Morgan State University Chorus: Voces del sur salvaje

Morgan State University Chorus: Voces del sur salvaje

  • Morgan State University Chorus.
    Morgan State University Chorus.

En El atroz redentor Lázarus Morell, el gran escritor argentino Jorge Luis Borges relata: “A principios del siglo XIX las vastas plantaciones de algodón que habían en las orillas eran trabajadas por negros de sol a sol… Su enternecida voz de falsete canturreaba un inglés de lentas vocales. Trabajaban en filas, encorvados bajo el rebenque del capataz… A un sedimento de esperanzas bestiales y miedos africanos habían agregado palabras de la Escritura: su fe por consiguiente era la de Cristo. Cantaban hondos y en montón: Go down Moses. El Mississippi les servía de magnífica imagen del sórdido Jordán”

Dichas melodías, inspiradas en textos bíblicos y entonadas a capella a partir de la base del call and response —esto es el llamado del solista y la respuesta del coro—, representan el pie de apoyo esencial de las expresiones musicales populares, sacras y profanas. Los historiadores musicales consideran que sea quizá esta la primera forma musical, abierta y participativa, que promueve un contrapunto musical entre los solistas, el coro y la audiencia.

El llanto del meridión arropado entre voces que hablan en voluntad de las cuitas de una raza, de la que vio comercializar como a objetos a casi nueve millones de sus hijos en América del Norte, durante el lapso comprendido de 1619 a 1865. Sobre la armonizada polifonía del Morgan State University Chorus sobrevuelan los fantasmas incorpóreos en cuerpo, mas presentes en la evocación del negro norteamericano, del chasquido del látigo en las plantaciones algodoneras; las fugas por sabanas, estuarios, bosques, montañas; los niños arrancados a sus madres para ir a servir en la casa del amo; los matrimonios no consumados por capricho del dueño; el derecho de pernada y el rancho desabrido y pobre, casi nulo a efectos de enfrentar la dura jornada del día siguiente. Y luego, las batallas confederadas, las luchas por los derechos civiles y el mantenimiento del racismo como política de fe en ese sur salvaje por geografía y pensamiento, a una de cuyas ciudades un fenómeno tan alevoso como el Katrina afrentase en el corazón de la negritud.

Si bien, por supuesto, no toda la propuesta sonora del colectivo coral estadounidense se limita a esa parcela, sí encuentra el equipo en la inmensidad cultural, religiosa e histórica de los spirituals y el posterior gospel parte de la almendra de su entrega artística. En esa amalgama se amoldarían, cada uno con sus moldes expresivos diferentes pero con vasos comunicantes todos, el blues, el jazz, el ragtime, el soul; o sea, el discurso sincopado de manifestación del exorcismo de la tristeza y del sentimiento general de una raza tan preterida como gigante en sus actitudes musicales. Tanto así que prácticamente casi todo el panteón sonoro norteamericano le debe de alguna manera a dicha ascendencia. El Morgan State University Chorus, presentado recientemente en el teatro Tomás Terry, eleva a la categoría de arte aquellas primigenias muestras de resistencia y a la vez gritos de esperanza denominados calls (suerte de llamadas desconsoladas producidas en el trabajo, como única salida al sufrimiento) y las meeting calls (reuniones religiosas donde apelaban a las rítmicas-bases africanas en las interpretaciones) en una idea de hondas resonancias en el pasado cultural de los Estados Unidos, pues justo hace 145 años fue formado la primera de las agrupaciones de este perfil melódico (el de la Fisk School).

Las interpretaciones del coro norteamericano que se presentaron en el Terry con la participación especial del Coro Cantores de Cienfuegos, dirigido por Honey Moreira, el cual ha actuado con las agrupaciones estadounidenses de este tipo que acudieron a la plaza escénica hasta el momento), se distinguieron por recordar lo anterior. Pero sobre todo en virtud de su armonía y empaste, así como por la intensidad de la ejecución.

La coral universitaria bajo la dirección de Eric Conway, entre las más prestigiosas de su país (con actuaciones y grabaciones junto a instituciones musicales de primer nivel allí y con recitales en plazas como el Carnegie Hall u otras de excelencia a lo largo del planeta) resaltó en su intervención local, además, por la belleza de su música y el poder de sus voces.

Ellos han sabido aprovechar con pragmatismo e inteligencia el extraordinario reservorio sonoro de su país y abrirse al mundo igual en tal sentido, en consonancia con las particularidades musicales de las naciones donde viajan. Desgranan destreza y limpieza en la escena.

Absorben la atención entre ritmos que ora pueden remitir a un pasado doloroso, ora pueden destemplarse en estallidos contagiosos que exudan joie de vivre, entusiasmo, fe. Es la maravilla de la buena música.

Por último, entre espectadores y prensa, debemos agradecer el hecho de que tanto el Centro Nacional de Música de Conciertos y el Instituto Cubano de la Música (coauspiciantes de la gira promovida por Classical Movements, que continúa en Villa Clara, Matanzas y La Habana, como anunciamos en nuestro Sitio Web de la UNEAC) continúen teniendo en cuenta al teatro Tomás Terry para la presentación de corales estadounidenses en Cuba.