Pontus Lidberg. Las mieses de la vida

Pontus Lidberg. Las mieses de la vida

  • Paysage, soudain, la nuit (2018) del coreógrafo sueco Pontus Lidberg. Foto tomada de Internet
    Paysage, soudain, la nuit (2018) del coreógrafo sueco Pontus Lidberg. Foto tomada de Internet

El estreno mundial de Paysage, soudain, la nuit (2018) del coreógrafo sueco Pontus Lidberg, creado especialmente para Acosta Danza, cuyo debut tuvo lugar a comienzos de abril en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, resulta un espectáculo fascinante en lo musical y lo danzario. Hay apropiación, diríase postmodernista de lo clásico proyectado en lo moderno en el refinamiento de las formas, en la manera sumamente cuidada de concebir el diseño de los movimientos de los bailarines, en pasar a reconsiderar formas inspiradas en modos de moverse extraídas de lo danzariopopular y del caminar del cubano, haciéndolos pasar por un meticuloso proceso de abstracción, de limpieza de formas para crear convenciones propias con la intención de producir un hecho creador novedoso.Esa asimilación de formas otrora muchas veces menospreciadas por la gran cultura, con las cuales Lidberg se entusiasma y remodela, estilizándolas según procedimientos de la danza contemporánea denota ese sesgo postmoderno al cual me refería.

Son paisajes rítmicos nuestros de los que se apropia, transformándolos profundamente bajo su mirada de viajero, observador de particularidades de imágenes de nuestro entorno a demanda de Acosta Danza. Atraer a Lidberg al seno creador de la compañía para montar una obra original para el repertorio creciente de esta ha sido muy beneficioso por parte de Carlos Acosta para los bailarines, el prestigio internacional de la joven compañía y el público cubano.

Lidberg, en su condición de artista experimentado en el baile, la coreografía y las filmaciones artísticasen distintos contextos culturales europeos y americanos, bien entrenado en las artes refinadas del espectáculo, se ha acercado a nosotros dotado con esa sedimentación cultural variada. Exigente del tratamiento formal y conceptual de la danza contemporáneay precedente, con una mirada abierta a percibirnos sin desprenderse de esa dotación cultural —¿por qué habría de hacerlo?— ha buscado penetrar en el trasfondo, intentando acercarse a capturaralgunas esencias nuestras.

De ahí que después de mucho escuchar, haya seleccionado la música del compositor Leo Brouwer (Paisaje cubano con rumba) que le inspiró a crear algo nuevo.  Le agregó la música especialmente solicitada por él al compositor sueco y amigo suyo, Stefan Levin (Cuban Lanscape), por no alcanzar la duración de la primera a la extensión de su proyecto danzario. Levin, por su parte es poseedor de una sonoridad más contemporánea, apropiada a los propósitos de su puesta y a las orientaciones del público internacional actual.

Para crear se nutrió de indagar endiálogo con los bailarines de la compañía que había seleccionado sobre sus maneras de mover el cuerpo. Trató de ir más allá de la rumba, la cual emergió espontánea en los movimientos de estos y manipuló sus gestualidades en aras de lograr expresiones nuevas, ajustadas a sus fines creativos de interpretación de lo cubano, algo siempre difícil de captar en su dimensión profunda, más aún por alguien procedente de tradiciones culturales muy diferentes a las nuestras.

Aprovechó la ventaja de la dotación técnica de los bailarines de la compañía,capacitados de antemano en un espectro musical danzario variado, donde lo clásico y lo contemporáneo conviven en sus formaciones precedentes.  Ha sido esta una obra de participación, de contribución de los bailarines, para desde ellos ir encontrando maneras diferentes de concebir lo danzario cubano, nutrido de una diversidad de formas y habilidades técnicas.

Lidberg es poseedor de una sólida formación en ballet clásico. Tiene la experiencia de haber bailado en diferentes países, asimilando las vivencias, sentimientos, gestualidades corporales y sonoridades musicales cadenciosas, llevadas a la danza en las convenciones muy variadasde diferentes contextos. Esa visión heterogénea encuentra en él una abierta espiritualidad no despreciadora delas formas danzarias de orígenes diferentes porque sabe observar y encontrar escondidos en forma indiferenciada los potencialesdedesarrollo de nuevas formas. Por eso encuentro en él ese espíritu inclusivista de lo posmoderno al permanecer abierto a las posibilidades de entrecruzamientos que por lo general han dejado huella en el decursar histórico de las poblaciones, enriqueciendo sus componentes, hibridándolos, dando lugar a la creación de variantes y nuevas formas culturales porque esos son los modos de actuar los mecanismos civilizatorios.

No es proclive a la aceptación tácita de lo observado, ni pretende detectar entidades esenciales de formas de ser y comportarse lo cubano. Lo lleva a cabo sin pretender encontrar esencias inamovibles de lo cultural identitario porque se da cuenta que lo cultural es un constructo antropológico, varía según las circunstancias históricas y los entrecruzamientos experimentados.

Su manera de observar es con juicio decidido a encontrar rasgos que aislados pudieran no ser significativos, pero que reunidos en un conjunto cohesionado de expresión pueden ser reveladores de facetas en estos tiemposde lo danzario nuestro, siempre bajo el prisma condicionante de su movilidad temporal y contextual. Esa hibridación analítica sustentada en la abstracción,le permite distinguir aspectos de un posible interés que en el contexto donde originalmente actúen pasen desapercibidos o minimizados en importancia. 

Como no se trata de reproducir sino de escrutar los modos rítmicos de nuestros movimientos corporales, no deja de llamar la atención la poderosa fuerza actuante de su selectividad y reformulación, donde la estrategia minimalista parece estar muy presente en su proceder. Expresada en una contención restrictiva del movimiento del cuerpo de los bailarines, diferente a la formas ampulosas, enérgicas y de amplitud radial de los cubanos. Su manera de crearlas responde a gestos y pasos moderados, no espontáneos, como acostumbramos movernos a diario.

En eso me recuerda en algo la gracia de las ejecuciones danzarias barrocas por su lograda contención y ejecución estilizadaalgo artificiosacomo la de ese gran arte europeo. Se da en el creador sueco en esta obra por las ejecuciones tan cuidadas y contenidas de los pies en cuyos desplazamientos afloran esos movimientos tan delimitados que recuerdan las precisiones inalterables de las formulaciones danzarias barrocas, como si curiosamente ese antecedente formativo de Lidberg tan ajeno a nosotros, jugara con cierta ironía estilística en su reinterpretación de los movimientos danzarios cubanos. Lo cual no le exime de haberlos hecho expresivos y de gran belleza en las formulaciones por él creadas.

De modo que no hay la adopción de un naturalismo descriptivo en su interpretación. Algo que hubiesen acentuadoartistas procedentes de otros contextos culturales y formativos más cercanos en la danza, en una aceptación tácita de que lo identitario tiene rasgos necesitados de ser reasumidos de una manera más reconocible y preservados como sellos distintivos. Él no es así, no responde a esas corrientes de la aceptación de lo dado. Prefiere hacer toda una aventura de esa incursión por nuestros medios. Trata de dar la visión del paisaje desde un matiz muy suyo, muy personal y desinhibido de compromisos reproductores de identidades formales. En él la idea de cómo componer una naturalidad nueva desde el artificio ejecutante parece estar entre sus miras principales en Paysage, soudain, la nuit.

Así como Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla se adentraron en el mundo sonoro de los ritmos afrocubanos para reinterpretarlos desde una posición culta, y Leo Bruwer hiciera otro tanto respecto a la rumba, su acercamiento a nuestros ritmos y sobre todo a nuestras maneras de movernos pasa por el tamiz interpretativo culturológico. El músico sueco AlvinLevin participaría de ese tipo de apropiaciones al hacer la música para esta puesta, en su caso como el del coreógrafo, formados en contextos culturales muy diferentes a nosotros en el norte de Europa.

La obra se diferencia en su tratamiento del día y de la noche. El sol es el mundo de lo externo, de lo social al aire libre. De súbito, la llegada sorpresiva de la noche (soudain, la nuit) sugiere el recogimiento, las horas del placer. La música adquiere otras cualidades, se hace más contemporánea y brillante. El sentido de las horas y del espectáculo cambia. Se hace eco de otra sustancia, de quizás escondidos ruidos del viento en las hermosas sonoridades de la música, rítmicamente más intensa, en abierta correlación con la creciente agitación de los corazones y de la vida que clama potencialmente por desbordarse en los personajes. Se trasmite la alegría de vivir intensamente.

Son las horas de la noche, la de las demandas sensoriales del cuerpo. La instalación que sirve de escenografía recuerda las mieses de los campos del norte europeo.  Es la llegada de la luna, de su poder seductor y evocador de sensualidades, con esa poética que desde siempre asiste a las evocaciones nocturnas. Asistimos a un estado inquieto, activadas las energías del cuerpo con la llegada de la oscuridad acogedora de la noche. Es la expresión simbólica del aflorar de las energías sexuales, del despertar erótico asociado especialmente a la temprana juventud, donde los campos reverdecidos son signos de fertilidad, de establecimiento de relaciones de parejas, de expansión vertiginosa de las energías desbordantes de la corporeidad en las noches estremecidas de placer, cuando espontáneamente los cuerpos de los amantes se pierden sin restricciones buscándose entre las mieses del campo, afirmándose en la activa reproducción de los ritos paganos de la fertilidad.

No pueden menos de retrotraerme esas imágenes danzarias de PontusLidberg a las lecturas de los mitos antiguos basados en los cultos primigenios de la fertilidad sobre los misteriosos comportamientos grupales de las antiguas sociedades agrícolas europeas. A esas reminiscencias creo se remontan sus visiones, construidas en parte de sueños simbólicos, alucinaciones y delirios, manejadas mediante una abstracción generalizadora cuyo sentido escapa a las determinaciones de las contingencias.

La juventud es vista por este creador como un estado de almas puras enlazadas al alma universal. Esa salvación no se da en el mundo de la senectud. Los jóvenes son aspirantes a volar hacia la total libertad. Solo la juventud puede tener esperanza. Es a ella a quien está destinado el mundo por venir según esboza el trazado por su imaginación.En correspondencia, la coreografía propuesta enfatiza lo grupal y no propiamente las individualidades de protagonistas.

El marco escenográfico creado por la artista de la plástica cubana Elizabeth Cerviño, presente en las escenas del día, adquiere en la noche una presencia singular porque dentro deesa vegetación que la conforma se moverán los bailarines, creando movimientos ondulatorios de esas miesesa la manera del viento en los campos de Europa, cuya agitación expresa el movimiento interno de las vibraciones de las fuerzas naturales humanas.

Un espíritu de refinamiento despojado de artificiosos oropeles lo caracteriza, tal vez no solo en esta obra presentada en La Habana. Se complace en una mirada elegante sumamente culta, que encuentra en los símiles con la naturaleza la mejor expresión de las ansias de la juventud. El afán de los universales signa esta obra del coreógrafo sueco, avizorando en el horizonte a través de la juventud la idea de una humanidad un tanto idealizada.Es la lozanía de las energías dispuestas a estremecerse de placer tras sentir la ruptura de la angustiosa inquietud por su liberación. Sus metáforas aquí se revisten de la identificación de la naturaleza humana a la Gran Naturaleza.Su paisaje realizado con la intención de captarnos desborda lo cubano, incluyéndolo. Es la visión de una humanidad extasiada en unajuventud capaz de crear un estado del mundo diferente.