Nicolás: Gracias por tan maravillosa obra, de y para todos los tiempos

Nicolás: Gracias por tan maravillosa obra, de y para todos los tiempos

  • Las Pericas, es una pieza creada con tan sólo catorce años de edad, por el hoy prestigioso dramaturgo y escritor Nicolás Dorr. Foto tomada de Granma
    Las Pericas, es una pieza creada con tan sólo catorce años de edad, por el hoy prestigioso dramaturgo y escritor Nicolás Dorr. Foto tomada de Granma

¿Fascinación? ¿Flujo poético? ¿Ensoñación romántica? ¿Delirio? ¿Éxtasis? ¿Qué convoca en cada espectador la nueva versión-puesta en escena de la obra teatral Las Pericas, creada con tan sólo catorce años de edad, por el hoy prestigioso dramaturgo y escritor Nicolás Dorr, y estrenada en la habanera sala teatral Arlequín el 3 de abril de 1961? ¿Qué ha aportado y continúa aportando a la escena y al cada vez más exigente público cubano, no obstante el tiempo transcurrido?

"Las Pericas han recorrido mundo. Es probable que sea la obra teatral cubana más representada y antologada en varios países de Europa y América Latina desde su estreno mundial. Esas diabólicamente simpáticas ancianas que hablan más de la cuenta, han bailado hasta en puntas para el Ballet Nacional de Cuba, y han logrado incluso que un grupo teatral en Navarra, España, lleve su hombre y que el Instituto Ítalo-Americano de Roma las haya considerado una de las diez piezas más representativas del teatro de vanguardia latinoamericano", expresó su creador, mas, nunca antes, esta pieza había transitado al lenguaje extralinguístico, al mundo de la pantomima, en su más moderna e inolvidable versión, con un ritmo de expresividad y profesionalismo poco apreciado quizás (se atrevería a comentar quien escribe), en obras anteriores y actuales dentro del contexto de las tablas.

En esta versión Las Pericas trasladan al auditorio "toda su abarcadora existencia desde su juventud hasta su terrible final, rodeadas por los fantasmas de Gigantes y Cabezudos que las martirizan y, a la vez, las conducen por la angustia, la infelicidad, el dolor, la ironía, la ridiculez, la incertidumbre y hasta el amor", destaca Dorr.

Y es que ellas traen consigo como ninguna otra obra —y prescindiendo elocuentemente de la palabra, tan sólo con el movimiento del cuerpo, de las manos, con la expresión de los rostros de cada uno de sus personajes...—, a la condición humana, a esa que identifica y traduce el idioma del alma y del corazón, y a aquella que también incorpora aquel Pensamiento martiano referido a que: "La cobardía y la indiferencia no pueden ser nunca las leyes de la humanidad (...) ¿Cómo hemos de llegar al conocimiento de la humanidad futura y probable sin el conocimiento exacto de la humanidad presente y la pasada?(1)"

De esta forma, la trama de Las Pericas continúa reflejada en tiempo y espacio. Diría más, ¡para todos los tiempos!, como un alerta irreconciliable contra los inefables prejuicios, la perfidia, el presunto amor nutrido por la ambición, el engaño, la envidia, el interés material y la deshonestidad de algunos, frente a los valores insoslayables de otros, y como advertencia a la necesidad de una actitud y lenguaje sinceros entre los seres humanos. Todo ello lo continúa mostrando y demostrando esta pieza clásica del Teatro cubano, gracias al talento y osadía de su escritor, al lenguaje poético llevado a escena por la profesora Maritza Acosta —en esta ocasión, directora general y artística de la Compañía de Teatro del Cuerpo Fusión—, y a la selección de su música acompañante, un disfrute-regalo de excelencia brindada por Rigoberto Otaño, entre otros artistas.

A ti, Nicolás Dorr: ¡Gracias por tan maravillosa obra, de y para todos los tiempos!

 

Notas

(1) José Martí—Cuaderno No. 2 Tomo 21, p.75