tuvo una interrupción en 1933 y se retomaría en 1949 hasta 1952.Recuerda Cira Romero en «Cuadernos de la Universidad del Aire»que tanto Mañach «como sus seguidores en esta empresa cultural no aspiraron a dictar conocimientos detallados o profundos, sino dar a los oyentes nociones introductorias y generales que les permitieran acercarse a los más variados saberes» (en La Jiribilla, Año XII. La Habana, Cuba, No 780, 18 de Junio al 24 de Junio del 2016). No conviene olvidar que el importante intelectual y escritor Juan José Remos y Rubio (1896-1969) impartió también conferencias a través de la radio nacional en un espacio que llevó por nombre Micrófono. Él también colaboraría con Jorge Mañach en su hazaña intelectual.

(4) Cuadernos de la Universidad del Aire del Circuito CMQ, No 36 (Octubre 1950- diciembre 1951), 1952, p.45.

(5) María Zambrano, por los claros del bosque. Selección, prólogo y epílogo: Virginia Trueba, Leonardo Sarría. Colección ARGOS. Editorial Arte y Literatura, La Habana, 2014, p. 22.

(6) «Como los hombres no nos conformamos con lo que nos encontramos siendo y queremos ser otra cosa, podemos decir que una cultura es un sistema de ideas y de creencias, que juntas dibujan la figura del hombre que se quiere ser, es decir, el hombre ideal a que se aspira», enCuadernos de la Universidad del Aire…, No 1 (diciembre de 1949), p.29.

(7) En Cuadernos de la Universidad del Aire…,No 7 (curso de verano de 1949), agosto de 1949, p.27.

(8) En Cuadernos de la Universidad del Aire…, No 30 (octubre de 1950-diciembre de 1951), junio 1951, p.92.

(9) En Cuadernos de la Universidad del Aire…,No 32 (octubre de 1950-diciembre de 1951), agosto 1951, p.24.

(10) Eduardo Moga: «María Zambrano, poeta», en Cuadernos Hispanoamericanos, No 783, septiembre 2015, p.84.

(11) En Cuadernos de la Universidad del Aire…, No 30,ob.cit, p.88.

(12) En Cuadernos de la Universidad del Aire, No 36, ob.cit., p.37.

(13) Ibídem,  p.42.

(14) «Acerca de una muchacha llamada María», en Catálogo María Zambrano 1904-1991, EXCMA. DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE MÁLAGA, España, 2000, p.27.