Visiones de la humanidad, desde la perspectiva de Abel Massot

Visiones de la humanidad, desde la perspectiva de Abel Massot

  • Obra del artista Abel Ramírez Massot. Foto de la autora
    Obra del artista Abel Ramírez Massot. Foto de la autora

Abel Ramírez Massot (La Habana, 1979) apuesta por la pintura, un medio que hace grandes demandas a sus cultores debido a una amplia tradición que contiene más de mil años. A este desafío se enfrenta cada día en su estudio de la calle Empedrado en la Habana Vieja.

Desde los años de estudiante a Massot le interesó la figura humana, el desnudo y los modelos, pero su filiación al retrato vendría después. Se graduaría de la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro en la especialidad de pintura en 2005, dicha formación sería vital para profundizar sus conocimientos acerca de la anatomía humana. Posteriormente, desarrollaría múltiples trabajos y series hasta el 2011 cuando se produce una ruptura con la visualidad anterior que da paso a la figuración neo-expresionista que caracteriza hoy su obra toda.

Massot se adentra en el retrato desde una búsqueda más espiritual de la expresión, de lo que emana del ser humano, sus emociones. Sus piezas parten de una recolección previa de fotos, realizadas a familiares o personas en la calle. Por tanto, el apoyo fotográfico es la base para recrear cada una de las representaciones.

En las piezas de Massot son verificables las influencias de la nueva figuración del siglo XX, la obra de Francis Bacon, Willem de Kooning, a partir de la agresividad y espontaneidad de su trabajo. Existen otras deudas más evidentes tales como: el pintor y grabador austriaco Egon Schiele, sobre todo en los desnudos femeninos y Karel Appel.

Los formatos suelen ser medianos y grandes debido a su interés de poder desarrollar la pintura en amplias superficies y así hacer mayor énfasis en detalles como las manos. Asimismo, este formato permite que los contrastes entre los diferentes colores sean más acentuados.

 Otra arista de su trabajo son las esculturas que comenzó a desarrollar a partir del 2017 durante una muestra realizada en el hotel Habana Libre bajo el título La lógica de la humanidad, donde cada serie se acompañaba de una pieza escultórica.

Un análisis aparte merecen estas obras concebidas en cemento con polvo de piedra que es un poco la mezcla frecuente del hormigón. Las esculturas fungen como un complemento de lo pictórico en cuanto a la textura, la forma y el peso visual que tiene la pieza. Poseen también la tendencia de sus creaciones pictóricas hacia la deformación. Esta solución particular acentúa el dramatismo de las obras, las transforma en retratos signados por el dolor, la contradicción, el escepticismo o la duda.

Un discurso de raigambre humanista donde las figuras y sus pesares quedan al descubierto de un espectador que entabla con ellos un diálogo directo caracteriza la producción de Massot. En su trabajo es palpable su compromiso social para con su momento histórico. Aunque la reiteración de un fondo neutro no permita ubicar sus personajes en un contexto específico es la circunstancia privada quien provoca y genera un estado lacerante de aflicción y eso es suficiente. Al mismo tiempo, es esta ─el fondo neutro─ una argucia del artista para que sea la figura quien tenga total protagonismo.

 Se une así Massot a una tradición amplia de la historiografía artística cubana, donde lo figurativo se elige como puente para desencadenar miles de emociones. Su obra, se presenta como portadora de gran energía, como un feliz descubrimiento de la fusión entre la vivencia y la destreza técnica. Cada retrato no sólo compila caracterizaciones físicas, sino psicológicas que hacen a cada pieza única, hermosa dentro de la soledad que embarga a sus personajes en cada una de las escenas. Esta filosofía de crear desde una visión ─en cuanto a paleta de color y forma─ personal, pero que se nutre de la colectividad es indispensable para comprender  su propuesta en su totalidad. Es este posiblemente, uno de sus grandes aciertos.

Incertidumbre de la existencia y Memorias congeladas son series donde aborda la figura masculina, a partir de rostros contritos, depositarios de todo el pesar de la existencia. Por otra parte, en Voces de abandono las protagonistas son las féminas, tratadas desde una visión que elige no la belleza, sino todos sus opuestos en cuerpos desahuciados, presos de una extrema delgadez.

Uno de los elementos más expresivos de su trabajo son las manos, alargadas, huesudas, que representa en diferentes poses: sobre la ceja fruncida, sosteniendo el mentón o todo el rostro, acentuando el carácter introspectivo de este; manos que marcan un ritmo muy atendible al interior de cada obra y que aportan veracidad a la expresión.

A transitar por sus visiones de la humanidad en el horizonte actual nos convida Massot, desde un género antiguo, pero que continúa siendo portador de fuerza y enigma: el retrato. Es la suya una obra inquietante, cuestionadora, que bebe de lenguajes anteriores de la historia del arte, pero que ha encontrado un sendero: ese que lo conduce a ser cronista de su tiempo, mediante las posibilidades de expresión plástica que permite el género elegido. Un género tan nuevo y colmado de vigor como quienes aceptan el reto. En esta oportunidad, desde la perspectiva de Abel Massot.