TOC TOC terapia grupal versus psicosis colectiva

TOC TOC terapia grupal versus psicosis colectiva

  • El elenco actoral lo integran Juan Balmaseda (Alfredo, Dr. Vargas), José Alejandro (Vicente), Yamira Díaz (Blanca), Ana Pomares (Lily), Yanel Gómez/Ludmila Alonso (María), Rafael Alonso (Boby), y Jaime Jiménez (secretaria del doctor).  Foto tomada de Internet
    El elenco actoral lo integran Juan Balmaseda (Alfredo, Dr. Vargas), José Alejandro (Vicente), Yamira Díaz (Blanca), Ana Pomares (Lily), Yanel Gómez/Ludmila Alonso (María), Rafael Alonso (Boby), y Jaime Jiménez (secretaria del doctor). Foto tomada de Internet

TOC TOC, del dramaturgo y actor humorístico francés, Laurent Baffie, con dirección general y puesta en escena de Hugo Rafael Vargas, es el título de la obra que la agrupación A teatro limpio lleva a la sala El Sótano durante los fines de semana del corriente mes y la primera semana del mes de mayo próximo.

El elenco actoral lo integran Juan Balmaseda (Alfredo, Dr. Vargas), José Alejandro (Vicente), Yamira Díaz (Blanca), Ana Pomares (Lily), Yanel Gómez/Ludmila Alonso (María), Rafael Alonso (Boby), y Jaime Jiménez (secretaria del doctor).

Esos actores interpretan —con la excelencia artístico-profesional que los identifica en las tablas— a un psiquiatra que presenta el Síndrome de Guilles de la Tourette; afección neuropsíquica, caracterizada —en el proscenio— por crisis, en las que el paciente profiere palabras malsonantes, acompañadas de gestos obscenos, que no puede controlar, así como a un grupo de pacientes con trastornos obsesivo-compulsivos (TOC), que —en algunos casos— rayan con la psicosis (o locura, como popularmente se conoce ese estado psíquico, signado por la pérdida del contacto con la realidad).

TOC TOC es una divertidísima comedia, cuya trama se desarrolla en un consultorio médico, donde han sido citados por el galeno para recibir psicoterapia grupal…, pero el facultativo no aparece, porque está infiltrado entre los pacientes.

Los desaciertos en que incurren los personajes hacen reír a mandíbula batiente al público, no solo por sus disparatados comportamientos,  sino también por la versatilidad de los actores, quienes conocen los secretos acerca de cómo hacer buen humor, ya que dominan los elementos básicos indispensables que condicionan el desarrollo de un divertimento, que aunque concebido y escrito por un autor galo, Hugo Alberto supo adaptarlo a las circunstancias insulares que nos rodean.

En virtud de que el psiquiatra no acaba de aparecer, los pacientes deciden autoadministrarse la psicoterapia grupal; contexto en el que cada cual debe presentar ante el resto del colectivo cuáles son las dolencias psíquicas (o las obsesiones) que los aquejan. En ese maremágnum, prevalece la solidaridad humana entre ellos, mientras que la mayoría (menos el psiquiatra) logran controlar sus obsesiones, al menos en un momento determinado, porque han dejado de pensar en su problema, para ponerse en función de resolver las dificultades que enfrenta el otro.

Ese es el mensaje ético-humanista que les envían Laurent Baffie y Hugo Alberto Vargas a los espectadores que abarrotan —cada fin de semana— la legendaria sala El Sótano.