Relatos íntimos en Artis 718

Relatos íntimos en Artis 718

  • La muestra está compuesta por un conjunto de trabajos que revelan, desde disímiles ópticas artísticas, inquietudes, angustias, deseos y otras emociones que el espectador percibe a través de desiguales significaciones. Fotos del autor
    La muestra está compuesta por un conjunto de trabajos que revelan, desde disímiles ópticas artísticas, inquietudes, angustias, deseos y otras emociones que el espectador percibe a través de desiguales significaciones. Fotos del autor
  • La muestra está compuesta por un conjunto de trabajos que revelan, desde disímiles ópticas artísticas, inquietudes, angustias, deseos y otras emociones que el espectador percibe a través de desiguales significaciones. Fotos del autor
    La muestra está compuesta por un conjunto de trabajos que revelan, desde disímiles ópticas artísticas, inquietudes, angustias, deseos y otras emociones que el espectador percibe a través de desiguales significaciones. Fotos del autor
  • La muestra está compuesta por un conjunto de trabajos que revelan, desde disímiles ópticas artísticas, inquietudes, angustias, deseos y otras emociones que el espectador percibe a través de desiguales significaciones. Fotos del autor
    La muestra está compuesta por un conjunto de trabajos que revelan, desde disímiles ópticas artísticas, inquietudes, angustias, deseos y otras emociones que el espectador percibe a través de desiguales significaciones. Fotos del autor

Dos reconocidos creadores del lente, Daylene Rodríguez Moreno (Cárdenas, Matanzas, 1976), y Charles Anselmo (Maryland,  Estados Unidos, 1952), dialogan, a través de la fotografía, en la exposición Relatos íntimos, actualmente abierta al público en la galería Artis 718 (Calle 7ma. Esquina a 18, Miramar, Playa), del Fondo Cubano de Bienes Culturales. Se trata de historias de vida, expresadas desde diferentes individualidades o a través de las huellas dejadas por estas.

La muestra está compuesta por un conjunto de trabajos que revelan, desde disímiles ópticas artísticas, inquietudes, angustias, deseos y otras emociones que el espectador percibe a través de desiguales significaciones, debido a las contrastantes representaciones iconográficas que caracterizan la creación de cada uno de estos artífices.

La obra de Daylene es eminentemente documental. Amén de sus incuestionables valores artísticos, examina sucesos vinculados al hombre de la contemporaneidad insular, en tanto sugiere las causas —y en algunos casos las consecuencias también— de sus contingencias existencialistas, al punto de convenir sus discursos desde una estampa visual que conmueve la espiritualidad del otro, el cual ve reflejadas situaciones inherentes a su propia realidad.

Desde que comenzó en los avatares de la creación fotográfica, en la que prontamente obtuvo lauros en disimiles concursos, esta artista autodidacta se ha interesado por explorar  el mundo que le rodea, sobre la base de la conducta de sus protagonistas: las gentes del barrio, de la calle, universos distintivos en los que igualmente aparecen animales domésticos, entre los que son inolvidables sus narraciones relacionadas con los perros. De tal modo, en las imágenes expuestas en Artis718, trata de concientizar sobre la necesidad de convivir, aceptar, comprender —y, en determinados casos, enfrentar—  las diferentes derivaciones humanas que prevalecen en este heterogéneo y convulso mundo.

Daylene defiende la tesis de que el comportamiento cotidiano, es decir, el del ciudadano común, posee un enorme peso ontológico que propicia su análisis como referente para el desarrollo personal y social. La vida de los demás, como la propia, sugieren nexos y realidades que son comunes a todos los congéneres, tal trasciende en los momentos captados por ellas, los cuales emanan desde los ámbitos familiares, laborales, amistosos y, fundamentalmente, entre las personas desconocidas que distingue en su andar citadino. Cosmos de individualidades y conjuntos sociales, desde los más humildes —la mayoría—,  hasta reverenciados  —suma de entes definitorios de la condición humana—,  de cuyas experiencias conformamos nuestro propio camino.

Así percibimos las estampas de esta joven fotógrafa, portadoras de un incuestionable humanismo, suerte de reflexiones filosóficas que por lo general van al encuentro de niños, jóvenes, adultos y ancianos,  con sus problemas y luchas, anhelos y esperanzas.

Pero en lo artístico y conceptual, las fotos de Daylene distan mucho de las de Charles. Las de este último eluden la presencia humana para centrarse en su estela, en el paso imaginario del hombre por el tiempo, interesado en los recursos que le proporciona el Photoshop, técnica que le posibilita conseguir ambientes que transitan desde una iluminación muy acentuada, expresionista, hasta abstracciones figurativas, que contrastan con las propuestas de su colega. El interés documental, realista e impactante de las fotos sede terreno a otro punto de vista creativo, donde las simuladas maniobras del entorno y de los objetos, conforman razonamientos que más bien eluden los sentimientos de identificación y compromiso individual.

El fotógrafo norteamericano no solo se vale —como cualquier otro que desempeñe este oficio— de la a veces necesaria edición de las instantáneas, tales como los ajustes en la modificación del brillo, las curvas de nivel, la saturación de colores…, sino que acude, además, a la cianotipia (técnica de coloreado) para resaltar los ambientes captados por él a través del lente, al punto de derivarlos —en determinadas zonas de la composición— en surrealistas.

Esa intención es válida. De hecho, la fotografía es también una expresión artística que puede conectarse con otras artes, sobre todo con la pintura. Pero sus obras crean contrastes muy marcados con las de Daylene, pues aunque ambos se interesen por temas similares, sus respectivos discursos no logran complementarse como un armónico conjunto que aborde la vida ordinaria como objeto de reflexión filosófica en nuestros días. En tal caso, preferiría los trabajos de la cubana.