Unas palabras para La Habana narrada en el espejo

Unas palabras para La Habana narrada en el espejo

  • La Habana, próxima a su medio milenio. Foto tomada de Cuba TV
    La Habana, próxima a su medio milenio. Foto tomada de Cuba TV

Este libro comenzó, quizás, aquel día en que llegué a la Oficina de Emilio Roig de Leuchsenring en el Palacio de Lombillo, en la Paza de la Catedral, en 1961; buscaba  información sobre La Habana y, tras indicación  de Francisco de Oráa, llegué allí, toqué la puerta y me abrió una señora de rostro sonriente que, después, supe era su esposa, María Benitez.  Efectivamente, luego de simples y rápidos trámitres formales (nombre y dirección míos) y, tal como me habían dicho, salí cargado de libros, no sin antes y guiado de su fiel asistente, expresarle mi agradecimiento al Historiador que, en ese momento, trajinaba, acompañado de un enorme gato blanco, al fondo,  con papeles en la suave luz del local en el que destellaban los ojos de un hermoso gato atento a su amo. Al año de esta visita cuán no sería mi sorpresa cuando, en la Escuela de Instructores de Arte (Hotel Comodoro), en que estudiaba  becado me llegaba un paquete con Historia de La Habana (3 tomos) y Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos. Asi, me inicié en esta habanamanía.

Envié un cuestionario a 40 figuras de la cultura cubana (respondieron 32) y como materia complementaria, agregue al final un diccionario en correspondencia con sus alusiones (sitios, personas, etc.).

Y lo hice por razones obvias pero, bien lo merecen (también) 17 preguntas por una Habana nacida al calor de un puerto que nos  regaló esta Ciudad ecuménica y cosmopolita ¨desde los días en que el puerto Carenas sirvió de puerta a la conquista (…), abierta a ideas y mezclas diversas que vinieron a sustituir su cultura originaria¨, una ciudad de tan variada arquitectura que Carpentier la tenía como una ciudad del ¨estilo de las cosas que no tienen estilo”… La ciudad del primer ferrocarril en América Latina, la de la gran movilidad en Avenida de Los Presidentes (Callle G), Paseo del Prado, la de El Vedado (desde 1860) aristocratico (con las masas) de Mariano (Rodríguez) y los barrios Pan con Timba, Palo Cagao, con repas, los graffitis, mikis, frikis, cheos, bici-taxis y almendrones… porque “La Habana aún se deja usar noblemente por sus habitantes”… Rampa´rriba-rampa´bajo, desafiando la desidia, la carestía, la mala gestión, con su eterno muro del Malecón para enamorados, gays,  pícaros, jinetara y pingueros, la gente del ambiente… La Habana con el peo vanguardista del París de Haussmann, de la Barcelona de Cerdá…

Andemos pues, La Habana con Emilito (Roig) y María (Benítez), Eusebio  (Leal),  Alejandro de Humboldt, José Lezama Lima, Alejo Carpentier, Roberto Segre, Mario Coyula y Silvio Rodríguez y este libro.